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En colaboración conLa Ley
Día del abogado
Tribuna

El abogado que genera negocio: una oportunidad real para cualquier despacho

La capacidad para generar, mantener y hacer crecer una cartera de clientes se ha convertido en uno de los principales factores de progresión interna dentro de los bufetes

Durante años, en los despachos de abogados se ha tendido a separar dos mundos que, en realidad, nunca han estado verdaderamente desligados: el del excelente técnico y el del abogado con capacidad comercial. Como si la generación de negocio fuera un atributo accesorio, reservado a unos pocos perfiles muy concretos, y no una habilidad estratégica llamada a marcar —cada vez más— la trayectoria profesional de un abogado.

Sin embargo, la realidad del mercado jurídico actual es clara: la capacidad para generar, mantener y hacer crecer una cartera de clientes se ha convertido en uno de los principales factores de progresión interna dentro de los despachos. Y, del mismo modo, en uno de los activos más determinantes a la hora de acceder a nuevos retos profesionales, más ilusionantes, más exigentes y, en muchos casos, con una mejora sustancial de condiciones.

Un abogado que genera negocio no depende de que “aparezca” un proceso concreto para resultar atractivo. No está sujeto al azar de un pico de litigiosidad ni a la coyuntura puntual de un área concreta. Es, en sí mismo, una oportunidad activa para cualquier despacho. Aporta estabilidad, previsibilidad y crecimiento. Y eso cambia por completo su posición en el mercado.

La habilidad comercial no consiste únicamente en “traer clientes”. Incluye la capacidad de detectar necesidades, de fidelizar relaciones profesionales a largo plazo, de convertirse en referente para un determinado tipo de cliente o sector, y de generar confianza sostenida en el tiempo. En muchos casos, esa habilidad se desarrolla de forma casi inconsciente: un cliente que sigue llamando, un contacto que recomienda o una relación que se mantiene incluso tras un cambio de despacho.

Paradójicamente, muchos abogados no son plenamente conscientes del potencial comercial que ya tienen ni del valor real de los clientes que han generado o fidelizado a lo largo de su carrera. Han construido relaciones sólidas, pero no siempre han sabido ponerlas en valor, ni interna ni externamente. Y eso, en un mercado cada vez más competitivo, supone una oportunidad perdida.

Porque cuando un abogado entiende que su valor no se limita a su excelencia técnica —que hoy se da por descontada—, sino que se amplía por su capacidad de generar negocio, su marco mental cambia. Cambia su relación con el despacho, su proyección a medio plazo y, sobre todo, su margen de negociación y de elección.

Un perfil con capacidad comercial real no tiene sus expectativas profesionales limitadas a la estructura en la que se encuentra. Puede crecer internamente, sí, pero también puede plantearse movimientos estratégicos, acceder a despachos con mayor ambición, con una cultura más alineada con su forma de trabajar o con modelos de retribución y flexibilidad más acordes a su momento vital y profesional.

Desde la perspectiva de los despachos, estos perfiles son especialmente valiosos porque no solo aportan facturación, sino visión, autonomía y capacidad de desarrollo. Desde la del abogado, suponen una libertad profesional que no todos alcanzan: la de elegir y no solo esperar.

En este punto, la figura del headhunter especializado cobra todo su sentido. No como mero intermediario, sino como alguien capaz de interpretar correctamente el valor real de un abogado en el mercado y de identificar los entornos donde ese valor puede multiplicarse.

Para que ese acompañamiento sea verdaderamente útil, es imprescindible un conocimiento profundo de cómo funciona cada despacho: su cultura interna, su orientación al negocio, sus expectativas reales respecto a la generación de clientes, sus objetivos de crecimiento, sus condiciones de trabajo y su grado de flexibilidad. Solo desde esa comprensión se pueden construir movimientos profesionales coherentes, sostenibles y exitosos para ambas partes.

Cuando un abogado con potencial comercial se pone en manos de un headhunter que entiende el sector desde dentro, deja de moverse por intuición o por oportunidades aisladas. Empieza a hacerlo con estrategia. Y ahí es donde, muchas veces, se producen los saltos profesionales más relevantes.

El mercado legal ha cambiado, y seguirá haciéndolo. La habilidad comercial ya no es un “extra”, sino una palanca central de desarrollo profesional. Reconocerla, desarrollarla y saber gestionarla correctamente marca la diferencia entre una carrera predecible y una verdaderamente abierta a oportunidades.

Quizá la pregunta que muchos abogados deberían hacerse no es si tienen capacidad comercial, sino si están sabiendo aprovecharla. Y la que deberían plantearse muchos despachos es si están identificando y reteniendo ese talento antes de que el mercado lo haga por ellos.

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