Meloni se apoyará en Tajani, Mattarella y Draghi

La nueva primera ministra italiana ha tardado en percatarse de lo aislada que está en su propia coalición de derechas

Finalmente, la romana Giorgia Meloni se ha convertido en la trigésimotercera persona que preside el Consejo de Ministros italiano desde que la República naciera allá por el 2 de junio de 1946. Han hecho falta hasta 68 Gobiernos diferentes para ver a una mujer asumiendo el papel del primer ministro, pero ya es una realidad. El pasado día 21, el presidente Mattarella le confirió el incarico (encargo) de formar Gobierno, al haber ganado con claridad las últimas elecciones generales y encabezar la coalición que ostenta la maggioranza (la mayoría de centroderecha, con el 42,6% de los votos). Al día siguiente, ella y sus 24 ministros juraron como miembros del nuevo Consejo. Tiene por delante cinco años, que es el máximo que marca la Constitución transalpina para la duración de una legislatura, pero va a resultar extraordinariamente difícil no solo que pueda agotarla, sino que incluso llegue a los dos años de vida: “Demasiados nubarrones en el horizonte”, advirtió hace unos meses el primer ministro saliente, Mario Draghi.

A la luz de los nombramientos ministeriales, parece evidente un pacto a tres bandas entre el presidente de la República (Sergio Mattarella, quien tiene mandato como jefe de Estado hasta enero de 2029), el que hasta ahora ha presidido el Consejo de Ministros (el prestigioso financiero y economista Mario Draghi), y la propia Meloni, frente a los intentos de Silvio Berlusconi y Matteo Salvini de tener controlada a la política romana. Prueba de ello es que todas sus personas de confianza, como Grosetto, Fitto, Nordio, Mantovani o Santanche, han sido colocados en las carteras que Meloni quería para ellos, sin olvidar que la segunda autoridad del Estado, que no es otro que el Presidente del Senado, es el más veterano dirigente del partido de Meloni (el siciliano Ignazio La Russa, elegido el pasado día 13).

Lo más llamativo es, no obstante, que las dos personas de mayor rango en el nuevo Ejecutivo (los dos viceprimeros ministros), no son de su partido, sino de las otras dos formaciones que integran la coalición. En efecto, Antonio Tajani, que además de vicepresidir el gobierno, será ministro de Asuntos Exteriores, pertenece a Forza Italia, mientras el otro viceprimer ministro y al mismo tiempo ministro de Infraestructuras, Matteo Salvini, es el líder de la Liga.

Pero en ambos casos Meloni necesitaba realizar estos nombramientos. En el caso de Tajani, es el hombre clave para desenvolverse en los cada vez más influyentes ambientes comunitarios, mientras que Salvini posee los votos fundamentales para que el Ejecutivo tenga mayoría, porque los votos de Forza Italia podrían ser reemplazados por el Terzo Polo de Renzi y Calenda, que han preferido marcharse a la oposición, pero cuya fuerza en las instituciones europeas no debe ser menoscabada. La realidad es que Meloni puede tener que acabar realizando algún tipo de pacto con ellos si Forza Italia decide abandonar la maggioranza, lo que de momento no parece vaya a suceder.

Y es que Meloni tardó en percatarse de lo aislada que se encontraba dentro de su coalición y, en cambio, de la disposición a ayudarla por parte de las dos personas más importantes y respetadas del país: Sergio Mattarella, varias veces ministro, en una ocasión viceprimer ministro y recientemente reelegido para un segundo mandato como presidente de la República con una elevadísima cifra de votos (759 sobre un total de 1009); y Mario Draghi, exgobernador del Banco de Italia, expresidente del Banco Central Europeo y muy exitoso primer ministro entre febrero de 2021 y el pasado día 22 de este mes.

Ambos lanzaron un mensaje muy claro a Meloni, como pudo comprobarse en el llamativamente extenso coloquio de esta con Mattarella antes de recibir el incarico de formar Gobierno (estuvieron reunidos nada más y nada menos que una hora y media para lo que suele ser un acto de pura formalidad, ya que la composición del Gobierno se negocia después): debía abandonar el euroescepticismo en el que había estado hasta entonces (Meloni y su partido pertenecen al grupo europeo Reformistas y Conservadores, el mismo en el que estuvieron los tories británicos que han fulminado cuatro premiers suyos en seis años), y encaminar el Gobierno hacia la plena cooperación con la Unión Europea y la Alianza Atlántica, sobre todo ahora que la guerra entre Ucrania y Rusia comienza a generar enormes daños en las economías nacionales.

A partir de aquí, con un ministro de Economía y Finanzas (Giorgetti, de la Liga pero no particularmente afín a Salvini, y con los conocimientos de su cartera muy, pero que muy justos), el Gobierno Meloni debe enfrentarse al aumento del coste de la vida, cada vez mayor; a las nuevas subidas tipos de interés, que perjudican y mucho a un país tan endeudado como el suyo; y a la tradicional brecha entre la parte más septentrional y la más meridional. Porque Meloni es romana, pero se ha hecho con muchos votos de Lombardía y Véneto, donde se encuentran los motores económicos del país.

Ahora, de la mano de un Draghi que oficialmente está fuera de todo, pero que la está asesorando en cuestiones económicas (comenzando por los Presupuestos Generales del Estado para el año 2023), y de un Tajani que conoce a más de la mitad de clase política comunitaria, deberá hacer frente a una situación cada vez más complicada. Algo a lo que le ayudará, y mucho, la fortaleza numérica de su maggioranza y la enorme debilidad parlamentaria de la escasa oposición. A partir de aquí, el paso del tiempo dictará sentencia.

Pablo Martín de Santa Olalla Saludes es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Nebrija