Putin cambia el escenario y prolonga la crisis con su nueva ofensiva bélica

La búsqueda de una salida rápida al conflicto vuelve a ser urgente si no queremos un mundo sumido en un invierno de tensión

La recuperación de territorio por parte de las fuerzas ucranianas en las últimas semanas ha mostrado la debilidad militar rusa, que había abierto la posibilidad de una resolución del conflicto más rápida de lo previsto. Pero no está en el manual político de los nacionalistas rusos aceptar derrotas fácilmente, y el autócrata Vladímir Putin ha reaccionado a los reveses de sus militares con una movilización parcial de unos 300.000 reservistas (militares con experiencia en combate) y una renovada amenaza militar a Occidente, por entender que está atacando territorio ruso; además, ha puesto en marcha una especie de referéndums farsa en las provincias ucranianas consideradas rusas para justificar ulteriormente la intervención militar. Una escalada en el conflicto que cambia el escenario prolongando la guerra con la consiguiente crisis humanitaria, pero también endureciendo sus efectos, como la crisis energética, las tensiones inflacionistas y el alza de los tipos de interés como respuesta, amén de una recesión en la actividad que cada vez es más difícil de esquivar.

El mundo es perfectamente consciente del elevado grado de inseguridad mundial, con un conflicto abierto en Europa, y en el que de una manera activa unos y pasiva otros están tomando partido varias potencias, con un riesgo evidente de escalada de las hostilidades hasta puntos en los que el retorno se hace complicado. La diplomacia y la política ha calculado bien hasta ahora los términos de cada declaración y de cada iniciativa, desde la agresividad verbal a las sanciones a Rusia, a sabiendas del riesgo de un desbordamiento de los acontecimientos. Pero oír a Putin que el uso de las armas nucleares es una posibilidad de respuesta y que no se trata de un farol debe poner en alerta a quienes toman las decisiones de más alto nivel.

Lo visto hasta ahora en materia económica, con precios de las materias primas energéticas en máximos históricos, con la inflación en valores desconocidos hace más de 40 años y con tipos de interés desacostumbradamente elevados, puede quedar en poca cosa con el escenario que se abre ahora. EE UU subió ayer los tipos de interés ya por encima del 3%, y Europa endurecerá los suyos a finales de octubre; pero los mercados de deuda marcan ya tasas más elevadas, movilizando una expectativa de inflación y de coste de financiación de la economía muy dura. En un suspiro, los tipos negativos han saltado a valores desconocidos en lustros, atrapando a centenares de miles de hogares y familias que habían tomado crédito en la tranquilidad de los tipos cero. La búsqueda de una salida rápida al conflicto bélico vuelve a ser urgente si no queremos un mundo sumido en un invierno de tensión, de crisis económica profunda y de retroceso de décadas en los indicadores de bienestar.