Ir al contenido
_
_
_
_
En colaboración conLa Ley
INTANGIBLES
Tribuna

Marcas, patentes y conocimiento, ¿un reclamo para atraer financiación?

Hay derechos de propiedad industrial e intelectual que pueden utilizarse directamente como garantía o desempeñar un papel relevante en la valoración de la empresa

Luces, color y cine, en Times Square.Batchelder / Alamy Stock Photo (Alamy Stock Photo)

Durante décadas, cuando una empresa necesitaba financiación, lo habitual era hablar con el banco de activos muy concretos como inmuebles, maquinaria, existencias, vehículos… Bienes fáciles de identificar, valorar y utilizar como garantía.

Hoy esa fotografía se ha ampliado, ya que buena parte del valor de las compañías actuales ya no se encuentra en sus activos físicos. Ese valor está en la marca, en una patente, en un software desarrollado internamente, en un diseño o en conocimientos técnicos acumulados durante años. Son activos que no se pueden tocar, pero que pueden tener un peso económico considerable.

De ahí surge una cuestión bastante sencilla. Si esos activos gozan de valor, ¿por qué no pueden contribuir también a obtener financiación?

Lo cierto es que pueden hacerlo. Algunos derechos de propiedad industrial e intelectual pueden utilizarse directamente como garantía, mientras que otros activos intangibles pueden desempeñar un papel relevante en la valoración de la empresa o en la captación de inversión. Y, de hecho, no estamos hablando de una posibilidad nueva. España cuenta desde 1954 con un marco jurídico que permite emplear determinados derechos de propiedad industrial e intelectual registrados como garantía.

Lo llamativo es que, pese a existir esta posibilidad desde hace décadas, su utilización continúa siendo residual. Existe, por tanto, una distancia considerable entre el valor que muchas empresas acumulan en sus activos intangibles y el uso que hacen de ellos como herramienta financiera.

El reciente informe de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) sobre la financiación respaldada por activos de propiedad intelectual en España revela que, entre 2019 y 2024, estas operaciones movilizaron aproximadamente 550 millones de euros en nuestro país. Precisamente por ello, los datos apuntan a un mercado que ya existe, pero cuyo potencial todavía está lejos de haberse desarrollado plenamente.

Según este informe, las marcas son, con diferencia, los activos más utilizados. Entre 2019 y 2023 se registraron 410 operaciones respaldadas por ellas, por un importe cercano a los 495 millones de euros. Las patentes y los modelos de utilidad sumaron 30,1 millones, mientras que nueve operaciones garantizadas con programas informáticos alcanzaron los 23,7 millones.

Estas cifras confirman que no estamos ante una posibilidad meramente teórica. Este tipo de operaciones ya se realiza en España, aunque su utilización sigue concentrada en determinadas categorías de activos y existe todavía un amplio margen para desarrollar el mercado.

¿Qué puede aportar un intangible a una operación financiera? Pensemos en una empresa joven que ha desarrollado una tecnología prometedora, pero que apenas dispone de instalaciones o activos físicos. Tal vez su principal patrimonio sea precisamente la patente que protege su innovación. O fijémonos, por ejemplo, en una compañía consolidada cuya marca, gracias a su reputación y a la fidelidad de sus clientes, vale mucho más que sus oficinas o almacenes. Ignorar esos activos al analizar su capacidad financiera supone observar solo una parte del negocio.

Volviendo al informe de la OMPI, recoge varios casos que ilustran esta realidad. Una empresa española de calzado, afectada por el cierre de los comercios durante la pandemia, hipotecó sus marcas para conseguir la liquidez que necesitaba con el fin de pagar a sus proveedores y mantener el suministro. Tras recuperar las ventas, devolvió la financiación y canceló el gravamen.

En otro caso, una compañía dedicada a la energía solar valoró la patente de sus módulos fotovoltaicos para explicar mejor su potencial a los inversores y disponer de una referencia objetiva durante la negociación. Esa valoración facilitó la entrada de los recursos necesarios para comercializar el producto.

