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Cine y derecho
Tribuna
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'Oppenheimer': Una historia a través de dos procesos

Como hilo narrativo, el proceso al que se le sometió para retirarle su acreditación de seguridad en la Agencia de Energía Atómica de Estados Unidos

Cillian Murphy interpreta a J. Robert Oppenheimer en la película de Christopher Nolan.
Cillian Murphy interpreta a J. Robert Oppenheimer en la película de Christopher Nolan.

Christopher Nolan es uno de los más famosos directores del Hollywood actual, y lo que podríamos denominar “un autor”, en el sentido clásico del término al ser perfectamente identificables en su obra tanto los elementos formales que caracterizan su labor como realizador como un hilo temático coincidente. Se caracteriza por su obsesión por el tiempo y las paradojas espacio-temporales, uno de los rasgos característicos de obras como Origen, Interestellar o Dunkerque o Tenet.

En Oppenheimer nos narra en forma de biopic la historia de J. Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, desde sus inicios como estudiante de física hasta los momentos cercanos a su fallecimiento. Toma como hilo narrativo de la misma el proceso al que se le sometió para retirarle su acreditación de seguridad en la Agencia de Energía Atómica de Estados Unidos, en el que se le acusó de haber tenido relaciones con el Partido Comunista, y que supuso su muerte civil, de la que solo sería rehabilitado meses antes de su fallecimiento.

La película afronta tanto la vida personal de Oppenheimer como su trayectoria académica y profesional, centrándose en la dirección del proyecto Manhattan en los Álamos durante la Segunda Guerra Mundial, que permitió el desarrollo de la bomba nuclear que se detonó sobre Hiroshima y Nagasaki.

La película juega con distintas líneas temporales para narrar la historia. Por un lado, del mencionado proceso desarrollado en 1954 contra el destacado físico, que careció de las más mínimas garantías jurídicas (no se facilitaron listas de testigos, se utilizaron grabaciones ilegales y se tergiversaron pruebas) al tratarse de un proceso interno de la agencia. Y, por otro, de la ratificación por el Senado de los Estados Unidos en 1959 del senador Lewis Strauss como secretario de Comercio, quién primero fue amigo y después traicionó a Oppenheimer por disentir este último de sus ideas en materia de energía nuclear.

Unas interpretaciones absolutamente brillantes, empezando por Cillian Murphy que lleva el peso del relato dando vida al eminente físico y nos hace visualizar las contradicciones y miedos sobre el uso que se le podrá dar a su creación, un elenco de secundarios a cual mejor (Robert Downey Jr., Emily Blunt, Matt Damon), una fotografía en blanco y negro que contribuye a la verosimilitud de la historia, una banda sonora magistral y un guion sumamente preciso hacen de la película una experiencia total. Nolan consigue que el biopic se transforme en un thriller judicial, y que la película se visualice como “un film de Christopher Nolan”, probablemente el mejor de su carrera con todo lo que ello conlleva.

Las relaciones entre los políticos, los militares y la comunidad científica, el clima imperante en la guerra mundial con la necesidad de superar tecnológicamente al ejército nazi, la caza de brujas en la posguerra, el papel de la ideología en los hallazgos científicos, los egos y las contradicciones de las mentes brillantes del mundo de la ciencia, todo ello está presente en una película majestuosa, ágil en su montaje y narración, pero profunda e intelectual en cuanto a los temas que aborda, muy diferente a lo que nos tiene habituado el último cine comercial. En definitiva, una obra maestra.

José Luis Luceño Oliva. Profesor de Loyola Másteres.

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