El punto clave de equilibrio entre la necesidad y el exceso de endeudamiento

La irrupción del Covid-19 y el extraordinario montante de ayudas y estímulos necesarios para reducir su impacto disparó en 2020 el gasto público en los países europeos y obligó a aumentar el endeudamiento, una circunstancia facilitada también por la suspensión temporal de la disciplina fiscal de Bruselas. Tras el fin de la pandemia, la llegada de una ola de inflación, el estallido de la guerra de Ucrania y las tensiones de abastecimiento energético han golpeado de nuevo a las economías y engrosado sus necesidades de financiación. Las emisiones de deuda pública se han convertido así en un instrumento para cuadrar presupuestos expansivos y financiar paquetes de ayudas y estímulo. Algunos cálculos apuntan a que la emisión neta de deuda pública en la zona euro el año que viene sumará 70.000 millones adicionales. La cifra total de oferta neta de deuda, una vez descontadas las amortizaciones y las recompras del BCE, se acercará a los 400.000 millones, muy por encima de los 120.000 a 145.000 estimados para este año.

España no es una excepción en este entorno de gasto y endeudamiento creciente, liderado por una Alemania que ha anunciado un gigantesco paquete de estímulo fiscal por valor de 200.000 millones. La emisión bruta de deuda pública española en 2023 aumentará el 8,2%, hasta los 256.930 millones, lo que supone casi 20.000 millones más, tras dos años de descenso. Aunque la emisión neta se reducirá en 5.000 millones, España afronta en 2023 el impacto de la amortización de la deuda a tres años lanzada el año de la pandemia.

La crudeza de la crisis inflacionaria para familias y empresas y la inquietante sombra de la recesión en 2023 constituyen razones objetivas para aumentar el gasto público, una variable en la que también influyen sin duda los calendarios electorales de cada uno de los Estados miembros. Sin embargo, el coste del endeudamiento hoy no es comparable con el de los años de dinero gratis, sino que está fuertemente condicionado por un horizonte de tipos de interés al alza y por la intención del BCE de emprender próximamente la reducción de su balance. Más allá del impacto del endeudamiento en los distintos países y del mayor o menor margen que tenga cada uno para sostenerlo, el riesgo de un rally de emisiones de deuda pública está en la señal que con ello se envía a los mercados financieros y en la posible respuesta de estos. Lo ocurrido en el Reino Unido, tras el anuncio de su fallida reforma fiscal, es un aviso a navegantes sobre el poder de los inversores para desestabilizar el coste de financiación de un país. La clave aquí, como en tantas otras cosas, está en hallar un punto de equilibrio entre las necesidades objetivas de gasto y el exceso de endeudamiento.