Son operaciones diferentes, pero ambas parten de una misma realidad. Activos que ya existían dentro de la compañía pudieron convertirse en una herramienta para facilitar el acceso a recursos financieros.

No hablamos únicamente de hipotecar una patente o una marca. Una valoración rigurosa también puede facilitar la captación de inversores, servir de referencia en operaciones corporativas, favorecer la concesión de licencias o contribuir a la creación de una empresa conjunta. En una operación analizada por la OMPI, la evaluación de la patente aportada por una empresa emergente permitió identificar, además, un secreto empresarial que no había sido tenido en cuenta inicialmente. Al incorporar ese conocimiento al inventario de activos, aumentó el valor de su aportación y, con él, su participación en la nueva sociedad.

Aquí reside una de las cuestiones fundamentales. Antes de plantearse cómo utilizar sus intangibles, la empresa debe saber cuáles posee realmente, cómo están protegidos y qué valor económico pueden generar. No basta con tener una marca registrada o una patente concedida. Es necesario examinar su protección jurídica, su vida útil, los mercados en los que puede explotarse, los ingresos que produce o podría producir, su posición frente a posibles competidores y los riesgos asociados.

La valoración permite traducir ese conjunto de elementos a términos económicos comprensibles para bancos, fondos e inversores. También permite ordenar la cartera de propiedad industrial e intelectual y detectar activos olvidados, infrautilizados o insuficientemente protegidos. En muchas organizaciones, este ejercicio descubre que una parte importante de su valor nunca había sido identificada de manera sistemática.

Y ahí puede encontrarse una oportunidad importante. Una compañía puede haber invertido durante años en desarrollar tecnología, construir una marca, crear software o acumular conocimiento especializado sin haber analizado nunca esos activos desde una perspectiva económica y financiera. Identificarlos y ponerlos en valor puede revelar recursos que ya estaban dentro de la empresa, pero que permanecían infrautilizados.

Las entidades financieras mantienen ciertas reservas ante la dificultad de estimar cómo evolucionará el valor de una patente o cuánto podría recuperarse mediante su venta en caso de impago. A ello se añaden los costes notariales, registrales, fiscales y de valoración, así como un procedimiento concebido en buena medida con la lógica de las garantías inmobiliarias. De hecho, los bancos suelen recurrir a la propiedad intelectual como garantía complementaria y no como primera opción.

Superar estas barreras exige avanzar hacia metodologías de valoración reconocidas y comparables, simplificar los procedimientos y formar a empresas y entidades financieras. Pero también requiere un cambio de enfoque por parte de las propias compañías y empezar a considerar sus activos intangibles no solo desde una perspectiva jurídica o registral, sino también como activos con valor económico y potencial financiero.

No todos los intangibles podrán utilizarse del mismo modo ni todos servirán directamente como garantía. Sin embargo, dependiendo de su naturaleza, pueden contribuir a obtener financiación, reforzar una negociación con inversores, determinar el valor de una aportación o mejorar la posición de la empresa en una operación corporativa. El propio informe apunta a la estandarización de las metodologías de valoración como uno de los elementos que podrían favorecer una utilización más amplia de estos activos.

La economía ha cambiado más deprisa que nuestra manera de medirla y financiarla. Las empresas invierten cada vez más en innovación, software, diseño, reputación y conocimiento, pero esos activos todavía reciben un reconocimiento financiero insuficiente. Por ello, el primer paso no es necesariamente buscar financiación, sino entender qué activos intangibles tiene realmente la compañía, cómo están protegidos y qué valor pueden aportar.

Identificarlos, protegerlos y valorarlos correctamente no es un mero ejercicio contable. Puede abrir nuevas vías de financiación, mejorar la posición negociadora de una empresa y convertir años de inversión y conocimiento acumulado en una palanca efectiva de crecimiento. Para muchas compañías, esa oportunidad puede encontrarse ya dentro de su propio negocio.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Buscar bolsas y mercados

_
_