El oro seguirá perdiendo su brillo irracional

No genera nada, a diferencia de los cultivos, que son más rentables, aunque es difícil invertir en ellos directamente

Lingote de oro de 1.000 gramos, en una tienda de Pekín.
Lingote de oro de 1.000 gramos, en una tienda de Pekín. reuters

Imaginmenos que hace una década se les dijera a los amantes del oro que se avecinaba una pandemia, una guerra en Europa y un 8% de inflación en Estados Unidos. Sin embargo, en lugar de brindar un escenario de ensueño para el metal precioso, su precio ha caído alrededor de un 7% desde septiembre de 2012, hasta situarse en torno a los 1.635 dólares la onza. La próxima década probablemente traiga más de lo mismo.

Los creyentes dicen que el oro lleva milenios siendo un depósito de valor, y ofrece cobertura contra la inflación y los problemas sociales. A pesar de que el precio ha alcanzado recientemente un máximo de dos años, está siendo una cobertura deficiente, y los costes de oportunidad está siendo elevados. Una inversión hace 10 años en el índice S&P 500 lo habría triplicado.

Mientras a los alcistas del oro les preocupa que los bancos centrales degraden las monedas imprimiendo más, los mineros siguen extrayendo el mineral. Hay unas 205.000 toneladas por valor de unos 11 billones de dólares en la superficie, y la producción anual ha aumentado un 26% desde 2010, según el Consejo Mundial del Oro. Si el ritmo sigue creciendo, podría ser un problema. La población mundial ha crecido solo un 14% en el mismo periodo, y el ritmo seguirá disminuyendo, según estimaciones de las Naciones Unidas, lo que sugiere que para mantener estables los precios del oro será necesario que los ávidos inversores compren más.

El mayor problema es que, a diferencia de los beneficios empresariales o los intereses de los bonos, el oro no genera nada. El multimillonario Warren Buffett señaló que se podrían comprar todos los acres de tierra de cultivo estadounidense y 16 Exxon Mobils por el mismo precio que todo el oro existente hace una década. También dijo que las tierras de cultivo serían una apuesta mejor, y así fue. Las acciones de la petrolera se quedaron rezagadas con respecto al mercado en general, pero incluso así su rendimiento total para los accionistas superó el 50%.

Para cualquiera que se preocupe por la inflación, las granjas brillan más que el oro. Según una investigación de la Universidad de Illinois, el rendimiento de las explotaciones agrícolas lleva 50 años superando con creces al del metal amarillo, y su valor aumenta al mismo tiempo que los precios, porque el rendimiento de las cosechas suele venderse más caro. Comprar directamente tierras de cultivo puede ser difícil, pero los fondos de pensiones lo están haciendo, y hay fideicomisos de inversión inmobiliaria como Farmland Partners que ofrecen exposición.

La hiperinflación, las crisis sociales o la industria de la moda podrían reavivar la suerte del oro. Sin embargo, en ausencia de tales giros del destino, está destinado a perder más brillo.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías