Una cartera para ponerse a cubierto del encarecimiento de la financiación

Quien tenga una hipoteca a tipo variable no necesita recordatorio alguno de que los tipos de interés están subiendo a una velocidad pocas veces experimentada. El alza del euríbor supondrá una factura de 200 euros más para una hipoteca familiar media que deba revisar sus condiciones con las cifras de cierre de septiembre. Una factura que se suma al impacto de la inflación; los datos del INE de este mismo viernes arrojan, también, un alza del 12% en el consumo, que ha erosionado, como no puede ser de otro modo, la tasa de ahorro de los hogares.

Son, obviamente, cifras medias: unas familias tienen mucha mayor capacidad para capear la tormenta que otras. Y, aunque las analogías entre una economía familiar y la economía de un país hay que tomarlas con una pizca de cautela (casi siempre tienen mucho de arrimar ascuas a diferentes sardinas de cariz político), en este caso las empresas sí están expuestas a las mismas fuerzas que las familias. Y el impacto va, también, por barrios.

Son fuerzas que ni los gestores empresariales ni los inversores deben (ni pueden) desdeñar a la hora de colocar su dinero. El mercado es veleidoso, y hoy por hoy su fijación es los tipos de interés, con una lógica que a nadie se le escapa y que deja en segundo plano aspectos como la valoración o la capacidad de crecimiento de la empresa. Factores positivos que dejan de computar cuando el apalancamiento o la carga financiera o bien pesan ya en la cuenta de resultados o bien lo harán cuando toque refinanciar.

Es el momento, pues, de valores blindados; de títulos sin deuda y generación de caja recurrente. Inditex, la mayor empresa de moda del mundo, tiene un modelo de negocio que está soportando la pandemia, la inflación y los tipos de interés. Hay empresas como Rovi, con caja neta, cotizadas en España. Pero también los analistas apuntan a las grandes tecnológicas estadounidenses, como Microsoft o Alphabet, con flujo de ingresos recurrente y posiciones positivas de caja.

Otra derivada de la subida de los tipos es más clara: la inversión en deuda ya aporta rendimientos más que competitivos. Pero aquí aflora un segundo factor, como es el tipo de cambio. Dado que la Reserva Federal va un par de pasos por delante del resto de bancos centrales, el dólar ha tomado la delantera a otras divisas. Así, la inversión en EE UU tiene la ventaja añadida de unas perspectivas favorables en tipo de cambio, en particular si se invierte desde la eurozona (o desde Reino Unido). Así, aunque los fondos de renta fija han sufrido en su precio el alza de los tipos, no son pocos los productos de deuda estadounidense que rentan más del 10% (medido en euros) en lo que va de año.