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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

La oportunidad perdida de la justicia europea con Amazon

El peculiar modelo de negocio híbrido de Amazon, cuya plataforma comercializa productos propios, pero también productos de terceros respecto a los cuales solo ejerce de intermediario, ha planteado más de un problema jurisprudencial en materia de propiedad intelectual y de protección de marcas. Así ocurrió en 2020, por ejemplo, en relación a un conflicto en torno a la comercialización sin licencia de perfumes Davidoff en Alemania, que se saldó con una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE en la que se exoneraba de responsabilidad a Amazon y se cargaban las tintas únicamente sobre la compañía que ofrecía las fragancias. Ahora, dos años y medio más tarde, la misma justicia europea ha abierto la puerta para que los tribunales nacionales decidan si la compañía fundada por Jeff Bezos es responsable o no por alojar ofertas de productos falsificados, comercializados por terceras empresas. El fallo, que parte de dos demandas contra Amazon planteadas por la marca de zapatos Louboutin, se aparta sustancial e inusualmente de las conclusiones a las que llegó hace unos meses el abogado general del tribunal, el cual defendía con claridad que Amazon no tiene responsabilidad sobre las ofertas de terceros, pese a que estas se promocionen junto a las hechas directamente por la plataforma.

La decisión del tribunal europeo devuelve, por tanto, la patata caliente a los jueces nacionales, que deberán establecer si Amazon y plataformas como ella tienen el deber de controlar las ofertas de terceras compañías. No es un asunto menor, dado el volumen de productos de terceros que se ofrecen bajo este modelo de negocio, y tendrá consecuencias importantes. La más destacada es la posibilidad de que en Europa acaben coexistiendo dos tipos de baremo jurisprudencial a la hora de dirimir este tipo de conflictos: uno que exonere de responsabilidad a las plataformas respecto a los productos que venden terceras compañías y otro que no lo haga, con las consecuencias que ello puede tener sobre el riesgo al operar en cada país y en la política comercial.

La decisión del tribunal de la UE abre la puerta a una pluralidad, sin duda, legítima, de jurisprudencias, pero no servirá para unificar criterios. También renuncia a la oportunidad de delinear los perfiles de responsabilidad de un modelo de negocio sobre el que existen dudas importantes, como el tribunal deja entrever cuando reconoce que Amazon utiliza un “método uniforme” de presentación de ofertas de venta que muestra al mismo tiempo anuncios propios y anuncios de vendedores externos, y exhibe su propio logotipo de distribuidor acreditado, al tiempo que ofrece servicios adicionales de terceros, lo que puede generar una confusión más que razonable en el consumidor y, por tanto, preocupante.

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