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La Fundación Unicaja aspira a nombrar a un presidente de la casa en la cúpula del banco

Busca recuperar influencia en la cúpula de la entidad tras la falta de sintonía con Sevilla que propició su salida

Fachada de un edificio Unicaja. UNICAJA (Europa Press)

La tensión interna vuelve a planear sobre Unicaja. Hace escasas semanas el presidente de la entidad, José Sevilla, comunicó al consejo de administración su intención de no renovar en el cargo, lo que ha activado el proceso de búsqueda de sucesor. En este contexto, el primer accionista de la entidad, la Fundación Unicaja, aspira a nombrar en el banco a un presidente en consonancia al modelo de entidad que tienen en mente, cercano al terreno y a la empresa andaluza, según indican fuentes financieras.

Es cierto que el proceso para nombrar a un nuevo presidente en Unicaja aún no ha arrancado y todavía queda tiempo para ello. Sevilla anunció que se mantendrá al frente de la entidad hasta primavera, cuando caduca su plazo de tres años como presidente. Entonces se celebrará la junta de accionistas en la que se votará su sustituto, que deberá ser propuesto por el consejo de administración al menos un mes antes. En el comunicado en el que se hizo pública la decisión, el banco anunciaba que el relevo se produciría de acuerdo a lo previsto en el plan de sucesión.

El proceso, por tanto, está aún en su fase inicial. La entidad ha contratado a un cazatalentos para que lo pilote y todavía no existe una terna de candidatos al puesto. En este momento, eso sí, se busca el alineamiento de posturas. Para empezar, el primer accionista, la Fundación Unicaja, aspira a recuperar influencia en la presidencia de la entidad después del mandato de Sevilla, un banquero madrileño al que en la cúpula se afeaban sus pocos vínculos con la empresa y la realidad andaluza. La falta de sintonía del principal accionista con el banquero terminó por propiciar la salida del antiguo consejero delegado de Bankia de la firma, según indican fuentes cercanas al consejo.

Sobre la mesa de la Fundación figuran varias opciones. Una de ellas es la llamada solución CaixaBank. Esto es, aupar a uno de los consejeros dominicales que tiene la Fundación en el consejo como presidente; a saber, Miguel González (actual vicepresidente), José Ramón Sánchez, María Nieves García y María Isabel Martínez. No es una vía que sea la que el supervisor, el Banco Central Europeo (BCE), ve con los mejores ojos, pero Unicaja confía en poder argumentar que es la solución que adoptó CaixaBank con la salida como presidente de José Ignacio Goirigolzarri y el nombramiento en su lugar de Tomás Muniesa, consejero dominical de la Fundación La Caixa.

Tampoco se descarta, eso sí, que se opte por alguno de los independientes ya presentes en el consejo o alguna persona externa, como fue el propio Sevilla. Podrían volver a jugar un papel los nombres que ya se manejaron hace tres años, como el de la exconsejera de Unicaja Ana Bolado o el exdirectivo del Santander Antonio Román. Sea quien sea, la Fundación aspira que comparta su modelo de banco, muy pegado al terreno y a la realidad en Andalucía.

El alma máter del banco busca recabar para ello el apoyo de otros accionistas del banco. La idea es evitar a toda costa la tensión interna que estiró al máximo las costuras de la entidad hace cuatro años. Cierto es que, con el 31%, la Fundación es el primer accionista del banco, pero también es verdad que en los últimos años este ha reforzado la presencia de inversores externos. El magnate inmobiliario Tomás Olivo ostenta un 9,39%, así como la familia propietaria de Mayoral tiene un 8,85% y la aseguradora Santalucía, un 9,56%. Estos tres accionistas suman cerca del 28% del capital, que sumado al 6,89% de la Fundación Cajastur superan el 31% de los andaluces.

La clave es encontrar un candidato de consenso, lo suficientemente cercano a la Fundación andaluza y lo suficientemente independiente para los otros. Y evitar un nuevo escándalo interno que fuerce la intervención del BCE. El problema, en 2023, radicó en la obligación que puso el supervisor de que el presidente perdiese sus funciones ejecutivas tras la fusión de Unicaja con Liberbank. Esto dejaba como primer ejecutivo a Manuel Menéndez, procedente de la entidad asturiana, y con llevó la dimisión en bloque de buena parte del consejo de administración. Menéndez finalmente salió y la entidad, de acuerdo con Frankfurt, acordó entregar el timón del banco a la dupla formada por Sevilla como presidente y a Isidro Rubiales como consejero delegado. Su misión en estos meses ha sido pacificar la entidad y poner en marcha un nuevo plan estratégico con el que remontar el vuelo.

El BCE pilotará, en cualquier caso, todo el proceso. El supervisor está cada vez más preocupado por las cuestiones de gobierno corporativo en las entidades. Y sus deseos son bien conocidos en el sector. Espera que las entidades cuenten con presidentes no ejecutivos, y que otorguen todo el mando en plaza a los consejeros delegados, así como que estos sean totalmente independientes, con meras funciones representativas y de organización del consejo de administración.

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