Cuidar la salud exige algo más que fuerza de voluntad
Tres mitos muy extendidos dificultan el cuidado de la salud: identificar bienestar con ausencia de enfermedad, asociar una vida saludable a grandes sacrificios y confiar cualquier esfuerzo para mejorar a la voluntad


El hecho de no padecer una enfermedad diagnosticada no garantiza sentirse bien. La alimentación, el descanso, la actividad física y el bienestar emocional forman parte de una salud que se construye cada día; aunque convertir ese conocimiento en hábitos duraderos exige algo más que buenos propósitos.
En concreto, la prevención y el acompañamiento profesional ganan espacio en ese proceso, frente a la idea de que solo hace falta cuidarse cuando aparece un problema y que, para ello, la fuerza de voluntad lo es todo.
Estas cuestiones centraron el encuentro Ingredientes para vivir mejor: tres mitos sobre la salud que debemos dejar atrás, organizado por CincoDías en colaboración con el BBVA. El coloquio reunió a Francisco Rey, director de desarrollo de negocio de BBVA Seguros, y a Natalia Galán, nutricionista de Blua, el servicio digital de de Sanitas. Ambos expertos analizaron las barreras que dificultan incorporar rutinas saludables y cómo superarlas.

Galán defendió una concepción de la salud que incluye la energía, las relaciones personales o el vínculo con la comida. “Es un proceso dinámico, en el que vamos a tener siempre margen de mejora, y en el que podemos trabajar”, explicó. Una persona sin patologías puede presentar molestias digestivas o sentirse agotada, situaciones ambas sobre las que cabe también intervenir.
Anticipación
Esa mirada encuentra su correspondencia en las demandas de los asegurados, señaló Rey, quien aseguró que buscan soluciones que les ayuden a anticiparse a los problemas y a llevar ritmos de vida más adecuados. “El gran reto está precisamente en anticiparnos a cuando hay un verdadero problema”, afirmó. El objetivo, para él, es favorecer vidas más sanas y duraderas “mediante una atención que empiece antes de la enfermedad”.
Por su parte, la nutricionista situó el estrés entre los factores que suelen quedar relegados cuando se intenta mejorar la alimentación. “En consulta, es frecuente encontrar detrás de esa petición un problema de cansancio y de gestión de las tensiones cotidianas”. Para Galán, descanso, ejercicio, alimentación y bienestar emocional están conectados: abordar uno de esos ámbitos requiere entender qué sucede en los demás.
Otro obstáculo es asociar los cuidados a un desembolso elevado. Galán recordó que las legumbres, las frutas y las verduras de temporada o las conservas de pescado permiten construir una alimentación saludable. Y que, por el contrario, las modas, las etiquetas prémium y los ingredientes exóticos pueden encarecer una compra sin resultar necesarios. “Trabajar desde consulta en la planificación es fundamental”, sostuvo. Porque organizar menús sencillos, comprar lo previsto y aprovechar ingredientes en distintas preparaciones facilita mantenerlos.
Retos progresivos
Rey llevó esa necesidad de adaptación al terreno del seguimiento profesional. “Las recomendaciones deben encajar con la profesión, los horarios y las circunstancias de cada asegurado”. Los retos demasiado ambiciosos pueden impulsar un arranque entusiasta, según él, “pero también favorecer el abandono unas semanas después”. Encontrarse mejor de forma progresiva, afirmó, “ayuda a dar continuidad al esfuerzo”.
El directivo del BBVA insistió en que el apoyo de los seguros debe ayudar a sostener esos cambios, sin descargar toda la responsabilidad sobre la constancia individual. Y es que la intervención de especialistas permite orientar a cada persona y acompañarla en el proceso. “Esa atención debe contemplar lo que resulta viable dentro de su jornada, para que las pautas puedan incorporarse a la vida cotidiana y no quedarse en una intención inicial”.
