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La industria farmacéutica impulsa envases más sostenibles gracias al ecodiseño

Los planes empresariales de prevención de Sigre potencian la economía circular. Uno de cada tres medicamentos comercializados en España incorpora algún tipo de mejora en su empaquetado

Una mujer deposita medicamentos en desuso en el punto Sigre de una farmacia.alba garcia

El ecodiseño, que consiste en introducir criterios ambientales desde el momento en que se concibe un producto, desde la fase de diseño inicial hasta su fabricación, embalaje, transporte y distribución, está cada vez más presente en la vida cotidiana. Electrodomésticos más eficientes energéticamente y con menos consumo de agua, muebles modulares y biodegradables, ropa y calzado elaborados con plástico oceánico y materiales orgánicos o envases fabricados con material reciclado son algunos ejemplos de una tendencia presente en todas las ramas de la industria.

En el ámbito farmacéutico, el ecodiseño se traduce en utilizar menos material, escoger opciones más reciclables, optimizar tamaños y formatos o emplear tintas más ecológicas (de origen vegetal, fabricadas a partir de aceites de soja, linaza o resinas naturales). Esta transformación, y su sostenibilidad en el tiempo, ha sido posible gracias a los planes empresariales de prevención y ecodiseño de Sigre desde su puesta en marcha en el año 2000.

Sigre, que es la entidad sin ánimo de lucro encargada de garantizar la correcta gestión medioambiental de los envases y restos de medicamentos que se generan en los hogares, tiene además como una de sus principales labores promover el nuevo modelo de economía circular en el sector farmacéutico, impulsando el ecodiseño en los envases de los medicamentos. Los planes están regulados por el Real Decreto 1055/2022, de 27 de diciembre, de envases y residuos de envases, en el que se debe detallar una serie de objetivos de prevención cuantificados, las medidas previstas para alcanzarlos y los mecanismos de control para comprobar su cumplimiento.

Miguel Vega, director general de Sigre, explica que esta entidad actúa “como un socio estratégico para la industria farmacéutica a través de diferentes iniciativas: asesoramiento, a través de planes empresariales de prevención de envases del sector farmacéutico, webs específicas sobre ecodiseño en envases farmacéuticos, etc.; colaboración sectorial (trabajamos estrechamente con centros tecnológicos como Itene o Packnet y organismos de normalización); difusión, mediante la publicación de catálogos que recogen las iniciativas de ecodiseño más innovadoras o con mayor impacto medioambiental en el sector; o a través de los Premios Sigre, que fomentan la I+D+i con reconocimientos que premian las ideas más innovadoras en prevención y ecodiseño, incentivando que los propios laboratorios investiguen nuevas soluciones”.

Planes trienales

Vega señala que desde su puesta en marcha, Sigre ha desarrollado con éxito ocho planes trienales de prevención, que han permitido que los envases farmacéuticos sean cada vez más ecológicos y reciclables. “Para ello, desde el año 2000 hasta la actualidad, las compañías farmacéuticas han emprendido más de 3.300 iniciativas de mejora ambiental, que se han aplicado a más de 1.000 millones de envases comercializados a lo largo de este periodo de tiempo, de forma que actualmente uno de cada tres medicamentos comercializados en España incorpora alguna medida de ecodiseño en sus envases para ser más respetuoso con el entorno”.

Fruto de esta evolución, hoy es habitual encontrar estuches más pequeños, cajas mejor aprovechadas o envases con menos espesor. La disminución del tamaño de los envases tiene un beneficio medioambiental directo: se consume menos materia prima, se generan menos residuos y se facilita su posterior reciclaje a través del punto Sigre de las farmacias, donde los ciudadanos deben depositar los envases y restos de medicamentos después de su uso. Además, se mejora también la eficiencia logística, lo que disminuye emisiones y consumo de recursos a lo largo de toda la cadena farmacéutica.

En la fabricación de los envases externos (cajas de cartón, estuches, embalajes), donde no hay contacto directo con el medicamento, “se fomenta cada vez más el uso de cartón reciclado y la incorporación de materias primas secundarias procedentes del reciclaje”, apunta el director general de Sigre. “Así, la mayoría de los estuches farmacéuticos ya provienen de fibras recicladas y cuentan con certificaciones de gestión forestal sostenible (como FSC o PEFC)”, asevera.

En los envases primarios (blísteres, frascos, ampollas…), “al ser las limitaciones mayores porque se debe garantizar la estabilidad del medicamento, la seguridad del paciente y la ausencia de migraciones de sustancias del material reciclado al medicamento, sigue siendo frecuente el uso de materia prima virgen, aunque se investiga para aumentar la reciclabilidad y reducir su peso y volumen”, remarca Vega.

Todas estas mejoras son evaluadas bajo criterios de seguridad y supervisadas por las autoridades sanitarias, por lo que cualquier cambio solo se aplica cuando es técnicamente viable y se garantiza la conservación adecuada del medicamento. Y se hace cumpliendo los estrictos requisitos para garantizar la calidad, seguridad, estabilidad y eficacia del fármaco que contiene y servir de soporte de información para que el paciente pueda hacer un uso correcto del mismo. De esta forma, estas modificaciones no alteran en ningún caso la calidad ni la seguridad del medicamento, simplemente permiten que su huella ambiental sea menor.

Miguel Vega, director general de Sigre.

Logística inversa

La distribución farmacéutica es la encargada de recoger de las farmacias los envases y residuos de medicamentos depositados en los puntos Sigre. Este proceso de logística inversa aprovecha los canales de distribución y venta de productos para la recogida de los residuos, permitiendo reducir el impacto medioambiental de estas actividades y contribuir a avanzar hacia una economía más circular. Además, en el caso de los medicamentos, garantiza la trazabilidad y control de los residuos hasta su reciclado o valorización, evitando así daños a la salud pública.

Los residuos son trasladados a los almacenes de la distribución, donde son depositados en contenedores estanco. Desde ahí, gestores autorizados los llevan hasta la Planta de Clasificación de Envases y Residuos de Medicamentos situada en Tudela de Duero (Valladolid). En esta planta, la aplicación de la inteligencia artificial y la robótica en la clasificación de los residuos permiten ya reciclar casi el 70% de los envases recogidos.

Aquellos restos de envases que no pueden reciclarse y los restos de medicamentos se destruyen aprovechando su poder calorífico como fuente de energía, de manera que se evita el consumo de combustibles fósiles. “Todos los restos de fármacos son destruidos para cumplir la normativa vigente sobre donaciones de medicamentos, que prohíbe el uso de estos residuos para pacientes de cualquier país”, apunta Miguel Vega.

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