Maxime Carmignac: “Mi padre siempre dice que las empresas que no respetan el medioambiente fracasarán”
La hija del fundador de Carmignac Gestion dirige la oficina en Reino Unido y ejerce de heredera ‘in pectore’ de una de las ‘boutiques’ de inversión más prestigiosas de Europa


Maxime Carmigac (París, 1979) es la consejera delegada de la filial británica de la gestora de fondos Carmignac, fundada por su padre, Edouard Carmignac, uno de los financieros franceses más célebres. La directiva es la única hija de Carmignac involucrada en la gestión de la empresa familiar, una firma que administra activos por valor de más de 44.000 millones de euros. Con los años ha ido asumiendo más responsabilidades y convirtiéndose en la heredera in pectore de la gestora. De hecho, durante la entrevista muestra su admiración por el grupo de moda español Inditex —matriz de Zara o Stradivarius—: “Es una compañía maravillosa y tiene una bonita historia de sucesión de padre a hija, lo que me toca muy de cerca", reconoce.
Pregunta. ¿Cómo está yendo el año en términos de captación de capital?
Respuesta. Muy bien. Hemos registrado suscripciones netas por valor de unos 1.000 millones de euros en el semestre. Eso, pese a la guerra en Irán. El año pasado entraron cerca de 4.000 millones. Estamos felices porque, además, está entrando dinero en casi todos nuestros fondos. También en los más icónicos, que habían estado años de capa caída.
P. ¿En qué fondos?
R. En Carmignac Investissement, un vehículo de Bolsa internacional, y en Carmignac Patrimoine, nuestro fondo estrella multiactivo. Este último ha pasado una década con una rentabilidad decepcionante. Estos dos productos, que representan el 30% del patrimonio de la gestora, no han funcionado durante años, pero ahora están recuperando la confianza de los clientes.
P. El fondo Patrimoine llegó a ser el mayor de la eurozona…
R. Sí, con activos valorados en 30.000 millones de euros. Invertía en un 50% en acciones y el resto en renta fija. Pero la rentabilidad empezó a empeorar y salió mucho dinero. Aquí en España tradicionalmente han tenido mucha demanda las estrategias de renta fija más conservadoras. Últimamente vemos mucho apetito por el Carmignac Portfolio Flexible Bond.
P. ¿Qué han hecho para rescatarlos?
R. Hicimos una profunda reestructuración. Cambiamos los procesos, los equipos, la gobernanza. Y, después de mucho esfuerzo, están volviendo a brillar. El fondo Patrimoine tiene ahora unos 8.500 millones y el Investissement unos 5.500 millones.
P. ¿Qué amenazas y desafíos detectan en la industria?
R. Hay de varios tipos. Nuevas regulaciones, el auge de los fondos cotizados, la disrupción tecnológica… Hay que ser ágiles para adaptarse. Pero nosotros lo somos. Somos una firma familiar con una plantilla de más de 280 personas, muy brillantes. Lo que detectamos es que el mercado se va hacia los extremos. Bien hacia fondos indexados ultra baratos, bien hacia fondos activos de alta calidad. Quien se quede en medio está muerto.
P. Los bancos a menudo se quedan en ese terreno intermedio…
R. Los bancos operan en un entorno diferente: cuentan con la ventaja de una base de clientes cautiva, lo que reduce la presión sobre la rentabilidad.
P. ¿Qué le parece la nueva propuesta de regulación europea?
R. Me recuerda mucho a lo que pasó en el Reino Unido hace 13 años con la RDR. Se prohibió que las gestoras pagaran comisiones a los asesores que vendían sus fondos. ¿Y qué ocurrió? Que estos se centraron en los clientes más ricos y mucha gente se quedó huérfana de asesoramiento financiero. Como resultado, los ahorradores están invirtiendo menos de lo que solían. Las comisiones, bien estructuradas, no tienen por qué ser negativas para el cliente final.

