Las pymes, frente al exceso de absentismo laboral: “Estamos muy solos”
Aunque la tasa es del 5,5%, menor que en las grandes compañías, una baja complica la operativa. La hostelería y la construcción, los más perjudicados por esta situación
Desde su fundación en 2018, Save Family no ha dejado de crecer. La empresa de relojes inteligentes para niños, dirigida y creada por Jorge Álvarez, ha pasado de tener tres empleados a casi 45 en menos de una década. Con el aumento de la plantilla han crecido los problemas. Tienen a una persona de baja y han empezado a sufrir el coste de cubrirla. “Respetamos al máximo la legislación y los derechos laborales de los trabajadores, pero como pyme sí que echamos en falta mayor entendimiento de lo que supone para nosotros una ausencia de este tipo”, lamenta Álvarez.
El impacto del absentismo laboral en empresas pequeñas y medianas es ambiguo. Frente a las grandes, que parecen unánimemente acorraladas por este fenómeno, el efecto en las pequeñas es más bien desigual. Los números, en general, son menos preocupantes. Para las de más de 250 empleados, la tasa ronda el 7,5% en 2024, según The Adecco Group Institute. Su director general, Javier Blasco, asegura que en compañías de menor tamaño el impacto disminuye. En términos de ITCC (incapacidad temporal por causas comunes), la tasa para medianas empresas es del 6,5%, mientras que para las pequeñas se mantiene en el 5,5%.
Expertos coinciden en que el clima laboral y la cultura organizativa influyen en la duración de la ausencia
Aun así, una ausencia puede ser devastadora. “Estás duplicando el gasto porque tienes que pagar el salario de la persona que está de baja y el de la que le sustituye, pero tienes el mismo número de trabajadores”, expresa Álvarez. Aunque a partir del día 16 el subsidio lo asume la Seguridad Social, es la empresa quien lo adelanta como pagadora delegada. “Y eso sin hablar de la presión que supone para el resto de los compañeros, que tienen que repartirse el trabajo para sacar adelante las mismas tareas de antes”, apunta. El empresario cree que es necesario un mayor acompañamiento en este tipo de situaciones por parte de la Administración. “Estamos muy solos”, dice.
Esta situación se reproduce de manera muy similar en otros sectores. José Luis Fernández es director ejecutivo y fundador de Polisur, una empresa industrial dedicada a la fabricación de envases para productos agrícolas y pesqueros. Tienen casi 300 trabajadores, y los mismos retos que el resto de empresarios. “Nosotros también tenemos excesivo absentismo”, se queja. “El trabajo que no hace la gente que está de baja no desaparece, lo tiene que cubrir otra persona, y eso genera muchas tensiones y perjudica el estado emocional de la empresa en su conjunto”, cuenta.
Una incapacidad temporal obliga a repartir tareas, asumir costes y reorganizar turnos
En la hostelería el problema es igual o peor. El cocinero Manuel Domínguez acaba de cerrar su restaurante Lúa, en Madrid, entre otras cosas, por las tasas de absentismo, ha contado en una entrevista reciente en El PAÍS: “No conseguimos personal laboral estable. Muchas mañanas no sabíamos con qué gente íbamos a contar ese día... y si no puedes hacer las cosas bien, es mejor dejarlo”. La hostelería no es el único sector que sufre las consecuencias.
La tasa general, según Randstad, es del 6,6% del total de horas pactadas. Es como si 1,47 millones de trabajadores no acudieran a su puesto cada día, con mayor incidencia en Murcia (9,2%), Canarias (8,5%) y Cantabria (8,2%). En la industria, según el informe correspondiente al tercer trimestre del 2025, llega hasta el 7,2% y se queda en el 6,6% en los servicios. En la construcción apenas llega al 5,7%, pero el último informe de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) revela que el coste total estimado de esta tendencia es de 3.565 millones de euros en 2025. De eso, dos tercios (2.245 millones) son soportados por las pequeñas empresas; un 20%, por las medianas y apenas un 16%, para las grandes.
La cercanía con el trabajador
Sergi Macip, experto en psicología del trabajo y las organizaciones de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), habla de los factores determinantes del exceso en el número de ausencias en una compañía. “Hay una parte que son impepinables... pero hay otra que depende más de la relación que tenga el trabajador con la empresa. Depende de ciertas condiciones como la implicación del empleado, el sentimiento de pertenencia y otros factores de vinculación”, detalla. En las pymes, como la gestión es más próxima, es más fácil adaptarse a las necesidades de cada uno.
Eso es determinante cuando el trabajador se encuentra en una situación de baja. Patricia Gómez, fundadora de la empresa que organiza bodas Weddings With Love, ha encontrado la clave para reducir al mínimo necesario este fenómeno: la motivación de su personal. “Tengo a mí equipo tan bien liderado y yo creo que les gusta tanto lo que hacen, que no faltan al trabajo”, relata en un intercambio de mensajes de WhatsApp. “Lo que hacemos nosotras es tan vocacional que aquí viene la gente con cariño a trabajar, es nuestro hogar y existe mucho compromiso. Nos cuidamos las unas a las otras”, explica Gómez, cuya firma suma ya seis trabajadores.
