España ayudará a recordar a Europa las lecciones del Covid

El país puede asumir un papel de liderazgo en la política sanitaria europea durante la próxima presidencia en la UE

El famoso diccionario Collins declaró hace unas semanas permacrisis como la palabra del año, definiéndola como “un periodo prolongado de inestabilidad e inseguridad, especialmente aquél que se da por serie de acontecimientos catastróficos”. Repasando las noticias y los titulares, todos estaremos de acuerdo en que 2022 se convirtió en una tormenta perfecta. Mientras los países europeos salían progresivamente de una pandemia, se vieron arrastrados a un shock inflacionista pospandémico y a una crisis energética provocada por una trágica guerra en el Viejo Continente.

Cabe esperar que 2023 no traiga mucho alivio. En este modo de permacrisis, hemos visto lo difícil que puede ser encontrar el equilibrio adecuado entre las soluciones a corto plazo y la visión a largo plazo que Europa se ha fijado, sobre todo a través de su Pacto Verde.

Con todo ello, sin embargo, los intereses de la población deben permanecer en el centro, a pesar de las turbulencias económicas. Para España, y para la Unión Europea, esto significa situar la seguridad sanitaria en el centro del futuro de Europa. ¿Por qué? Porque la pandemia nos ha recordado que la economía está intrínsecamente ligada a unos sistemas sanitarios fuertes y a unos profesionales de la salud comprometidos, así como al ecosistema industrial y científico de Europa. Garantizar la salud de Europa es tan importante como garantizar su independencia energética. Esta es la lección que no debemos olvidar.

Tras la crisis económica de 2008, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) informó de un descenso del gasto sanitario en los Estados miembros, lo que contribuyó a que los sistemas sanitarios fueran más vulnerables ante las amenazas para la salud.

La salud es una inversión, no un coste, y debemos mirar al futuro con una ambición renovada. Eso significa también que tenemos que actuar conjuntamente como Europa y proporcionar los instrumentos y recursos al nivel de esa ambición. El tiempo es crucial. Otros países, como Estados Unidos y China, se están moviendo muy rápidamente para dar respuesta a un mundo incierto y están invirtiendo fuertemente en sectores estratégicos clave.

Tras tener una reunión recientemente con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la que también han participado miembros de su Administración y representantes de la industria farmacéutica, me siento muy esperanzado por la visión del Ejecutivo español de hacer de la sanidad una prioridad. Una prioridad que pasa por potenciar aún más el liderazgo de España en ensayos clínicos –solo superado por Estados Unidos– la inversión en salud digital y la reforma de la Ley del Medicamento.

España tiene una base sólida sobre la que construir. La industria farmacéutica en el país emplea a más de 50.000 personas en puestos de trabajo cualificados y es el segundo mayor inversor privado en I+D. Está bien posicionada a nivel mundial para atraer inversiones y talento.

Sin embargo, las inversiones de la industria farmacéutica en España solo pueden ser sostenibles si benefician plenamente a los pacientes. Con demasiada frecuencia, los pacientes españoles no tienen acceso a ciertos medicamentos y vacunas innovadoras a tiempo. Por eso necesitamos un plan cohesionado que apoye desde la I+D hasta la fabricación, desde la tecnología digital hasta el acceso de los pacientes a medicamentos innovadores, para mejorar la salud de la población y reforzar la economía de España. Para tener éxito, dicho plan necesita objetivos comunes entre el Gobierno, la industria y los principales agentes sanitarios.

Aprovechando las lecciones de la pandemia en su propio país y como actor clave dentro de la UE, España puede asumir un papel de liderazgo, a través de su próxima presidencia de la Unión Europea, para ayudar a construir aún más la seguridad sanitaria de Europa.

Europa sabe avanzar unida, como demuestran sus iniciativas en otros sectores clave, como los chips electrónicos o el hidrógeno. Me voy de España, y de mi encuentro con el presidente del Gobierno sabiendo esto: el compromiso de España de dar prioridad a la sanidad es claro. El país puede ahora mostrar el camino a seguir y trabajar con sus socios para construir una estrategia para el sector biofarmacéutico europeo que aproveche las nuevas tecnologías, reforzando la seguridad sanitaria, la resiliencia y la prosperidad del continente. Esto beneficiará a España, beneficiará a Europa y beneficiará al mundo.

Debemos trabajar juntos, industria y Gobierno, para transformar las ambiciones en realidades tangibles, en España y en toda Europa. Como compañía europea líder con un sólido legado en España, estamos preparados para desempeñar nuestro papel.

Paul Hudson es CEO de Sanofi