De FOMO al catastrofismo: la narrativa pesimista gana terreno entre los pequeños inversores
La Bolsa ha pasado de años de euforia desatada al calor de las tecnológicas y la IA a sobrereaccionar ante cualquier indicio de obsolescencia


En menos de dos años hemos pasado de ver que un simple meme de un hombre incorporándose frente a una consola de videojuegos (que logró más de 30,6 millones de visualizaciones), servía para jalear a los pequeños inversores a invertir en compañías ignoradas por los grandes inversores como GameStop, a comprobar el impacto en el S&P 500, el índice bursátil más seguido en todo el mundo, de un artículo titulado ‘La crisis de la inteligencia global de 2028’. La viralidad del ensayo de Citrini Research sobre cómo la IA podría provocar el despido de trabajadores de alto poder adquisitivo y hundir la economía derivó en una caída del 1% del selectivo el pasado lunes. Se esfumaron casi 638.000 millones de dólares. “Pocas veces se ha visto tanta viralidad con un informe y es un reflejo del sentimiento actual de los inversores. Hay un ambiente catastrofista”, reconoce Hugo Ferrer, gestor de la sociedad de valores GPM.
Los más agoreros con el papel que va a desempeñar la inteligencia artificial en la economía van descubriendo día a día nuevos manuales de cabecera que apuntalan con más, o casi siempre menos, datos empíricos (o relatos de ciencia ficción) que los avances tecnológicos ligados al uso de la IA pueden derivar en despidos masivos, elevadas tasas de empleo y empresas quebradas que dañen la economía estadounidense y arrastren al resto de países. Una literatura que emana con más fuerza de perfiles de redes sociales como X o newsletters como Substack y que está sirviendo de caldo de cultivo para un cambio en la narrativa de los inversores, especialmente de los más pequeños. Tras unos años de ciclo alcista marcado por las grandes tecnológicas, convertidas en catalizadores de una sucesión de máximos bursátiles, el miedo a perderse esas subidas (FOMO por sus siglas en inglés) ha dado paso a una corriente catastrofista en la que los inversores temen invertir en aquellas empresas o sectores que se puedan quedar obsoletas con las disrupciones de la IA (fear of becoming obsolescence en inglés, FOBO). La contracultura está emergiendo a golpe de correcciones bursátiles, por ahora puntuales.
El trabajo de Citrini arranca asegurando que es un escenario “no una predicción. No se trata de pornografía bajista ni de fanfiction sobre IA catastrófica. El único propósito de este artículo es modelar un escenario relativamente poco explorado”. A partir de ahí vislumbra una escalada de la tasa de paro de EE UU hasta el 10% en 2028 y una caída acumulada del S&P 500 del 36% desde unos máximos alcanzados en un hipotético octubre de 2026.
Su repercusión ha sido tal que ha trasvasado las redes sociales y ha llevado a Citadel, una de las gestoras de hedge funds más grandes del mundo, a refutar sus argumentos. En un artículo, titulado ‘La crisis global de inteligencia de 2026′ y escrito por Frank Fligh, su economista macro global, defiende que “para que la IA produzca un shock de demanda negativo sostenido, la economía debe experimentar una aceleración material en su adopción, una sustitución laboral casi total”. Además, recuerda que “durante el último siglo, las sucesivas oleadas de cambio tecnológico no han producido un crecimiento exponencial descontrolado ni han vuelto obsoleta la mano de obra”.
También ha entrado la agencia de calificación de riesgos Moody’s, que sin citar el blog de Citrini, ha realizado un análisis sobre las consecuencias macroeconómicas de la IA y de la frontal división entre los tecnológos, que creen que la IA disparará la productividad provocando la escalada del desempleo, y los economistas. Los segundos, apunta, “tienden a ser más prudentes, y esperan que la IA impulse la productividad, pero que se expanda lo suficientemente lenta en la economía como para que el mercado laboral se ajuste de manera más gradual”.
El debate entre tecnológos y economistas ha calado en un mercado que percibe señales de agotamiento en un ciclo alcista que dura ya años y que tiene a las caídas de las tecnológicas como mayores exponentes. Salesforce se hunde casi un 45% desde máximos del año pasado, Broadcom un 22% y Nvidia, casi un 11%. Jesús Sáez, responsable de mercados de capitales para Iberia de Natixis, lo resume así: “Poco se piensa cuando la masa compra, porque compra en masa, igual que cuando vende, y es que, las decisiones conjuntas y supuestamente convencidas, son difíciles de no seguir”.
Alap Shah, uno de los responsables del informe de Citrini, ha advertido en declaraciones a Bloomberg que “estamos entrando en un momento realmente muy volátil en los mercados”. Una situación que los expertos de Moody’s justifican por la especulación de los inversores ligada a los hiperescaladores —las grandes empresas tecnológicas que más están apostando por la IA—, pero también al crecimiento de los fondos de inversión indexados que replican el comportamiento del S&P 500: “Un número creciente de inversores está comprando estas acciones, motivado por la simple lógica de que, dado que sus precios han subido significativamente, seguirán subiendo aún más. Este impulso continuará y, si no lo hace, confían en ser lo suficientemente astutos como para detectarlo a tiempo y encontrar otros inversores desprevenidos a quienes vender sus acciones antes de que el mercado se desplome”, argumenta.
Un momento que Ferrer aún no vislumbra pero que considera que podría llegar si las siete magníficas [Nvidia, Alphabet, Amazon, Microsoft, Meta, Apple y Tesla] pierdan su senda lateral en Bolsa y enfilan las caídas o si comienza a verse que los retrocesos llegan a sectores cíclicos. “Un día se duda sobre las empresas de sofware, al siguiente sobre el impacto que puede tener la IA en aseguradoras, en los bancos, en la logística.... la pregunta del millón es si esto puede afectar al conjunto del ciclo”. En su opinión, el elevado peso de las siete magníficas en la economía estadounidense podría llegar a provocar “un efecto de riqueza negativo” si caen en Bolsa de forma contundente, dada la exposición de los pequeños inversores estadounidenses a la renta variable. Un peso que JP Morgan calcula que supuso entre el 20% y el 25% de toda la operativa bursátil realizada el año pasado en Estados Unidos.
Con la IA convertida en el pilar fundamental de la economía estadounidense, ya hay economistas que advierten que su debilitamiento pondría en riesgo de la principal economía del mundo. Ramon Verastegui, fundador y CIO de Kairos Investment Advisors, en Nueva York, destaca que “la economía estadounidense continúa creciendo, respaldada por un estímulo fiscal significativo, mientras los mercados descuentan la posibilidad de recortes de tipos por parte de la Reserva Federal en función de la evolución de la inflación. Este escenario podría variar si la escalada del conflicto en Irán eleva el precio del petróleo y presiona nuevamente la inflación”.
Jonathan Pingle, director general y economista jefe para Estados Unidos de UBS, reconoce por su parte que a nivel empresarial todo lo que no está ligado a la IA “está creciendo solo lentamente, estancándose o contrayéndose directamente, mientras que la IA también está impulsando la riqueza que respalda el gasto de los hogares de mayores ingresos y con mayor patrimonio”. Una situación que lleva al banco suizo a considerar que la probabilidad de que EE UU entre en recesión es ahora del 50%.
En 1969 en pleno auge de la contracultura el profesor de psicología de la Universidad de Harvard B. F. Skinner escribió que “la verdadera cuestión no es si las máquinas piensan, sino si los hombres lo hacen”. Con un mercado en máximos y nubes que amenazan tormenta, la cautela y la diversificación deberían ser los principales mantras de los inversores.