El fabricante de embutidos que se encomendó al torrezno y ahora lidera el mercado desde Soria
En 2024, Moreno Sáez abrió una nueva planta en Garray para ampliar su producción, que alcanzó las 2.174 toneladas en 2025. La firma apuesta por la I+D+i para lanzar más gamas y formatos


A mediados de los noventa, el chorizo vela –el de bocadillo–, principal producto de Embutidos Moreno Sáez, comenzó a decaer, recuerda Samuel Moreno Rioja, segunda generación de la empresa fundada por su padre en 1963 en Soria. La producción bajó de las 40 a las 10 toneladas semanales. Sin embargo, la demanda de torrezno –una línea de negocio insignificante en aquel momento– aumentaba. La compañía había comenzado a elaborar panceta curada (a partir de la cual se cocina el torrezno) en 1967, por una de esas carambolas del destino: la madre de uno de los encargados –Eliseo Romanillos– dio a los propietarios la receta que se estilaba en su pueblo, y les gustó. Cuando vinieron mal dadas, decidieron apostar por ese producto residual como quien se aferra a un clavo ardiendo. Acertaron.
Moreno Sáez se ha convertido en uno de los grandes referentes de Torrezno de Soria, del que despachó 2.174 toneladas en 2025. Entre 2020 y 2025, pasó de 5,5 a 22 millones de euros de facturación, y de 23 a 59 empleados. Su ascenso va en paralelo al del propio Torrezno de Soria, Marca de Garantía desde 2013. Ese año, las empresas asociadas pusieron casi 32.000 kilos en el mercado. En 2025, cuando se convirtió en Indicación Geográfica Protegida (IGP), se acercaban a los cinco millones de kilos. Moreno Rioja, presidente de la Asociación de Fabricantes del Torrezno de Soria e impulsor de la IGP, afirma que el producto triunfa por su calidad, “porque está muy rico”, y porque el sector ha sabido trabajar bien la comunicación y la promoción. Gana espacio en las ferias gastronómicas, en los fogones de grandes chefs y se hace viral en redes sociales.
Cada vez más supermercados ofrecen bolsas de torreznos listos para comer, a modo de snacks que compiten con las clásicas patatas. Nada que ver con el Torrezno de Soria, pero su presencia creciente en los lineales da idea del momento dulce que vive este alimento. “El nuestro es un producto cárnico, para cocinar”, aclara y diferencia Samuel Moreno Manrique, hijo de Moreno Rioja, tercera generación y CEO de Moreno Sáez. “El relevo generacional ya está hecho; voy para 70 años, toca retirarse”, señala el padre por videollamada. Aun así, va a diario a la fábrica, un par de horas, confiesa que un poco por inercia. “El equipo actual lo está haciendo muy bien”, dice orgulloso.

A su lado, su hijo revela que el techo de producción de la empresa aún queda lejos. Destaca, por ejemplo, las posibilidades que se le abren en platos como la pizza, o en el mundo de la restauración, donde su versatilidad le augura recorrido como alternativa al bacon. Los envasados de Moreno Sáez se encuentran en la sección de precocinados, en formatos listos para freír (entre tres cinco y minutos): torrezno tradicional, en dados, en virutas que se rizan y quedan crujientes; y como novedad, el topping de torrezno, para aderezar ensaladas, cremas o hamburguesas. “Hemos de ampliar nuestras gamas; queda mucho por explorar”, cree.
Orígenes y planes
Moreno Manrique hereda una tradición en la elaboración de embutidos que se remonta a principios del siglo XX. En 1922, su bisabuelo, Baldomero Moreno, registró la marca El Rey del Chorizo Riojano, una de las más antiguas de España; vendía a Estados Unidos desde el pueblo riojano de Badarán. A su muerte, su fábrica pasó a llamarse Viuda de Baldomero Moreno; finalmente cerró y uno de los hijos, Samuel, abuelo del CEO, emigró a Soria y montó Moreno Sáez, que se especializó en chorizo. Samuel Moreno Rioja y su hermano tomaron las riendas en 1980. Se separaron en 2010, en gran parte por la mala situación económica del negocio.
Samuel se quedó con Moreno Sáez, “el niño malo”, endeudado hasta las cejas. Consiguió una financiación de 300.000 euros del CDTI para invertir en I+D+i. Estaba convencido de que el torrezno tenía futuro, pero había que ponérselo fácil al consumidor. Lo veía en los distribuidores, que no querían esa riquísima panceta curada de cerdo crujiente que les daban a probar porque no sabían cómo cocinarla. Después de “millones de pruebas” dieron con el formato, y ya en 2010 pusieron en el mercado 5.000 kilos a la semana.
En 2024, la firma arrancó su nueva fábrica en Garray, que duplica la capacidad de las antiguas instalaciones en Soria capital. “Es una fábrica muy especializada, la mejor para hacer torreznos”, destaca su CEO. Esta línea representa el 96% de la producción de la factoría; el otrora predominante chorizo, los lomos y los adobados apenas suman el 4% del total manufacturado.

Moreno Manrique insiste en que todavía queda mucho por crecer dentro España, pero reconoce también que la compañía mira ya hacia fuera, donde su presencia es aún mínima. Vende, muy poquito, en Europa y en países de Latinoamérica como Chile, donde la exportación se vio afectada por los brotes de peste porcina en España.
“A día de hoy, no estamos posicionados, más allá de algunos pinitos en ferias internacionales, pero nuestra idea es continuar buscando oportunidades de negocio”, admite. “Nuestro producto es muy diferente; vemos muchas posibilidades en la internacionalización”, interviene Samuel padre, anunciando con gesto pícaro que un día van a grabar las caras de placer que pone la gente cuando prueba los Torreznos de Soria en las degustaciones organizadas en las ferias en el extranjero. “Es asombroso lo mucho que gustan”, remacha.