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Anna Gener (Savills): “Se debería buscar la manera de hacer un producto mejor que los edificios cebra”

La consejera delegada en Barcelona de la consultora inmobiliaria defiende que los edificios tienen que adaptarse al entorno en los que se construyen y critica la homogenización de las ciudades

Anna Gener, consejera delegada de Savills en Barcelona, en Madrid el 31 de agosto. JUAN BARBOSA

Anna Gener, consejera delegada de Savills Barcelona, observa entusiasmada el vestíbulo del madrileño edificio Castellana 81, obra del arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza, como ella misma apunta mientras posa para las fotos. No se le escapa que entre el mobiliario que ocupa una de las zonas se encuentran varias unidades del sillón diseñado por Ludwig Mies Van der Rohe en 1929 para la Exposición Internacional de Barcelona, por lo que lleva el nombre de la ciudad, en la que ella nació en 1974. Lleva más de 20 años en el sector inmobiliario, al que llegó “tras una especie de revelación” cuando visitó las obras de la Torre Glòries, cuyo proceso de construcción estaba auditando. “Bajé queriendo dejar la auditoría y pensando en buscar trabajo en la industria inmobiliaria”, en un momento en el que se empezaba a transformar el denominado distrito 22@. Entre su trabajo y su pertenencia a varios patronatos, asociaciones y colectivos, Gener encontró tiempo para escribir el libro Sobre la belleza (Libros de Vanguardia, 2025), un tema del que conversará este sábado en Segovia en el marco del Hay Festival.

Pregunta: ¿Qué lleva a una economista a escribir un libro sobre la belleza?

Respuesta: Lo que me impulsa, sobre todo, es la belleza de las ciudades. Porque, al final, nuestra actividad tiene un impacto muy fuerte en las ciudades. Según cómo sea el parque inmobiliario de la misma, más o menos oportunidades de progreso tendrá una sociedad. Y esto se refiere a vivienda, por supuesto, pero también a oficinas y a los hoteles. El libro también nace de otras dos pasiones que tengo. Una es el arte, que forma una parte muy importante de mi vida. Tengo la suerte de estar en el patronato de dos museos que adoro, que son el Museo Picasso de Barcelona y la Fundación Miró. Y la otra es la arquitectura, que en el libro no la abordo desde la parte técnica, sino desde alguien que disfruta de ella y de que es muy consciente de cómo impacta en nuestras emociones, en cómo nos relacionamos con los demás.

P: Sostiene que ahora se prioriza lo útil sobre lo bello.

R: Este es un debate que siempre ha habido en el mundo de la arquitectura, como si fueran dos conceptos incompatibles. Y no debería ser así. Quien de algún modo abanderó el valor de lo útil fue sobre todo la escuela de la Bauhaus, que para mí es muy inspiradora. Ese criterio de utilidad estaba muy presente, con voluntad de incorporar innovación y la tecnología del momento a la obra arquitectónica, pero jamás renunciando a la belleza. Porque se entendía que la belleza de los espacios proporcionaba calidad de vida a los usuarios. La Bauhaus se dedicó también a hacer mucha vivienda asequible, pero siempre se procuró que el diseño estuviera muy bien hecho y que la belleza estuviera muy presente. Yo creo que esto es muy interesante y que jamás debemos renunciar a ninguno de los dos conceptos para hacer un buen producto arquitectónico.

P: ¿Qué opina de los llamados edificios cebra, por sus fachadas en blanco y negro, que se han construido en los últimos años en muchas ciudades?

R: Responden exclusivamente al concepto de utilidad. Son así porque su producción es mucho más barata, se tarda menos tiempo, se puede industrializar mejor, cosa que lo considero un gran valor, sobre todo con la urgencia habitacional que hay. Pero realmente creo que es un error, que se debería buscar la manera de hacer un producto mejor. Y esto es más importante de lo que parece, porque cuando una obra arquitectónica es igual en sitios tan diferentes, se produce un desarraigo, una sensación de poco respeto al entorno, de no dialogar con la tradición, de no entender bien los contextos. Entiendo el coste y el tiempo, pero se tiene que exigir un poco más de esfuerzo por hacer un producto con mayor arraigo.

P: ¿Cree que las ciudades están perdiendo un poco de esa singularidad de la que hablaba por la homogeneización que lleva el turismo?

R: Sí. Desgraciadamente es un fenómeno global del que es difícil escapar. Ahora cada vez más hay una búsqueda de aquello genuino, auténtico, diferencial. Las ciudades deben recordar lo que son. Tener muy presente su historia y seguir conectada a ella si realmente quieren ofrecer cosas interesantes a su ciudadanía y al resto del mundo.

P: Ahora las oficinas se diseñan, en teoría, mirando por el bienestar del empleado, ¿cree que realmente las empresas piensan así o se trata más de una campaña de imagen?

R: Unas oficinas atractivas hacen que tú seas más competitivo a la hora de atraer y de fidelizar el talento. Las empresas nos hemos dado cuenta de que son una herramienta muy poderosa que genera orgullo de pertenencia, hace que los equipos echen raíces, que se relacionen de determinada manera. En este mundo del teletrabajo, queremos que la experiencia en las oficinas sea lo mejor posible para que los equipos regresen a sus puestos. No por una cuestión de monitorización ni muchísimo menos, sino porque entendemos que se generan unas dinámicas, unas inteligencias colectivas que son positivas para los fines de la organización. No es tanto una campaña de imagen sino una declaración de que aquí cuidamos a nuestra gente. Y cada vez tenemos más evidencias científicas de que si proporcionas determinados condicionantes a los equipos, como pueden ser una buena luz natural, colores que induzcan al sosiego, formas que no despierten tu agresividad, espacios para descansar o para enriquecer la relaciones, al final tendremos personas que estarán más satisfechas en sus puestos de trabajo. Un equipo que esté a gusto en tu organización y que no mire fuera. No es frívolo, no es una moda y no es marketing el hecho de tener unas oficinas bonitas y que hagan que la gente se sienta a gusto. Es que queremos realmente que la gente lo esté.

P: ¿Qué imagen cree que proyecta en la sociedad el sector inmobiliario?

R: Podríamos habernos explicado mejor, porque creo sinceramente que tras la gran crisis que tuvimos, de 2008 a 2014, los profesionales inmobiliarios hemos estado haciendo un esfuerzo enorme de profesionalización, de actuar de una manera responsable con la sociedad, de hacer edificios que sean respetuosos con el medio ambiente. Estamos también haciendo un grandísimo esfuerzo para industrializar los procesos de manera que sean más baratos y se acorten el tiempo. Esto implica muchísima inversión, riesgo, atreverse a probar cosas diferentes y desgraciadamente todavía sufrimos mucho la reputación de la época de los excesos, que aún está muy presente en la memoria de muchísima gente. Creo que se debería ya reconocer todo el esfuerzo que ha hecho la industria para tratar de estar más conectada con las necesidades de la sociedad y tratar de ser un generador de bienestar y de oportunidades.

Tenemos un problema muy grave de acceso a la vivienda. La industria inmobiliaria tiene que ser gran parte de la solución y en esto es lo que nos tenemos que enfocar. No hay otra manera, la solución vendrá por la colaboración público-privada. Tenemos que ser nosotros parte de esa solución, cuando a menudo en determinados discursos se nos ve como el problema y esto es un grandísimo error, así nos lo arreglaremos.

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