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Un oasis de alto crecimiento y de baja inflación, qué tener en cuenta ante el canto de sirena de invertir en China

Pese a las buenas perspectivas, el mercado chino lo está haciendo sensiblemente peor que otros referentes asiáticos. Allianz Global Investors analiza las posibles oportunidades y riesgos que hay latentes en el país

Fernando Belinchón
Imagen de una calle de Shanghai en la que se aprecia en una pantalla la evolución de los índices chinos.
Imagen de una calle de Shanghai en la que se aprecia en una pantalla la evolución de los índices chinos.Zhe Ji (Getty Images)

En contraste con un revuelto mar agitado por la crisis bancaria en Estados Unidos, una tormenta en forma de inflación que se resiste a disiparse y un incierto horizonte de crecimiento económico a ambos lados del Atlántico, resuena desde oriente una dulce melodía. El canto procede de China. Una vez abandonada la política de covid-0, la segunda economía del mundo se postula este 2023 como todo un oasis de mejora del PIB y de precios controlados. Aunque estos dos elementos son música para los oídos de los inversores, al igual que en el mito de las sirenas, la travesía no está exenta de peligros.

En su última batería de previsiones para este año, correspondiente al mes de abril, el Fondo Monetario Internacional pronosticaba que el conjunto de la economía mundial crecerá un 2,8% este 2023. Los países desarrollados lo harían menos, un 1,3% de media, mientras que los emergentes asiáticos, con China a la cabeza, ejercerían de motor mundial con un aumento del PIB del 5,4%. La media global de la inflación en 2023 se estima que será del 7%; China tendrá un 2% si se cumple el pronóstico. “En contraste con las malas previsiones para los mercados desarrollados, la economía china está repuntando rápidamente tras las largas paradas provocadas por la pandemia, como confirma la fortaleza del PIB del primer trimestre. A diferencia de los mercados desarrollados, la política monetaria china es expansionista y es probable que se mantenga así: los tipos de interés son bajos y puede haber margen para bajarlos”, escriben Paul Diggle, economista jefe de Aberdn, y Catriona Macnair, directora de inversiones de la misma firma.

Desde el punto de vista del rendimiento hasta la fecha, al igual que sucede en Occidente, donde el avance de las Bolsas estadounidenses es prácticamente debido en exclusiva a las grandes tecnológicas, aquellos índices de Asia más vinculados a la tecnología son los que mejor están haciéndolo en lo que va de 2023. Así, el Kosdaq coreano sube un 22%, el Nikkei japonés el 15% y la Bolsa de Taiwán un 12%. Frente a estos sólidos desempeños y pese a las soleadas perspectivas para la economía del país, los índices chinos están muy atrás. El CSI 300, que aglutina especialmente a firmas tecnológicas de China, pierde un 0,45%. El Hang Seng, principal puerta de entrada para los inversores internacionales, cede un 1,12%.

En un evento celebrado este miércoles en Madrid por Allianz Global Investors, Sarah Lien, especialista de producto de Allianz Global Investors en Singapur, ha profundizado sobre los riesgos y oportunidades que presenta la inversión en la región. La experta explica que lo que está ocurriendo en China es que mientras partes concretas de la economía como la restauración, los viajes domésticos o el lujo ya han recuperado su vigor prepandémico, otras están todavía lejos de alcanzar los niveles previos. Es el caso del consumo fuera del segmento lujo, una de las grandes apuestas de futuro que contempla Lien ante el margen que tiene para avanzar.

“Todo el mundo estaba entusiasmado con las perspectivas de la reapertura de la economía china, todos tenían la esperanza de contemplar la misma hoja de ruta que se ha visto en otras partes del mundo cuando se terminaron las restricciones covid. En China no ha ocurrido lo mismo exactamente. Gasto sanitario, producción industrial... tampoco han conseguido funcionar como se esperaba”, comenta Lien.

Fruto de esto, las valoraciones, según la experta, se encuentran en niveles atractivos con un PER medio de 14 veces. Los distintos elementos que configuran la idiosincrasia propia del mercado chino también son factores que influyen en el desempeño de las cotizadas. Dentro de las Bolsas Chinas, hay principalmente dos tipos de acciones, las tipo A y las tipo B. Las acciones de tipo B fluctúan en dólares, están abiertas a la inversión extranjera y cotizan principalmente en Hong Kong. Por otro lado, las acciones A, según refiere Franklin Templeton, son aquellas de compañías chinas locales denominadas en renminbis, y negociadas principalmente entre inversores locales en las Bolsas de valores de Shanghai o Shenzhen. Allianz GI explica que el 90% del mercado de acciones tipo A está en manos de inversores domésticos chinos, lo que genera oportunidades.

