El papel de las criptoactivos en los regímenes dictatoriales

Como toda tecnología, la criptomoneda es éticamente neutra: se usa para el bien y para el mal. Pero en países como Venezuela o Afganistán puede suponer libertad

Permítame plantearle una situación hipotética: imagine que es usted un disidente que lucha por la democracia en Venezuela. El Gobierno controla el acceso a los servicios financieros a través de las instituciones estatales. Los leales al régimen tienen acceso a los escasos recursos de la nación. Los disidentes como usted lo tienen bloqueado. El Gobierno vigila cada uno de sus movimientos, rastrea las transacciones bancarias que tiene permitido realizar y sigue sus huellas (tanto digitales como físicas) en todos los lugares que puede. Es más, el Gobierno manipula la moneda nacional, imprime dinero a capricho e intenta, como Nerón al declararle la guerra a Neptuno, luchar contra la economía. ¿Qué puede hacer usted? ¿Cómo puede sobrevivir y seguir protestando?

No se trata de meras elucubraciones. Así es la vida real, tanto para los disidentes como para la gente normal y corriente de todo el mundo. Una de las posibles soluciones a este problema son las criptomonedas. Para un sinfín de personas de todo el mundo, en una época de control y vigilancia cada vez mayores, las criptomonedas suponen libertad.

Al crecer en la Unión Soviética, tuve la ocasión de comprobar de primera mano que las ansias de control del ser humano no tienen límites. Cuando salí por primera vez del país para jugar al ajedrez en el ámbito internacional, fui escoltado a todas partes por guardias soviéticos cuyo único trabajo consistía en controlar cada una de mis palabras, acciones o pensamientos. Los tiranos que pretenden controlar todos los aspectos de la vida de sus súbditos no son el hombre del saco de los cuentos de los hermanos Grimm, sino un reflejo de la capacidad humana para hacer el mal.

Pero ya que no podemos cambiar la naturaleza humana, tenemos que crear instrumentos e instituciones que promuevan la libertad y den a la gente corriente de todo el mundo la oportunidad de escapar del control totalitario. Las criptomonedas ofrecen libertad a los disidentes que viven bajo la vigilancia del Gobierno. También ofrecen libertad a los ciudadanos de a pie, a los que se les prohíbe acceder a los servicios financieros por cualquier motivo discriminatorio. Las criptomonedas ofrecen libertad, en forma de seguridad y privacidad, a quienes quieren escapar de las incertidumbres planteadas por dictadores y bancos centrales sin escrúpulos.

Comencé mi andadura con las criptomonedas cuando oí hablar de ellas por primera vez hace una década a los expertos de Human Rights Foundation. En aquel momento, tratábamos de resolver el problema de ayudar a los disidentes en lugares del mundo donde el Estado de derecho es débil y el acceso a los servicios financieros está supeditado a la lealtad al régimen. Las criptomonedas resultaron ser la apuesta más segura.

Pero no se trata solo de activistas de renombre o disidentes acechados por agentes gubernamentales. Una activista afgana dijo recientemente a Alex Gladstein, CSO de Human Rights Foundation, que las criptomonedas son una de las formas en que las mujeres de Afganistán pueden aspirar a conservar sus derechos. Cuando los talibanes irrumpieron en el país, prohibieron a las mujeres abrir cuentas bancarias e incluso utilizar dinero en efectivo. Los hombres mantuvieron a las mujeres de Afganistán aisladas e indefensas. Las criptomonedas resultaron ser una revelación, ya que permitieron a las mujeres una salida, una forma de escapar de las armas y del control totalitario de los talibanes.

Es cierto que, en la mayor parte del mundo desarrollado, donde el imperio de la ley es fuerte y existen claros muros de separación entre los políticos en el poder y los economistas de los bancos centrales, muchas criptodivisas pueden ser menos estables que la moneda fiduciaria. Sin embargo, también en muchas partes del mundo, las criptomonedas son más estables que los desenfrenados vaivenes e incertidumbres de las monedas nacionales. A pesar de la volatilidad de las criptomonedas, suelen ser una apuesta más segura, relativamente, que otras opciones a las que puede acceder la gente corriente en países que sufren hiperinflación o cuyas monedas están sometidas a los caprichos de los dictadores.

La criptomoneda es moralmente agnóstica. Como toda tecnología, es una mera herramienta que los humanos pueden utilizar para hacer el bien o para el mal. Incluso en un período de agitación para la industria en general, el interés por la comunidad de criptomonedas es muy alto en todos los aspectos. Al reflexionar sobre la interconexión entre los derechos humanos y las criptomonedas, he llegado a la conclusión de que estas han dejado de ser el concepto marginal que hemos estado tratando durante tanto tiempo. Si se utiliza adecuadamente, constituye un complemento muy valioso a las herramientas para la libertad.

Garry Kasparov es ex campeón mundial y maestro de ajedrez. Embajador de seguridad de Avast