La economía de EE UU tras las elecciones legislativas

Nada cambiará en noviembre en política monetaria y comercial, pero los Presupuestos serán más restrictivos

El próximo 8 de noviembre, los estadounidenses elegirán a 35 senadores, los 435 diputados de la Cámara de Representantes y 36 gobernadores. El índice de aprobación del presidente Joe Biden es del 41%. Los Republicanos tienen muy difícil lograr una mayoría en la cámara alta porque 21 de sus senadores se jubilan o se presentan a otra elección, mientras que en el caso de los Demócratas dicha cifra es solo 14. En la Cámara de Representantes, en cambio, es casi seguro que el partido que aún lidera Donald Trump se alce con la mayoría. Todas las encuestas coinciden en que la mayor preocupación de los estadounidenses es la economía y la inflación, no la defensa del derecho a abortar con el que los Demócratas están movilizando a sus bases.

La tasa de inflación interanual en septiembre fue del 8,2%. En el último año, el precio de la gasolina ha ascendido un 18% y el de la electricidad un 15%. El 5 de octubre, la OPEP anunció que recortaría la producción de petróleo en dos millones de barriles diarios. Se ha detenido el descenso ininterrumpido en el precio de la gasolina que se produjo durante tres meses. El coste de la comida ha subido un 13% en un año; el de los huevos, un 30%, la mantequilla, un 32%, y la leche, un 15%. La inflación subyacente alcanzó el 6,6% en tasa interanual en septiembre, el registro más alto desde 1982. Los Demócratas también tienen en contra la mayor criminalidad en las grandes ciudades.

Si los Republicanos logran la mayoría en la Cámara de Representantes, ¿cómo cambiará la política económica de EE UU? La independencia de la Reserva Federal está más allá de cualquier duda. La Fed bajo Jerome Powell debió subir los tipos en 2021. En marzo los elevó por primera vez desde 2018, pero partiendo del 0%. En 2022 ha aumentado la tasa de fondos federales en cuatro ocasiones y un total de 250 puntos básicos hasta la actual horquilla de 3%-3,25%. La Fed prevé que se sitúe a finales de año en el 4,4%, lo que implica otro incremento en noviembre o diciembre.

La política monetaria restrictiva aumenta los tipos de las hipotecas, los préstamos para el consumo, y la deuda de las tarjetas de crédito. También acrecienta la posibilidad de una recesión. La Fed no parará ni ralentizará los incrementos de tipos hasta que las tasas de inflación disminuyan drásticamente, hasta su previsión del 5,4% a finales de año y el 2,6% en 2023. Lo que sí hará es graduar las alzas dependiendo de la evolución de la inflación en los próximos meses. Donald Trump ya ejerció inútilmente presión sobre la Fed y criticó fuertemente a Powell cuando no bajó más los tipos durante la pandemia. El probable líder republicano de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, tampoco alterará la actuación de la Fed.

La política comercial tampoco sufrirá alteraciones considerables si los Republicanos consiguen el control de una o dos de las cámaras del Congreso. Actualmente, EE UU no tiene pendiente la ratificación de ningún tratado comercial. No discurren negociaciones entre EE UU y otras potencias para concluir acuerdos comerciales o de liberalización económica bilaterales o regionales. Desde la presidencia de Barack Obama y su promoción del Acuerdo del Pacífico, tanto Demócratas como Republicanos rechazan la liberalización comercial e incluso adoptan posturas proteccionistas.

La administración Biden barajó la posibilidad de reducir o eliminar los aranceles del 25% sobre 250.000 millones de exportaciones chinas que impuso Donald Trump. La actual ministra de Finanzas, Janet Yellen, abogó a favor de dicha medida, especialmente en sectores no estratégicos como la electrónica de consumo y automoción. Así se contribuiría a atajar la inflación, directamente por la desaparición de los aranceles e indirectamente al desatascar los cuellos de botella en las cadenas de producción.

Pero China no ha cumplido con su compromiso del acuerdo de fase 1 de finales de 2019: la adquisición de EE UU en 2020-21 de 200.000 millones adicionales en productos agrícolas, manufacturados y energía respecto a los niveles de 2017. Se aparcó la discusión después de las agresivas maniobras militares chinas contra Taiwán en agosto. Es improbable que Biden altere los aranceles mientras persista el clima de alta tensión geopolítica entre Washington y Pekín.

La política fiscal sí cambiará si los Republicanos controlan la Cámara de Representantes y/o el Senado. Intentarían revocar la aplicación del impuesto de sociedades mínimo del 15% sobre las multinacionales estadounidenses. El mayor impacto del control de los Republicanos de la Cámara de Representantes se produciría en la política presupuestaria. Un presidente cuyo partido no controla el Congreso debe pactar con la oposición la aprobación de los presupuestos. Biden no podría hasta las elecciones de 2024 adoptar legislación sustancial ni paquetes de estímulo.

Se desvanecerían los sueños Demócratas de más fondos públicos para las tecnologías verdes y las energías renovables. El Congreso tampoco aprobaría prestaciones sociales adicionales. Los Republicanos intentarían frenar el desembolso de los 360.000 millones contenidos en el Inflation Reduction Act de agosto para inversiones en las mencionadas rúbricas. Se opondrán a la orden ejecutiva de Biden que cancela parte de la deuda universitaria. McCarthy asimismo ha manifestado que no habrá más “cheques en blanco” para Ucrania. Esto significa que no se mantendría el alto nivel de financiación de armamento para Ucrania.

El desempleo del 3,6% incentiva un excesivo consumo, otro factor que alimenta la inflación. Si los Republicanos se adueñan de la mayoría en el Congreso, su principal preocupación será allanar el camino para que Donald Trump vuelva a la Casa Blanca en 2024. No es un buen punto de partida para que Republicanos y Demócratas pacten las políticas económicas necesarias.

Alexandre Muns Rubiol es profesor de EAE Business School