Estrategias

Muchos retos y pocas opciones para invertir con rentabilidad ante la inflación

Numerosas fuerzas seguirán tensando los precios, sin que se vislumbre un regreso cierto a la estabilidad en 2024

Muchos retos y pocas opciones para invertir con rentabilidad ante la inflación
Getty Images

Persistente, obstinada, descontrolada y volátil son los adjetivos que acompañan al concepto de la inflación en las previsiones de los expertos sobre tan importante variable económica tanto para el bolsillo de los consumidores como para los inversores. Las elevadas alzas de los precios se han impuesto a los pronósticos de hace unos meses que hablaban de un fenómeno pasajero, fugaz, casi anecdótico. La inflación media en la eurozona cerraba agosto en el 9,1%, mientras en Estados Unidos se mueve en el 8,5%, niveles no vistos en décadas.

Así, los analistas hablan de que la inflación del 2% (objetivo de los bancos centrales) es un recuerdo lejano. El BCE acaba de avanzar un alza de precios en la zona euro para este año del 8,1% y del 5,5% el próximo, y el avance aún será del 2,3% en 2024. Para el economista jefe de Schroders, una inflación en Estados Unidos por debajo del 3% en 2023 “parece solo una ilusión”. El habitual optimismo del banco estadounidense Goldman Sachs sobre esta variable torna en pesimismo ya que “la inflación se mantendrá alta y probablemente suba más”, especialmente en la eurozona y Reino Unido. Los objetivos de unos precios subiendo al 2% se aplazan para 2024 ó 2025.

Sin duda, los precios energéticos son la base del fenómeno. Actualmente el gas natural se mueve en los 220 euros por MWh, aunque llegó a niveles de 350 euros a finales de agosto. El cierre del gas de Rusia a Europa ha marcado un hito, y ha elevado la volatilidad de esta materia prima con la interrogante del suministro gasista para el cercano invierno. Pero no solo la energía explica la brusca subida de los precios. El gigante mundial de la gestión, BlackRock, suma a la crisis energética que causará una recesión económica, “las restricciones de producción provocadas por la pandemia y la guerra en Ucrania, las tendencias estructurales como la desglobalización, las sacudidas sectoriales vinculadas a la transición hacia emisiones cero, junto con un apalancamiento sin precedentes y la politización de las decisiones económicas”, como claves en el descontrol de los precios, según explican en un estudio de esta misma semana. También las tensiones salariales y laborales se ofrecen como fuerzas inflacionistas.

Con el paso de los meses, y con el shock energético intensificándose, el alza del coste de la vida se ha ido extendiendo como una mancha de aceite. Mabrouk Chetouane, jefe de estrategia de mercado global de Natixis, explica que “casi el 80 % de los bienes que componen el IPCA están creciendo a un ritmo superior al objetivo del 2 % del BCE, lo que indica que la inflación afecta a la mayoría de los sectores de la economía. La subyacente (sin los componentes más volátiles), ahora explica casi la mitad del aumento de precios, y esta proporción solo se ha incrementado en los últimos meses. Si se combina con posibles presiones salariales, nos lleva a mantener un escenario de inflación alta también en 2023”.

Por tanto, los bancos centrales y especialmente el BCE, con unas economías más afectadas por la crisis energética, tienen que dar una respuesta contundente a esta inflación persistente. Mientras la Fed subirá previsiblemente sus tipos el próximo día 21 desde el actual nivel del 2,5%, el BCE esta misma semana decidió una brusca alza del precio del dinero de 0,75 puntos que lo ha situado en el 1,25%. Tipos al alza, aun a costa de generar un escenario recesivo en el crecimiento económico.

Los expertos infraponderan la Bolsa, que aún no se ha ajustado al impacto que las alzas de tipos tendrán en el crecimiento

Keith Wade, economista y estratega jefe de Schroders, se atreve a dar un escenario para Estados Unidos: “una caída del IPC de 6 puntos porcentuales desde los niveles actuales hasta el 3%, requeriría un descenso del PIB de algo más de 3 puntos porcentuales sobre la base de lo ocurrido en las grandes recesiones de 1981-82 y de 2007-2009”, explica. Este experto también recuerda que la tenacidad en la subida de precios “durante los años 70 y principios de los 80 se debió al repunte de los salarios que siguió al inicial de la inflación, y el desempleo tuvo que aumentar considerablemente para reducir el crecimiento de los salarios”, concluye en un reciente trabajo.

