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El subidón alcista llegará a las Bolsas si Estados Unidos pierde empleo

La Reserva Federal vería positivo para la inflación estadounidense que el mercado laboral se enfriara y la tasa de paro repuntara

Despidos ilustración
Agencia Getty (Getty Images)

En derecho penal hay una célebre locución latina, non bis in idem, que significa que nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo delito. En Bolsa, en tanto en cuanto que el mercado es un mecanismo de descuento de expectativas, ocurre algo similar. Si el mercado cae descontando una futura recesión, cuando por fin llega dicha recesión el mercado no vuelve a caer porque ya lo ha descontado previamente. Non bis in idem. Carece de sentido caer dos veces por exactamente las mismas razones.

Sin embargo, la gente suele olvidar este axioma de que los mercados no descuentan el presente, sino las condiciones futuras, y, por tanto, no se mueve por lo ya conocido y vivido, sino por lo que está por ocurrir. O, más precisamente, por lo que se estima que está por ocurrir.

En 2022, el S&P 500 estadounidense llegó a retroceder hasta un 27,54%, siendo el sexto peor año bursátil de este índice en toda su historia. Y ¿por qué corrigió tanto en 2022? Porque por diferentes motivos la inflación se mostró menos transitoria de lo que muchos creían y, por ello, la Reserva Federal y otros bancos centrales alrededor del mundo iniciaron una de las subidas de tipos más agresivas que se recuerdan en las últimas décadas. El mercado estimó que eso provocaría una recesión, ya que –no desvelo ninguna sorpresa– todas las subidas de tipos agresivas han acabado, antes o después, en un proceso recesivo de la economía. Ese sexto peor año de la Bolsa americana en 2022 no fue por casualidad.

En este 2023, que ha comenzado positivo para las Bolsas, muchos siguen bajistas, incluyendo a los gestores globales, según la encuesta que lleva a cabo Bank of America, la cual muestra que casi dos tercios de estos gestores aún consideran que estamos en un mercado bajista. No es un dato baladí, estamos hablando de personas que toman decisiones de inversión y que cuentan con un billón –europeo– bajo mandato de gestión. Estos gestores, así como la enorme mayoría de inversores particulares que siguen siendo pesimistas con respecto al mercado, arguyen que las Bolsas no pueden subir porque la situación macro sigue siendo complicada; porque la situación geopolítica es demasiado inestable, incluyendo la infame invasión rusa de Ucrania; porque los beneficios corporativos se van a deteriorar, y, sobre todas las cosas, porque la economía estadounidense –la locomotora del mundo– está al borde de la recesión. Y yo digo, estoy de acuerdo con todo eso y por eso mismo soy alcista.

Los mercados no descuentan el presente, sino las condiciones futuras

Como decía el viejo Kostolany, en Bolsa lo que todo el mundo sabe carece de valor. Que los beneficios corporativos empiecen a declinar es justo lo que el mercado ya descontó en 2022, recuerden, el sexto peor año bursátil de toda la historia. Igualmente, que la economía entre en recesión es justo lo que el mercado descontó en 2022. De nuevo, no fue casualidad que las acciones lo hicieran tan mal.

Así que cuando por fin llegue esa recesión, mi perspectiva es que el mercado bursátil se dispare al alza. Lo explico de otra manera. La economía estadounidense ya tiene elementos casi suficientes para considerar que está en una situación de recesión. Las ventas minoristas, una vez descontada la inflación, no mejoran desde hace dos años, algo típico de una contracción en la economía. Las licencias de construcción de viviendas de nueva planta caen más de un 20% interanual, algo que ha precedido a todas las recesiones en aquel país con excepción de la del año 2001. E incluso el número de empresas en quiebra ha repuntado hasta niveles no vistos desde diciembre de 2018 y antes de eso desde nada menos que desde la Gran Recesión. Y, a modo de resumen de la situación actual, el indicador adelantado agregado sobre la economía de Estados Unidos, que calcula desde hace décadas The Conference Board, está recortando más de un 5% interanual, algo que siempre ocurre antes o al comienzo de las recesiones. Y, sin embargo, a pesar de todo ello, aún falta el gran elemento para que un enfriamiento económico pueda etiquetarse de recesión como tal: que se destruya empleo –el dato de febrero se dará a conocer el próximo 10 de marzo–.

Sea por las razones que fueren, eso es algo que aún no ha ocurrido y en este ciclo inflacionario es un elemento de máxima importancia. A ojos de la Reserva Federal, el mercado laboral estadounidense tiene tanta fortaleza, que es una de las razones por las que la inflación, especialmente en el sector servicios, aún no está bajo control. La Fed explícitamente quiere que el número de vacantes laborales sin cubrir descienda, en lo que para esta institución sería un signo positivo de normalización del caliente mercado laboral estadounidense y, por tanto, un signo de menores presiones inflacionarias. Es más, incluso en sus propias proyecciones la Fed estima que la tasa de desempleo repuntará hasta el 4,6% a finales de este 2023, desde el 3,4% actual, gracias a su restrictiva política monetaria.

Entonces, en esta recesión, que es objetivamente la más pronosticada de la historia, solo falta que se pierda empleo dos o tres meses para que todo lo descontado en 2022 se haya materializado al completo. Y, ahí, en una situación de fait accompli de manual, cuando todos pierdan su cabeza porque la economía estadounidense esté perdiendo empleo, las Bolsas subirán. Primero, porque ya lo descontaron previamente, y segundo, porque la destrucción de empleo hará bajar rápidamente los tipos de interés y con esos menores tipos de interés volverán mejores expectativas económicas; mejores expectativas económicas que, por supuesto, la Bolsa reflejará.

Hugo Ferrer es gestor en GPM SV y director del Club Bursátil Confidencial

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