Galán introdujo además un matiz: las posibilidades de cuidarse están condicionadas por el entorno. El acceso a alimentos, espacios seguros para hacer ejercicio y educación en salud no es igual para todos. “Lo fundamental es saber qué persona tenemos enfrente”, dijo. Porque “adaptar las recomendaciones permite trabajar con esas diferencias sin ignorar su influencia”.
Fines medibles
La tercera creencia cuestionada fue que mantener hábitos saludables dependa exclusivamente de la fuerza de voluntad. “La motivación cambia con el cansancio o el descanso”, argumentó la nutricionista de Sanitas, por lo que propuso objetivos específicos, medibles, adaptables, relevantes y temporales.
Así, frente al propósito abstracto de comer mejor, Galán planteó incluir una verdura en comida y cena cinco días semanales durante un mes. “E ir estableciendo un plan, una estructura, cómo lo voy a hacer, cuánto tiempo…”. Y una vez consolidado ese comportamiento, se puede avanzar hacia el siguiente objetivo.
Tecnología y genética
La digitalización permite trasladar parte del seguimiento de la salud al día a día de cada asegurado. Durante la conversación, Francisco Rey destacó herramientas que facilitan el ejercicio en casa, las consultas a distancia y la observación de determinados indicadores. Su utilidad, defendió, “depende de que simplifiquen las rutinas y de que un profesional convierta luego esa información en orientaciones adaptadas a cada persona”.
Entre los ejemplos, citó la fisioterapia apoyada en inteligencia artificial, que ayuda a corregir los ejercicios realizados en el domicilio, y la posibilidad de medir constantes vitales con el móvil. Con la advertencia de que no basta con acumular registros: “El dato por el dato, al final nos vamos a volver locos”. Interpretarlos y relacionarlos con los objetivos del usuario exige criterio profesional. “El factor humano es muy importante”, subrayó.
Y por eso, el directivo del BBVA ilustró ese acompañamiento con su propia experiencia. Explicó que utiliza el programa de nutrición y que Natalia Galán le orienta desde hace unos meses, aunque ambos se conocieran en persona el día del coloquio. Las conversaciones a distancia les permiten ajustar las recomendaciones a sus horarios, su ritmo de vida y sus comidas. Según indicó, el programa de nutrición cuenta con más de 110.000 asegurados.
La personalización se extiende también a la información genética. Rey mencionó un servicio que analiza cómo pueden influir las características genéticas de cada persona en su respuesta a 120 medicamentos. La finalidad, según aclaró, es conocer mejor qué tratamientos pueden resultar adecuados y cuáles podrían no ofrecer el resultado esperado.
Ambos describieron un análisis de 230 genes orientado a identificar predisposiciones a desarrollar determinadas enfermedades. Ese conocimiento, argumentaron, permite plantear actuaciones preventivas y adaptar hábitos antes de que aparezca un problema. La anticipación amplía así el alcance de una cobertura que se vinculaba tradicionalmente con la atención de la enfermedad.
“Lo más importante es una visión integral”, sostuvo Rey, al explicar la combinación de profesionales sanitarios, innovación y prevención. En su planteamiento, los servicios deben acompañar al asegurado con recomendaciones que respondan a sus necesidades concretas y puedan mantenerse en el tiempo.
Recomendaciones para el día a día
Vegetales. Incorporarlos en la comida y en la cena, caminar entre 20 y 30 minutos diarios y cuidar el descanso fueron las tres propuestas de Galán. La nutricionista añadió ejercicios de fuerza en casa, “utilizando incluso objetos cotidianos, como tetrabriks de leche, para empezar sin comprar equipamiento”.
Sueño. La nutricionista recomendó evitar las pantallas durante las últimas horas del día, mantener horarios similares al acostarse y levantarse y establecer una rutina relajante. “Va a aportarnos beneficios y lo vamos a notar rápido en nuestra salud”.
Progresión. Rey propuso una solución sencilla para quienes se frustran al no alcanzar los 10.000 pasos diarios: “Fijar primero una meta de 6.000”. El avance gradual permite ajustar la actividad al punto de partida, “sin convertir una referencia general en una exigencia que termine desanimando a quien empieza”.