Mercado altamente cortoplacista

Según la gestora, los inversores chinos tienden a tener en cuenta el corto plazo y el ambiente macroeconómicos más que los propios fundamentales de las empresas. Esto provoca fuertes vaivenes de rentabilidad en los distintos sectores. Inversores internacionales como Allianz GI con acceso a este mercado tienden a posicionarse en aquellas compañías con buenos fundamentales y esperar a que, tarde o temprano, la estrategia tenga premio. En el caso del fondo Allianz GI China A Shares, además, tienen la estrategia de tratar de mantener una cartera lo más diversa posible desde el punto de vista de los sectores económicos.

Al igual que otras facetas en China, la Bolsa está profundamente influenciada por el Gobierno. Lien detalla que el 47% de las cotizadas del país son propiedad del Estado de alguna u otra manera, pero también en esto hay peculiaridades. Aunque por lo general se tiende a preferir la inversión en empresas privadas porque las públicas no tienen como misión principal el generar beneficios, el caso de China es distinto y sí que algunas de ellas dejan buenas oportunidades para el inversor privado. Lien pone el ejemplo de las constructoras.

El impago de Evergrande y la burbuja inmobiliaria golpearon con crudeza al que antaño fue el motor de la economía china. La experta cuenta que, si en otras partes del mundo los problemas inmobiliarios tuvieron que ver con un exceso de endeudamiento por parte de personas que posteriormente no podían afrontar los pagos, en China el problema vino en que se dispararon los precios y en que casi la totalidad de las compras se hacen sobre plano. Los compradores tenían dinero para pagar las viviendas, por lo que el problema no tuvo origen en el lado de la deuda.

La crisis radicó en que aunque los compradores pagaron por las viviendas, no las recibieron, ya que se produjo un efecto dominó que se llevó por delante a diferentes constructores. La intervención del Gobierno chino, que se comprometió a entregar hasta la última vivienda, junto con la desconfianza hacia los promotores privados, ha hecho que los compradores potenciales solo confíen en promotoras que tienen capital público detrás. Con el mayor interés, estas empresas arrojan mayores beneficios. Este sería un ejemplo de empresas principalmente públicas que son rentables. No obstante, Lien es reticente respecto a invertir en el sector inmobiliario chino. “No va a volver a ser el motor económico que un día fue”, considera la experta.

Sectores prometedores

En su lugar, hay sectores más allá del ladrillo que sí merecen mucha más atención a ojos de la experta. La banca no es el caso, pues sigue muy expuesta a las tribulaciones inmobiliarias, pero la apuesta de China por cada vez ser más una autarquía puede dejar un elenco de potenciales movimientos. Así, posicionarse en tecnología “que se ha convertido en un elemento más de la seguridad nacional” y que es fuente de obsesión del Gobierno, es inteligente, según Lien. También es atractivo invertir en el sector de la salud, no solo por el carácter innovador que tienen algunas de las empresas del país, sino también porque ha quedado patente la necesidad de incrementar la inversión en ello y por la corriente demográfica de envejecimiento que aguarda al país.

Con todo, apostar por la inversión en China, pese a las buenas perspectivas que tienen algunos sectores, seguirá siendo una tarea de alto riesgo, como lo era el escuchar un canto de sirena. El Gobierno tiene literalmente la capacidad de hundir actividades enteras. Lien pone como ejemplo lo ocurrido con la educación complementaria. Floreciente durante años al albur de la demanda de las familias que podían permitirse aumentar la educación de sus hijos, la decisión del Gobierno de que la igualdad entre la ciudadanía debe primar sobre la disponibilidad de oportunidades educativas diferenciadas, hundió al sector.

“No puedo venir aquí y decir que invertir en China es absolutamente genial y que todo es maravilloso. Hay un montón de problemas y nosotros los conocemos. También creemos que hay un montón de oportunidades que estarán ahí para aquellos que entiendan sobre cómo moverse en este mercado. Baja inflación, alto crecimiento, margen para bajar tipos de interés, apoyo gubernamental a sectores clave, reapertura tras el covid, el tamaño colosal de su economía... Hay muchas razones para pensar que este es un buen momento para mirar hacia China si se busca reconfigurar la asignación de activos”, concluye Lien.

Con esta visión coinciden los expertos de Abrdn. “El primer ministro, Xi Jinping, apunta a un crecimiento del PIB del 5%, y los servicios son el motor de esta expansión. Los datos de las ventas al por menor y de la encuesta empresarial de servicios han sido sólidos, confirmando el repunte impulsado por el consumo. La encuesta no manufacturera puede haberse situado ligeramente por debajo del consenso (56,4 frente a los 57 esperados), pero sigue siendo un nivel muy alto, lo que indica que los servicios proporcionarán una buena base para el crecimiento del PIB en el segundo trimestre. Los inversores deberían poder encontrar oportunidades sólidas que aún estén bien valoradas”, opinan.

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Sobre la firma

Fernando Belinchón
Madrid. 1994. Máster en periodismo económico por la Universidad Rey Juan Carlos. Redactor de la Mesa Web de CincoDías. En el periódico desde 2016.

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