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Aramco promete 115.000 millones en dividendos para aliviar el déficit público de Arabia Saudí

El beneficio de la mayor petrolera del mundo cae un 14% y pone el foco en los negocios de gas y refino

FILE PHOTO: A 3D printed natural gas pipeline is placed in front of displayed Saudi Aramco logo in this illustration taken February 8, 2022. REUTERS/Dado Ruvic/Illustration/File Photo
FILE PHOTO: A 3D printed natural gas pipeline is placed in front of displayed Saudi Aramco logo in this illustration taken February 8, 2022. REUTERS/Dado Ruvic/Illustration/File PhotoDado Ruvic (REUTERS)

Dividendo en máximos pese a la caída de los beneficios. El gigante petrolero y sexta mayor empresa del mundo por valor de mercado, Saudi Aramco, repartirá este trimestre más de 31.000 millones de dólares (28.840 millones de euros) entre sus accionistas, para sumar más de 115.000 millones de euros en todo 2024. Esa promesa para el año en curso tiene mucho que ver con el déficit fiscal previsto por Arabia Saudí —titular de más del 98% de las acciones de la energética e inmersa en un colosal plan de diversificación de su economía a golpe de talonario—, que este año cerrará en su nivel más alto desde la pandemia.

En los tres primeros del año, según las cifras publicadas este martes, Aramco vio reducido su beneficio neto en un 14%, hasta algo menos de 27.300 millones de dólares. Todo, pese a la “mejora en las condiciones del mercado mundial, con unos mayores precios del crudo”. De cara al futuro, el presidente y consejero delegado, Amin H. Nasser, pone el foco en dos actividades para dejar de depender tanto de la que hoy sigue siendo su mayor actividad —la extracción de crudo—: la venta de gas natural y la expansión de su negocio de refino, que tantos réditos ha dado en los años de la crisis energética.

El crudo, lejos de lo que necesita Riad

El dinero procedente de la mayor petrolera del mundo es vital para las finanzas públicas saudíes, que acumulan ya seis trimestres consecutivos en números rojos y cuyo déficit superará los 21.000 millones de dólares este año. La deuda pública, en cambio, sigue siendo muy manejable en comparación con las cifras de los países ricos: es solo ligeramente superior al 25% del PIB. Para lograr el equilibrio fiscal, el Reino del Desierto necesita que el barril de Brent ronde los 108 dólares. Un nivel que prácticamente ninguna casa de análisis contempla. Ni a corto, ni a medio, ni a largo plazo.

En su informe trimestral, la petrolera prevé que el crudo promedie 83 dólares este año, muy cerca del nivel al que cotiza hoy y algo más de los 81 de media en 2023. El Gobierno saudí tiene, de alguna manera, la sartén por el mango: pese a las débiles previsiones de demanda para los próximos trimestres, Riad es el líder de facto de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que lleva años aplicando tijeretazos de oferta para sostener artificialmente el precio. Y que, salvo sorpresa mayúscula, mantendrá su política de recortes en su reunión del 1 junio.

El Gobierno saudí, que sacó Aramco a Bolsa solo unos meses antes del confinamiento, sopesa ahora una nueva venta de acciones de la petrolera para hacer caja. Los inversores internacionales, en cambio, desconfían de sus planes para una empresa que —incluso si finalmente optase por deshacerse de un nuevo paquete de acciones— domina con puño de hierro. Tanto el dividendo del trimestre —superior incluso al flujo libre de caja de la empresa— como la promesa para el conjunto del año son una muestra inequívoca de ello.

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