El optimismo de los empresarios es un hilo de esperanza que hay que apoyar

Las empresas españolas se muestran pesimistas ante un ejercicio 2022 sobre el que no guardan grandes esperanzas de mejora. Así lo refleja el Estudio sobre Clima Empresarial en España, que publicó ayer la Cámara de Comercio, y que concluye que seis de cada diez compañías encuestadas se declaran “poco o nada optimistas” con la evolución de su actividad este año, con la excepción de las medianas. Una amplia mayoría, ocho de cada diez, identifica el encarecimiento de la energía y de las materias primas como el principal escollo para su actividad, seguido de los problemas de abastecimiento y del aumento de los costes laborales. El ánimo de los empresarios mejora de forma generalizada cuando se les pregunta por 2023, un ejercicio del que esperan una aumento importante de las exportaciones, la contratación de más personal y la mejora de las ventas en España. Paradójicamente, la visión sobre el desempeño de la economía en 2023 es claramente negativa hasta el punto de que ocho de cada diez considera muy relevante el riesgo de recesión.

Más que a un pesimismo, la visión que mantienen buena parte de los empresarios sobre el año en curso apunta a un ejercicio de inevitable realismo ante una coyuntura compleja y teñida de incertidumbre. La crisis energética se ha convertido en la gran preocupación de unas empresas que ven crecer sus costes de producción, al tiempo que se estrechan sus márgenes, por la presión de una factura de la electricidad y el gas cuyo control ni siquiera está en manos de la políticaeconómica del país. Pese a la intervención de emergencia anunciada por la Comisión Europea, cuyo próximo capítulo será una reunión de ministros del ramo el próximo 30 de septiembre, es indudable que la dependencia de gas del continente se ha convertido en un talón de Aquiles que no podrá resolverse de un día a otro, sino que exigirá una reforma estructural del modelo energético europeo. A día de hoy, esa reforma todavía está lejos, y la naturaleza geopolítica de esta crisis, con la guerra de Ucrania de fondo y la posición de fuerza de Rusia respecto al suministro de gas, no apunta a una solución ni fácil, ni rápida, ni indolora.

Junto a ese pesimismo-realismo económico, la encuesta arroja una mejora de las expectativas de los empresarios para 2023, lo que constituye un signo de esperanza y supone en sí misma un herramienta de combate en la crisis. El optimismo es clave en la vida económica, aunque no pueda lidiar por sí solo con los problemas de una economía que tiene por delante meses de incertidumbre. Es necesario, por tanto, apoyar ese hilo de esperanza con una política antiinflacionista, capaz de aliviar la presión sobre los costes de las empresas y evitar todo lo que pueda agravarla.