Una megainversión que impulsará la nueva economía del hidrógeno en España

La decisión de la naviera Maersk de elegir España para impulsar su nuevo proyecto de producción de hidrógeno verde, con una inversión de en torno a 10.000 millones de euros, constituye una potente apuesta industrial que situará a la economía española en el mapa de la denominada nueva economía del hidrógeno. Maersk, segunda naviera del mundo, pretende establecer un hub en España para la producción de metanol verde, un derivado del hidrógeno, mediante la creación de dos grandes plantas de producción en las costas de Andalucía y Galicia. Según fuentes oficiales, la iniciativa podría generar 85.000 empleos, de los que 5.000 serían directos, con el fin de producir dos millones de toneladas de metanol verde en 2030, lo que exigiría abrir la primera planta en 2027.

Con su apuesta por el hidrógeno verde, Maersk consolida un giro audaz en su estrategia de negocio hacia el sector de la energía, mediante una tecnología limpia, de alta potencialidad y con capacidad para generar un ecosistema productivo más allá de la actividad de las futuras plantas. La decisión de invertir en España, un acuerdo en el que jugarán un papel destacado los fondos europeos de recuperación, puede beneficiar a la industria nacional de forma importante en dos grandes ámbitos. Por un lado, en lo que se refiere al sector de las renovables, dado que el acuerdo del Gobierno con la naviera incluye el compromiso de que cada molécula de hidrógeno provenga de energías limpias, lo que exigirá alianzas con operadores de parques solares y eólicos con el fin de abastecerse de unos 4.000 megavatios en todo el país. Y por otro, en el sector portuario, ya que la puesta en marcha del hub hará de España una parada obligada en el comercio marítimo, una vez que la descarbonización inste a las empresas europeas a reconfigurar sus rutas para abastecerse de los nuevos combustibles verdes.

Más allá del impacto concreto del acuerdo anunciado ayer, impulsar la tecnología del hidrógeno verde constituye una decisión estratégica para toda la economía española en un sector que aspira a ser una de las posibles respuestas a la crisis energética y la excesiva dependencia europea del exterior. La sustitución del hidrógeno sucio, que alimenta a las grandes industrias del acero o las refinerías, entre otras fábricas, por el hidrógeno verde es una de las claves de la nueva economía del hidrógeno. Un mercado de grandes posibilidades para el futuro y en el que España puede jugar un papel como exportador hacia una Europa que cada vez depende más intensamente de la energía.