Incontinencia: romper el tabú para llegar antes al tratamiento
El 14% de los adultos sufre pérdida de control urinaria y el 8%, fecal. El estigma retrasa hasta tres años su diagnóstico y empeora la calidad de vida
Millones de personas viven con el miedo a que un estornudo, una carcajada o un pequeño esfuerzo provoquen un episodio embarazoso. Se estima que entre el 12% y el 14% de los adultos sufre de incontinencia urinaria y un 8%, fecal, según los datos difundidos por los expertos en salud pélvica en la Semana Mundial de la Continencia, celebrada del 15 al 21 de junio. La vergüenza, el estigma y la falsa creencia de que estas pérdidas de control involuntaria forman parte natural del envejecimiento, los partos o la menopausia retrasan el diagnóstico tres años de media, favoreciendo la progresión de la patología y la necesidad de tratamientos más invasivos.
Es lo que le ocurrió a Ángels Roca, paciente y presidenta de la Asociación para la Incontinencia (ASIA). “Todo empezó hace 27 años tras el parto traumático con fórceps de mi último hijo. Me dejó una pérdida total de control fecal”, relata. “Es algo muy vergonzoso. Tu vida entera pasa a depender de un lavabo y de los pañales. La autoestima disminuye, te aíslas y acabas dejando de hacer una vida normal”, añade.
La vuelta al trabajo fue especialmente difícil. “Vivía pendiente de que pudiera tener un escape. Lo peor no era tener que irme de una reunión, sino volver y explicarlo, cuando ni siquiera yo había asumido lo que me estaba pasando”, prosigue. Finalmente dejó su empleo: “Durante un tiempo dije que era para criar a mi hijo, pero la realidad es que fue la incontinencia la que me obligó a hacerlo. Tampoco fui a fiestas de final de curso ni a partidos importantes”.
Tras años de búsqueda encontró un médico que, por fin, encauzó su tratamiento. “Si hubiera trabajado el suelo pélvico después de tener tres hijos, probablemente la historia habría sido diferente”, considera.
Abordaje individualizado
Hoy lleva implantado un dispositivo de neuromodulación sacra, que estimula los nervios de la pelvis para ayudar a recuperar el control de la vejiga y el intestino. “En España, hay más de seis millones de personas con incontinencia urinaria y entre dos y cuatro millones con incontinencia fecal, pero solo la mitad de los primeros y el 30% de los segundos busca ayuda”, señala. Ahora trabaja desde la asociación para que otros pacientes reciban antes esa información y ese acompañamiento.
“Esta incapacidad no debe considerarse normal en ningún momento de la vida. Existen tratamientos”, afirma el doctor Luis López-Fando, urólogo del Hospital Universitario La Princesa, en Madrid. El primer paso, explica, es un buen diagnóstico. La forma más frecuente es la incontinencia de urgencia, que provoca una necesidad imperiosa de orinar y cuyo origen suele ser desconocido, aunque influyen factores como el sobrepeso, la diabetes o las enfermedades neurológicas. La de esfuerzo aparece al toser, reír o hacer ejercicio y está estrechamente ligada a los embarazos y los partos.
Y es que, como apunta la ginecóloga Ana Belén Muñoz, del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, en Santander, “el parto supone un estrés muy intenso para los músculos de la pelvis, que pueden llegar a distenderse hasta el triple de su tamaño. Si esos tejidos no recuperan correctamente su firmeza, aumenta el riesgo de incontinencia, prolapso y relaciones sexuales dolorosas”.
¿Cuál es el tratamiento? Pues desde los más conservadores que implican cambios en los hábitos de vida, rehabilitación de ese suelo pélvico dañado, algunos fármacos o la administración de toxina botulínica, hasta cirugía o la neuromodulación sacra que, como dice exultante Angels Roca, le ha cambiado la vida. “Lo importante es encontrar la opción más adecuada para cada paciente”, indica el doctor López-Fando.
Ese abordaje individualizado también es clave en la pérdida fecal. El doctor Franco Marinello, de la Unidad de Cirugía Colorrectal del Hospital Universitario Vall d’Hebron, en Barcelona, detalla que “la continencia es como una mesa con muchas patas: intervienen los esfínteres anales, la movilidad del colon, la capacidad del recto y la consistencia de las heces. Cualquier alteración en ellos puede provocar pérdidas”. Al igual que en el caso de la urinaria, la primera línea de acción puede comenzar con cambios en la alimentación, medicación y rehabilitación, pero también irrigaciones anales, especialmente en pacientes con secuelas de cáncer de colon o recto. “Y por supuesto, la neuromodulación”, agrega.
Mujeres, las más afectadas
Estas alteraciones afectan sobre todo a las mujeres. Como puntualiza López-Fando, la incontinencia urinaria de esfuerzo se da en mayor proporción en ellas, por su relación con los embarazos y los partos, aunque las diferencias entre ambos sexos disminuyen con la edad. Marinello dice que se suman la menopausia y una predisposición anatómica propia de la pelvis femenina. En los hombres, aunque menos frecuentes, suelen aparecer tras tratamientos oncológicos o cirugías genitourinarias y anorrectales.
Esta realidad se refleja también en la práctica clínica. Según la especialista en rehabilitación del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín, Isabel Montes, el 88% de los pacientes que atiende en su consulta es mujer. Montes defiende que la rehabilitación debe ser una de las primeras líneas de tratamiento, y que va mucho más allá de los ejercicios de Kegel –contracciones para fortalecer los músculos de la zona– e incluye educación sobre hábitos vesicales e intestinales, reeducación de la micción y la defecación, electroestimulación y terapia manual.
“El éxito depende de un abordaje multidisciplinar. La integración temprana de la rehabilitación en equipos con atención primaria, ginecólogos, urólogos, coloproctólogos, fisioterapeutas, enfermería y psicólogos favorece diagnósticos más precoces, tratamientos más eficaces y mejores resultados en salud y calidad de vida”, resume.
Neuromoudulación sacra: la técnica que devuelve el control
Red de nervios. Aunque suele asociarse a la musculatura, el suelo pélvico depende también de una red de nervios que coordina la continencia, la función sexual y el control de los órganos pélvicos.
Cómo funciona. Consiste en implantar un pequeño dispositivo, similar a un marcapasos, sobre los nervios de la pelvis. La estimulación eléctrica suave ayuda a restablecer la comunicación entre cerebro, vejiga e intestino, explica Anna Rosell, responsable de pelvic health de Medtronic, experta en tecnología sanitaria, para España y Portugal.
Cuándo se utiliza. Cuando fracasan los tratamientos conservadores. Las guías clínicas muestran que reduce los episodios de incontinencia entre un 80% y un 90% en pacientes bien seleccionados. Según Rosell, su implantación crece en los hospitales españoles, aunque aún lejos de otros países europeos. Para facilitar el acceso, Medtronic colabora con los profesionales sanitarios con formación, soporte técnico y evidencia científica.