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De Navantia a Urovesa: la actividad militar en Galicia se dispara gracias a la construcción naval y las tecnologías duales

Los astilleros de Navantia, las pymes tecnológicas y los centros de investigación refuerzan su papel en el sector. La comunidad aspira a convertirse en un polo de referencia a nivel nacional

Botadura de la fragata F-111, construida por Navantia.Photoarte (Xose M. Garcia Feijoo

La industria de defensa vive uno de los mayores procesos de transformación de las últimas décadas. La subida de la inversión europea, la necesidad de reforzar la autonomía estratégica y la irrupción de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial están redefiniendo un sector cada vez más dependiente de la innovación. En ese contexto, Galicia aspira a consolidarse como uno de los principales polos industriales de España, apoyada en un ecosistema que combina grandes empresas tractoras, pymes tecnológicas, centros de investigación y universidades.

“Lo que diferencia a Galicia es esa combinación entre tradición industrial y capacidad de adaptación tecnológica”, sostiene Ángel Olivares, presidente de la Fundación Feindef, entidad organizadora de la Feria Internacional de Defensa y Seguridad de España. Esa fortaleza se refleja en la construcción naval, que durante décadas ha actuado como motor de empleo cualificado y desarrollo en la comunidad.

El mejor ejemplo es la ría de Ferrol, donde se encuentran los astilleros de Navantia. Allí se desarrolla el programa de las fragatas F-110 para la Armada, considerado uno de los proyectos tecnológicos más ambiciosos de la construcción naval europea. A pocos kilómetros están las instalaciones de Fene, también operadas por el gigante español en el mar. Integradas en la división Navantia Seanergies, han trasladado el conocimiento acumulado durante décadas en la construcción naval a la fabricación de estructuras para eólica marina, diversificando su actividad sin perder las capacidades industriales que distinguen al grupo.

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Su impacto económico, sin embargo, va mucho más allá de los astilleros. Según la compañía, sus operaciones en la ría generan más de 12.100 empleos directos, auxiliares, e indirectos (el 2,4% del empleo de la provincia de A Coruña, señalan en la empresa) y sostienen una red de unas 500 firmas proveedoras, en su mayoría pymes. Solo el programa de las fragatas F-110 crea más de 9.000 empleos, de los que alrededor de 1.200 son directos.

Avances y retos

Pero el futuro del negocio ya no depende únicamente de grandes plataformas navales o terrestres. “Buena parte de las tecnologías que están impulsando la transformación de la industria de defensa son duales”, es decir, con aplicaciones tanto civiles como militares, explica Ambroise Vandewynckèle, director de I+D+i del centro tecnológico AIMEN, con sede en Pontevedra. Inteligencia artificial, fabricación aditiva, gemelos digitales, robótica, nuevos materiales, tecnologías láser o sistemas avanzados de sensorización están reconfigurando toda la cadena de valor.

Ante este escenario, los centros tecnológicos desempeñan un papel decisivo. AIMEN, por ejemplo, participa en más de un centenar de proyectos de I+D+i, el 65% de ellos financiados por programas europeos, y trabaja en el desarrollo de materiales avanzados, fabricación inteligente, recubrimientos de baja observabilidad y soluciones para vehículos de nueva generación. “Nuestra función es actuar como puente entre la investigación y la empresa”, subraya Vandewynckèle.

Esa convergencia resulta esencial para empresas como Urovesa, fabricante gallego de vehículos militares presentes en las Fuerzas Armadas de numerosos países; o Centum, que desarrolla soluciones para comunicaciones críticas, vigilancia, inteligencia y protección de fronteras, con origen en Vigo y presencia en más de 25 países. Su presidente y cofundador, Javier Chamorro, considera que la actividad está viviendo un buen momento, aunque advierte de que el reto pasa por incrementar la participación de las pymes gallegas en los grandes programas europeos de modernización de defensa.

El principal desafío consiste en transformar el conocimiento generado por la pequeña empresa y los centros tecnológicos en mayor presencia internacional. Como incide Olivares, de Feindef, Galicia dispone de industria, talento y una hoja de ruta pública clara, pero necesita conectar mejor sus capacidades con los grandes programas nacionales y europeos. Si lo consigue, podrá captar una mayor inversión, atraer nuevos proyectos estratégicos y reforzar su posición en las cadenas de valor europeas.

Alianzas

Ecosistema. Las universidades también desempeñan un papel creciente en el ecosistema de la industria de defensa en Galicia. Para Jerónimo Puertas, vicerrector de Investigación y Transferencia de la Universidade da Coruña (UDC), la Comunidad Autónoma dispone de capacidades punteras en ámbitos como drones, ciberseguridad o tecnologías cuánticas, gracias a la colaboración entre universidades, centros tecnológicos y empresas.

Infraestructura. Una muestra de esto es la reciente implantación de iniciativas como la Cidade das TIC -un campus de innovación especializado en tecnologías de la información y la comunicación (TIC), promovido por la propia UDC, el Ayuntamiento de A Coruña y otras instituciones-. Otro caso es el laboratorio de la universidad llamado QuantumLab, que cuenta con el aval y el apoyo de la Agencia Gallega de Innovación.

Acuerdo. A este ecosistema se suma la primera aceleradora española especializada en seguridad y defensa, impulsada por la Zona Franca de Vigo y la Asociación de Industrias del Metal y Tecnologías Asociadas de Galicia (Asime). El programa acompañará a empresas industriales y tecnológicas en áreas como innovación, financiación, internacionalización y acceso a grandes cadenas de valor, con especial atención a las tecnologías duales. La iniciativa busca reforzar el posicionamiento de Galicia en un sector que ya reúne a unas 30 empresas y genera alrededor de 3.500 empleos.

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