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Nacho Abia, el revulsivo para cambiar la imagen de Grifols

El ejecutivo asume este lunes el cargo de consejero delegado y tiene experiencia en gestión de crisis tras su paso por Olympus

Josep Catà Figuls
Nacho Abia, nuevo CEO de Grifols, en una imagen cedida.
Nacho Abia, nuevo CEO de Grifols, en una imagen cedida.Foto cedida por la empresa

La imagen que uno tiene de algo o de alguien no tiene por qué durar para siempre. Eso lo sabe bien Nacho Abia (Barcelona, 55 años), quien este lunes ha sido nombrado consejero delegado de Grifols tras dedicar casi toda su carrera a la compañía japonesa Olympus. Cuando se piensa en esta empresa lo primero que viene a la cabeza son las cámaras fotográficas, pero realmente con lo que empezó Olympus en 1919 fue con las lentes para microscopios. Pronto cosechó una gran fama con sus modelos de cámaras de fotografía, pero llegó el nuevo siglo y no pudo competir en la carrera digital: en 2020 la compañía nipona decidió vender esta división y centrarse en su negocio de ópticas y sistemas para equipamientos médicos. Uno no puede dejar de pensar, cuando escucha la palabra Olympus, en las fotos y álbumes familiares, y sin embargo a la empresa le va muy bien solo con el negocio en el que está enfocada ahora.

Abia llega a Grifols con este objetivo: dejar atrás la imagen que se tiene de la multinacional catalana especializada en hemoderivados, y centrarse en el negocio. La crisis de cotización que empezó a sufrir Grifols con el estallido de la pandemia, por el temor de los inversores de que la caída de la actividad hiciese más difícil devolver su elevada deuda, ha tenido consecuencias desastrosas en los últimos meses. La multinacional farmacéutica trató de calmar a los mercados con varios movimientos: primero con el paso al lado de Víctor Grifols Roura, artífice de la expansión que llevó a la empresa al liderazgo pero que también abultó su deuda; luego con la cesión de la familia de todos los puestos ejecutivos al hasta ahora presidente y consejero delegado, Thomas Glanzmann; y finalmente con un plan de reestructuración de costes y una reorientación de la estrategia para rebajar la deuda, que incluía entre otras cosas la venta de una parte del porcentaje que tenía de la empresa china Shanghai RAAS.

No fue suficiente, y al acecho estaba la firma de análisis Gotham City Research, que en enero publicó un informe para acusar a Grifols de llevar a cabo prácticas contables y financieras fraudulentas. El vendaval que provocó este informe en la cotización —con el que Gotham, que actúa también como fondo bajista, obtuvo ganancias—, las dudas que sembró en la reputación de la farmacéutica y la petición de la CNMV —que tras investigarlo, no encontró errores significativos en las cuentas de Grifols pero pide que comparta detalles sobre los resultados y las deudas netas de entidades en las que la multinacional tiene participaciones no controladas—, han llevado a Grifols a buscar nuevos golpes de efecto.

Los deberes del nuevo consejero delegado

El primer golpe de efecto se explica en la composición del consejo, en el que los dos miembros de la familia que todavía desempeñaban funciones ejecutivas, Raimon Grifols y Víctor Grifols Deu, pasarán a ser consejeros dominicales, completando ya definitivamente la profesionalización de la compañía, dejando a la familia en su rol de accionistas. El segundo giro es que Grifols ya no dejará en manos de KPMG la auditoría de sus cuentas, después de 34 años, y el relevo lo tomará Deloitte, un gesto que intenta disipar las dudas que generó el informe de Gotham. Y el tercer golpe de efecto es el propio nombramiento de Abia como consejero delegado: tiene experiencia en gestión de crisis y en darle la vuelta a la imagen de una compañía.

El nombramiento se anunció el pasado 5 de febrero, y este lunes asume el cargo, dejando a Glanzmann en la presidencia ejecutiva. Los primeros objetivos de Abia pasarán por mostrar mayor transparencia y reducir el endeudamiento, que a cierre de 2023 alcanzó los 9.420 millones de euros (lo que supone una ratio de apalancamiento de 6,3 veces el resultado bruto de explotación o ebitda). Para este objetivo, la carpeta que tiene Abia ya en la mesa es la de culminar la venta del 20% de Shanghai RAAS por unos 1.600 millones de euros.

Abia estudió Ingeniería Superior de Telecomunicaciones y Electrónica en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), y más tarde hizo un master MBA en la escuela de negocios EAE de Barcelona, y un Programa de Alta Dirección de empresas en IESE. Tras un paso breve por Sony, Abia entró en Olympus en 2001 para pilotar el negocio en la región ibérica, y en 2008 pasó a ser, por algo más de tres años, director general de las regiones de Europa, Oriente Próximo y África. En 2011 se instaló en Estados Unidos, donde fue escalando hasta llegar a presidente y consejero delegado de Olympus Corporation of the Americas, la filial de la multinacional nipona con sede en Pennsylvania, cargos que ha desempeñado en la última década. A este cargo añadió después los puestos de director general de operaciones y director general de estrategia del grupo.

Quizá en ello tuvo que ver su desempeño en una importante crisis reputacional de Olympus. Fue en 2016, por la multa que impuso el Gobierno de Estados Unidos, de 634 millones de dólares, a las filiales de Olympus en EE UU y Brasil por supuestos sobornos y comisiones ilegales pagadas a médicos antes de que Abia se hiciese cargo de la filial americana. El ejecutivo evitó un procedimiento judicial, y más tarde en varias entrevistas lamentó lo sucedido pero puso en valor la capacidad de aprendizaje de la compañía. Una mirada hacia el futuro, que es lo que precisamente necesita ahora Grifols.

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Sobre la firma

Josep Catà Figuls
Es redactor de Economía en EL PAÍS. Cubre información sobre empresas, relaciones laborales y desigualdades. Ha desarrollado su carrera en la redacción de Barcelona. Licenciado en Filología por la Universidad de Barcelona y Máster de Periodismo UAM - El País.
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