P. ¿La inversión sostenible ha perdido su momento?
R. En absoluto. Creemos que evaluar las prácticas medioambientales y de buen gobierno de las empresas sigue siendo tan importante como siempre. Mi padre siempre dice que una empresa que no opera en armonía con el medio ambiente está abocada al fracaso. Para nosotros, es algo capital desde hace años. Y nuestra convicción no cambia porque la Administración Trump tenga una visión distinta. Esa inquina de Trump contra la inversión sostenible creo que sí que tiene algo positivo, y es que separa el grano de la paja. Las gestoras que estaban en esto solo por la moda han desistido. Nuestro enfoque del ESG siempre ha sido pragmático, así que nosotros no.
P. ¿Se han planteado dar entrada en el capital a algún inversor para ayudarles a crecer?
R. Jamás. Creemos firmemente en la independencia que nos brinda el ser una empresa familiar. El patrimonio familiar está invertido en la gestora y eso alinea nuestros intereses con los de nuestros clientes. Y no necesitamos el capital de un tercero para crecer. En estos 40 años hemos acumulado unos 3.000 millones en nuestra propia caja, en reservas. Utilizamos parte de estas reservas para probar nuestros fondos antes de lanzarlos al mercado a través de nuestra incubadora de estrategias interna, The Lab.
P. ¿Le preocupa que haya una burbuja en la inversión en inteligencia artificial (IA)?
R. Lo estamos siguiendo muy de cerca. Hay riesgos excepcionales y también oportunidades excepcionales. Lo importante es no enfocarse solo en las grandes tecnológicas, sino en toda la cadena de valor de la IA, desde las empresas de electrificación a las de fontanería que participan en la construcción de centros de datos. Por ejemplo, estamos siguiendo muy de cerca una compañía japonesa, del sector textil, que ha creado unas fibras que son muy útiles como aislantes de componentes de la IA.
P. ¿Utilizan la IA para invertir?
R. Sí. Nosotros hemos pasado de 27.000 a 45.000 millones de activos bajo gestión manteniendo la plantilla en alrededor de 280 personas, gracias en parte a la IA. En renta fija, tienes a gigantes como Pimco, con fondos enormes especializados en titulizaciones hipotecarias, y con equipos de más de 80 personas, solo para una subclase de activo. Ahora, esos equipos se van a poder dedicar a otras funciones, a medida que se reducen las barreras de acceso a una mayor capacidad analítica. En Carmignac tenemos unos equipos muy ajustados, ágiles y especializados. Somos una firma de escala humana, que está multiplicando su capacidad de análisis gracias a la IA.
P. ¿Está justificada tanta inversión en centros de datos?
R. Habrá que ver. Hay importantes riesgos. La mejora de productividad puede conducir a fuertes reducciones de empleos, con su consiguiente impacto macroeconómico. Además, la IA puede utilizarse para hacer el mal. Y, por último, veo el riesgo de que el desarrollo de la IA se nos vaya de las manos.
P. Hemos visto partes del mercado, como Corea, muy sobrecalentadas…
R. Sí. Allí tienes a dos compañías de semiconductores que acaparan toda la atención. De hecho, en los índices globales de Bolsa de países emergentes, esas dos empresas coreanas y la taiwanesa TSMC representan más del 33%. Hay un claro riesgo de concentración en valores impulsados por la inteligencia artificial. Y lo mismo pasa en la Bolsa de Estados Unidos, donde los índices cada vez están más sesgados hacia la IA y menos diversificados. En cambio, en Europa los mercados bursátiles sí que tienen una composición más variada.
P. ¿Hay una fiebre por la IA?
R. Sin lugar a dudas. La gente vive entre el FOMO [el riesgo a perderse un plan, una inversión… por sus siglas en inglés], que hace que las salidas a Bolsa de una firma como SpaceX haya atraído a tantos minoristas; y entre el miedo a invertir en un mercado excesivamente caro. No te quieres perder la ola, pero te da miedo sufrir un revolcón. Para nosotros, la forma más inteligente de jugar en este mercado es yendo a partes específicas de la cadena de valor de la IA. Hay empresas europeas como Schneider, dedicada a electrificación, que pueden verse muy beneficiadas por la construcción de centros de datos.
P. ¿Qué otros movimientos están haciendo?
R. Ante las altas valoraciones de buena parte del mercado, nosotros también estamos yendo a una estrategia de extremos. Para compensar esos riesgos en la parte más ligada a la IA, estamos invirtiendo en compañías más defensivas, como el conglomerado Berkshire Hathaway, fundado por Warren Buffett. También buscamos oportunidades en el sector de la salud.

P. ¿En Europa qué compañías buscan?
R. La inversión en defensa está siendo muy fuerte y vemos algunas opciones atractivas, como la francesa Safran. Además de las ya mencionadas, tenemos en cartera una empresa italiana, llamada Prysmian, especializada en fabricar cables de alto valor. Es la típica compañía de nicho, que pasa inadvertida para muchos, pero que puede beneficiarse de muchas de las inercias del mercado.
P. ¿Siguen considerando China una opción de inversión atractiva?
R. Mi padre lleva 40 años viajando anualmente a China, antes de que se viera por allí a ningún otro inversor europeo. El país ha cambiado muchísimo, para bien. Es verdad que ha tenido algunos problemas puntuales, por el desplome de su sector inmobiliario, por cuestiones demográficas… Pero, a la vez, se está convirtiendo en líder absoluto en energías renovables y en coches eléctricos. Y están compitiendo muy bien en la carrera de la IA. Cada vez fabrican productos de mayor valor añadido. Nuestros fondos invierten allí, donde las valoraciones son muy atractivas, pero también lo hacemos en empresas de Taiwán.