Los nuevos accionistas de Talgo fijan un dividendo del 30% del beneficio
Los fondos aportados por los socios quedan fuera del reparto

El consorcio vasco que controla el capital de Talgo se compromete a un reparto de dividendos que suponga el 30% del beneficio neto consolidado de cada ejercicio. Fuera de esta política de retribución quedan los fondos aportados por estos accionistas y la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) para sanear el balance del fabricante de trenes.
En 2025, Talgo perdió 100 millones, un 6,7% menos que en 2024. Ese ejercicio, la multa de Renfe por el retraso en la entrega de trenes disparó los números rojos hasta los 107 millones. La facturación al pasado 31 de diciembre alcanzó los 618 millones, un 7,65% por debajo de los ingresos de 2024.
El grupo que forman el Gobierno vasco (a través de su fondo Finkatuz), la siderúrgica Sidenor (por medio de la instrumental Clerbil) y las fundaciones BBK y Vital han trasladado esa estrategia a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) a primera hora de este martes, antes de la apertura del mercado bursátil.
Un plan que forma parte del pacto parasocial que suscribieron entre ellos antes de entrar en Talgo. Asimismo, han comunicado al regulador que ya han materializado el traslado de la sede social y fiscal de la empresa de Madrid a Vitoria, donde arrancó la trayectoria industrial de la corporación ferroviaria.
Talgo mantendrá su sede en Vitoria “durante toda la vigencia del contrato”. Es decir, mientras el consorcio que lidera José Antonio Jainaga, presidente de Sidenor, siga como accionista mayoritario.
La siderúrgica logra con su nueva participada alavesa una diversificación del negocio. Las dos terceras partes de su producción de aceros especiales se destina al sector del automóvil, que en Europa sufre una caída de matriculaciones. En cambio, el tren gana cuota en el ámbito del transporte por la tendencia internacional hacia la movilidad sostenible, para reducir las emisiones contaminantes.
Los nuevos accionistas de Talgo cogieron el mando de la compañía a finales del año pasado, renovando tanto el equipo de dirección como el consejo de administración.
Al frente de la gestión, Jainaga ha situado como director general a Rafael Sterling, que releva a Gonzalo Urquijo, el anterior CEO que presentó su dimisión antes de que fuera cesado por los actuales accionistas. Sterling ha desarrollado su carrera en la industria. Procede del carrocero de autobuses Irizar.
El consejo, bajo la presidencia de Jainaga, cuenta con ocho miembros. El empresario vasco ha fichado a la directiva de CIE Automotive Lorea Arisitizabal y a Tomás Olano, ex CEO de Bergé. También ha incorporado a la abogada Arantza Estefanía y a Ricardo Chocarro, ex directivo de Siemens Gamesa y de Aernnova, entre otras novedades.
La organización interna se completa con tres nuevas comisiones. Lorea Aristizabal estará al frente de la de auditoría y Arantza Estefanía se responsabilizará de la nombramientos y retribuciones. La referente a la estrategia será responsabilidad de Antonio Oporto.
El reto que tienen por delante es el de sacar la máxima rentabilidad a una cartera de pedidos 6.000 millones. Para este año, Talgo prevé ingresar 750 millones, lo que supondría batir su récord de ventas en un ejercicio.
Entre los mensajes lanzados por Jainaga en esta nueva etapa, la contratación de 200 personas para reforzar la plantilla de la principal fábrica del grupo, ubicada en Rivabellosa/Berantevilla (Álava). Su actual equipo de profesionales está integrado por 700 empleados. La red industrial de Talgo en España se completa con el centro de Las Rozas.
El cambio histórico en el accionariado de una empresa con más de un siglo de trayectoria industrial provocó la salida del anterior presidente, Carlos Palacio Oriol, heredero de los fundadores y que ocupó el cargo durante 24 años. Seguirá vinculado al grupo como accionista y presidente de la Fundación Talgo.