La cercanía hace que en empresas pequeñas y cercanas el problema del absentismo sea mucho menor. Pero cuando llega, impacta en el futuro económico de la compañía como un torpedo en la línea de flotación de un barco. Las organizaciones empresariales echan la mayoría de la culpa al exceso de permisividad, mientras que los sindicatos minimizan el problema y lo achacan más a una estrategia de comunicación. Pero hay una tercera vía que atraviesa estas dos narrativas hasta llegar a un sitio muy concreto: la Administración pública. Organizaciones empresariales, empresas y sindicatos coinciden en algo: la lentitud del Estado al gestionar estas incidencias alarga los plazos más de lo que cualquiera querría.
Los sindicatos denuncian que se manipula el concepto de absentismo para limitar derechos
Ana Gómez, presidenta de la Asociación Nacional de Abogados Laboralistas (Asnala), lamenta que el gasto por incapacidad temporal (que corren a cargo de la Administración a partir del día 16) sea el segundo mayor de la Seguridad Social después de las pensiones (16.500 millones de euros en 2024, según la Airef). “Tenemos un sistema jurídico y legal ineficaz. Además, los médicos de atención primaria no tienen ningún incentivo para controlar esto, porque dependen de las comunidades autónomas, pero el presupuesto para las bajas depende del Estado”. Gómez defiende que los “procedimientos de notificación tienen que ser ágiles, aprovechando medios telemáticos”, para evitar problemas “rocambolescos” como que, cuando los trabajadores van al médico y este les da la baja, no tienen la obligación de comunicarla a la empresa, que se entera por una carta de la Seguridad Social unos días después.
La definición
Mariano Sanz, secretario de salud laboral y medio ambiente de CCOO, cree que el uso del término absentismo lleva a engaño, porque “la mayoría de veces que uno no está en el trabajo es por causas justificadas, enfermedad, vacaciones, maternidad o paternidad”. El sindicato defiende que esta tergiversación del concepto es deliberada: “Se quieren limitar derechos y por eso se utiliza esta definición”. Un informe de la organización defiende que, en las campañas mediáticas de la patronal, se pretende dar una “imagen falsa del absentismo laboral utilizando la estrategia de contabilizar el total del tiempo de absentismo (tanto el justificado como el injustificado), pero proponiendo medidas solo para las bajas por ITCC”.
Sanz admite que la Administración podría actuar con “mayor celeridad” porque “han ido aumentando los tiempos de respuesta con respecto a las enfermedades comunes”, y la Seguridad Social cada vez tarda más en operar a un trabajador que lo necesita. Durante el tiempo de espera hasta la operación, el empleado está ausente, provocando un perjuicio a sí mismo, a la empresa y a la Administración, que tendrá que costear la baja durante la ausencia, más el tiempo de rehabilitación posterior. Un círculo vicioso al que nadie es capaz de poner punto y final.
Absentix, una ayuda para atajar el problema
- Consultoría. Iñigo Garatxena es el fundador de Absentix, una consultora que ayuda a otras empresas a reducir su exceso de absentismo. Ingeniero agrónomo de carrera y licenciado en Ciencias del Trabajo, comenzó su trayectoria como director de una mutua, donde colaboró con una gran empresa de automoción para intentar reducir su nivel de absentismo. Aquella experiencia le llevó a descubrir un nicho en el que había mucho por hacer. Para que las empresas entiendan el problema, convierte los porcentajes en dinero. “Si tienes un 10% de absentismo, parece que no es tanto. Pero si te digo que pierdes dos millones de euros al año, ya suena diferente”, resume.
- Costes ocultos. Garatxena fundó la empresa en 2024 después de identificar los problemas y posibles soluciones al problema del absentismo en muchas compañías españolas. Con una plantilla de siete personas, ya factura casi medio millón de euros al año y trabaja con más de 50 clientes diferentes, en su mayoría pymes de entre 50 y más empleados. “La herramienta que ponemos a su disposición saca a la luz los costes ocultos de cada baja: sustituciones, horas extras, desorganización interna”, explica.
- Clima laboral. Es el factor decisivo para predecir el volumen de absentismo que arrastra una empresa. “En general, el 90% de las bajas están justificadas, pero el 10% restante no se sostiene por ningún lado. Y en ese margen influye, sobre todo, el clima laboral, el salario y las condiciones de trabajo”, defiende. Según su experiencia, las empresas con este problema suelen tener un denominador común: mal ambiente de trabajo. En las pymes pequeñas ese “absentismo profesional”, como llama él a los trabajadores expertos en escaquearse, es casi inexistente por la cercanía entre empleado y empleador.
- Inspección. Además del factor interno, Garatxena señala fallos graves en el engranaje institucional. Denuncia la falta de agilidad del INSS, la lentitud de los procesos médicos y la falta de inspección efectiva para detectar posibles fraudes. “Hay médicos que dan bajas ficticias sin ninguna consecuencia. Harían falta más unidades de inspección médica, con criterios claros y conocimiento real del entorno laboral del paciente”, plantea. “El sistema no ayuda absolutamente nada”, concluye.