Las empresas tienen músculo suficiente para apostar por volver al mercado

Las grandes empresas españolas han recorrido un largo camino desde los años en que la banca conformaba su fuente primaria y casi total de financiación, un esquema que se quebró de forma abrupta cuando la crisis de 2008 dejó claros los riesgos de depender en exceso de la salud de los balances bancarios y alertó de la necesidad de diversificar las fuentes de financiación y comenzar a acudir a los mercados de capitales. Desde entonces, el mix de recursos financieros de las compañías, especialmente en el caso de las de mayor tamaño, se ha transformado considerablemente. Según datos de BME, el peso de la financiación mediante crédito bancario en los pasivos de estas grandes corporaciones ha pasado del 49,6% en 2010 al 26,3% en 2021.

Pese a esa notable evolución, el endurecimiento de la política monetaria del BCE ha propiciado que este año las emisiones de deuda corporativa de empresas y bancos hayan caído con fuerza en toda la zona euro. Un descenso que se ha visto compensado en parte por el crecimiento de los préstamos bancarios, ya que en ocasiones estos han resultado más asequibles para las empresas que la colocación de deuda. Los datos del Banco de España reflejan un fuerte repunte de los créditos de más de un millón de euros, especialmente durante la primera parte del año, como consecuencia de unos mercados cuyos costes de financiación han sido superiores, y de unas empresas que buscan reducir la factura al máximo.

Aunque esa diferencia de costes se ha ido equilibrando en los últimos meses, las compañías españolas han recortado las emisiones de bonos en beneficio de una financiación bancaria asequible. Del mismo modo que los años de dinero gratis impulsaron la financiación mediante renta fija, el horizonte de alzas de tipos de Fráncfort y los ecos de la recesión en Europa, descontados antes por los mercados de capitales que por el de préstamos, explican el retroceso de las empresas en el mercado de bonos corporativos.

Pese a todo, las circunstancias ahora tienen poco que ver con las vividas durante la crisis financiera de 2008. Aun con vientos de recesión y fuerte incertidumbre, las grandes empresas han mantenido una notable solidez en sus resultados mientras que la gran banca navega ahora en unas aguas monetarias que corren a favor del negocio. Tanto unas como otras están en condiciones para financiarse mediante la emisión de bonos y obligaciones, como fórmula para crecer y animar un mercado de capitales que en España está focalizado en las grandes corporaciones, pero que tiene ante sí el reto de extenderse a empresas de menor tamaño.