Evolución del capital privado, del ‘growth’ al ‘mid-market’
Esta reconfiguración busca asegurar la continuidad y escalabilidad de negocios rentables mediante la transformación de equipos, procesos y estructuras

El capital privado en España está cambiando de marcha. Las previsiones de recuperación selectiva del venture capital y el private equity se están cumpliendo al cierre del primer trimestre de 2026 a pesar del complejo contexto económico y geopolítico actual, y los datos apuntan a la consolidación de un mercado más maduro, más exigente y con apetito renovado por sectores que hace años apenas figuraban en las tesis de inversión.
Si bien el arranque del año mostró un comportamiento más contenido, se mantiene la expectativa de evolución hacia modelos de inversión más innovadores y maduros, apoyados en estrategias como secundarios y build-ups que permiten acelerar el crecimiento y profesionalización de los proyectos participados. Este proceso, además, se ve reforzado por un entorno empresarial cada vez más competitivo y por la creciente exigencia de las gestoras de generar retornos diferenciales en un escenario de mayor selectividad del capital.
Como consecuencia, se observa un ajuste generalizado en las fases de inversión habituales. En el ámbito del venture capital, destaca el mayor peso relativo de las rondas Serie A, que concentran en torno al 50% de la actividad, frente a una menor presencia de operaciones en fases Pre-Seed o Seed, que descienden aproximadamente al 30%. Por su parte, en private equity se refuerza claramente el posicionamiento en compañías middle market, priorizando perfiles con modelos de negocio probados y capacidad de generar caja.
Esta reconfiguración estratégica refleja un enfoque inversor que, sin abandonar el apoyo a proyectos incipientes, busca asegurar la continuidad y escalabilidad de negocios rentables mediante la transformación de equipos, procesos y estructuras, preservando al mismo tiempo la esencia de las compañías. Todo ello se traduce en un mercado más racionalizado, con un menor número de operaciones, pero de mayor tamaño medio que en ejercicios anteriores.
En este contexto, los inversores están orientando su actividad hacia industrias en expansión y con cambios estructurales en los patrones de demanda y oferta de financiación, apostando por compañías que presentan EBITDAs aún reducidos pero con un elevado potencial de crecimiento.
En lo que va de 2026, el ecosistema inversor ha mostrado una clara preferencia por sectores como defensa y aeroespacial, salud (biotecnología y healthtech), energía, tecnología y logística, todos ellos con un fuerte componente de inteligencia artificial aplicada a la automatización y optimización de procesos. Esta preferencia sectorial no es solo una respuesta al ciclo si no que es una señal de que el ecosistema inversor está apostando por la resiliencia estructural sobre el crecimiento especulativo.
Por su parte, defensa y aeroespacial destacan como los principales polos de atracción del capital privado. El proceso de rearme europeo, el avance tecnológico y la persistencia de conflictos como los de Ucrania u Oriente Medio han impulsado una mayor apertura del sector a la inversión privada. En este sentido, la presencia de fondos e inversores financieros ha crecido de forma sostenida desde el ejercicio pasado, apoyada en esquemas de colaboración público-privada y en la coexistencia de aplicaciones civiles y militares. El carácter tecnológico y el enfoque en soluciones dual-use han resultado determinantes para atraer capital que busca combinar rentabilidad financiera con posicionamiento estratégico en sectores clave.
Mientras tanto, el sector salud atraviesa una fase de notable dinamismo. Este crecimiento responde, entre otros factores, a la incorporación progresiva de la inteligencia artificial y de tecnologías avanzadas que están impulsando el desarrollo de nuevas terapias, mejoras en los procesos de diagnóstico y el descubrimiento de medicamentos. A ello se suma el buen comportamiento de los servicios auxiliares a la industria farmacéutica y la menor inversión registrada en años anteriores, circunstancias que, combinadas, están dando lugar a oportunidades de inversión especialmente atractivas.
En suma, el primer trimestre ha confirmado la continuidad de la tendencia del capital privado a concentrarse en sectores con elevado potencial estructural, como la inteligencia artificial, las tecnologías aplicadas a la salud y al ámbito climático, así como, de forma creciente, en defensa y aeroespacial, especialmente bajo estrategias de doble uso. Los fondos están ajustando sus tesis de inversión y sus palancas de creación de valor en compañías en fase growth, con el objetivo de escalar los negocios y llevarlos a un nuevo nivel de madurez.
El capital privado en España mira hoy con prioridad hacia el mid-market y las pymes, ya sea para impulsar procesos de crecimiento inorgánico, acompañar operaciones de entrada en equity derivadas de relevos generacionales, o apoyar compañías que, en el marco de una búsqueda de financiación, presentan un claro potencial de mejora del EBITDA mediante la ejecución de una hoja de ruta bien definida orientada a la desinversión y a la generación de ventanas de salida atractivas. Acompañar ese proceso de transformación, y construir desde ahí las condiciones para una desinversión exitosa, es, quizás, la oportunidad más interesante que ofrece el mercado hoy.