Estanflación

La temida estanflación (inflación alta sin crecimiento o con recesión) salta ahora sin pudor a los informes de los economistas y analistas como escenario para el próximo ejercicio. Precios aún al alza, tipos de interés subiendo y economías decreciendo son las coordenadas para el inversor para los próximos meses. Sin duda, un panorama complejo. La gestora BlackRock es muy radical ante el nuevo escenario: “creemos que las carteras tradicionales, las coberturas y los modelos de riesgo ya no funcionarán”. Además de la apuesta por bonos corporativos de alta calidad a buen precio, su estrategia se dirige hacia compañías que participen en la economía verde. “Los inversores pueden exponerse a la transición invirtiendo no solo en empresas ya verdes sino también en empresas intensivas en carbono con planes de transición creíbles o que suministren materiales críticos para la transición. En un horizonte estratégico, nos gustan los sectores que se beneficiarán más de este cambio, como la tecnología y la atención médica, y vemos oportunidades tácticas en acciones energéticas seleccionadas”.

Desde Goldman Sachs también se muestran muy cautos con la Bolsa. Creen que el mercado bajista aún no ha terminado y dan tres razones: “los niveles de inflación pueden permanecer elevados, poniendo presión sobre los precios de las acciones en relación con los actuales. Además, es probable que el crecimiento económico se debilite, y las limitaciones en mano de obra y materias primas pueden contribuir a un crecimiento más débil y una reducción de los márgenes empresariales. Por último, las valoraciones de las compañías no han llegado a niveles extremos por lo que vemos el repunte reciente como temporal y no el punto de inflexión que marca el inicio de la verdadera fase de subida”, afirman. En Natixis, no esperan una verdadera recuperación de las Bolsas hasta la segunda mitad de 2023.

En general, los expertos infravaloran sus posiciones en el mercado de acciones. Olivier de Berranger, director de inversiones y de gestión de activos de La Financière de l’Echiquier se inclina “por los valores de calidad con balances sólidos que puedan capear la próxima desaceleración o incluso la recesión sin necesidad de captar capital o deuda en los mercados financieros”, explica. Las energéticas y las materias primas han cumplido una misión defensiva en otros periodos de recesión, pero los analistas explican la necesidad de tener muy en cuenta los precios alcanzados, antes de invertir. Además, las empresas que puedan repercutir el alza de precios al cliente como las de bebidas, alimentos e infraestructuras también se encuentran entre las favoritas para los próximos meses. Mención especial merecen los bancos, que despuntan como claros beneficiados de las alzas de tipos pero que también afrontan más mora y menos negocio en caso de recesión.

Bonos e inmuebles

En los mercados de bonos, aquellos ligados a la inflación cuentan con el beneplácito de los analistas, pero centrados en vencimientos más cercanos. Luca Paolini, estratega jefe de Pictet AM, apuesta por los bonos del Tesoro de EEUU ya que “el ajuste de la Reserva Federal ya ha avanzado de manera considerable y las rentabilidades a vencimiento comienzan a parecer atractivas”. Y añade en un reciente informe; “además, esta clase de activos tiene estatus de refugio seguro. Sin embargo infraponderamos deuda gubernamental, grado de inversión y de alta rentabilidad europeas”, concluyen.

Una visión similar mantiene Mabrouk Chetouane, de Natixis: “seguimos infraponderados en el mercado de bonos europeos, tanto en deuda pública como corporativa”. Pero ve oportunidades en los bonos del gobierno italiano a 10 años, próximos al 4%, sobre todo con el compromiso del BCE de evitar la fragmentación financiera. Y termina: “creemos que a pesar de las subidas de tipos anunciadas por el presidente de la Fed, el potencial de apreciación de los tipos largos de EEUU es más limitado que el de los tipos europeos”.

Otro de los sectores refugio en tiempos de inflación alta ha sido tradicionalmente el inmobiliario. César González, director financiero en Avanza Previsión, recuerda que el precio de los alquileres y de los propios inmuebles, generalmente se revaloriza en función del aumento del IPC, “protegiendo del alza de precios”, indica. Este experto apunta a la conveniencia de apostar por el inmobiliario a través de las socimis, por su ventajas de diversificación y menor exigencia de capital.

Por su parte, Jaime Raga, responsable de relación con clientes de UBS AM, apunta que las rentabilidades del inmobiliario van a competir con los mayores rendimientos que ofrecerá la deuda, a lo que se añadirá un menor crecimiento de los alquileres a medida que la economía se debilita. Su apuesta inmobiliaria se centra en activos logísticos y en la vivienda de alquiler en Europa ya que existe “una importante demanda reprimida del sector en la mayoría de las zonas urbanas del continente”, explica.

Un panorama de estanflación para Europa y de crecimiento volátil en EE UU va a complicar por tanto las estrategias de inversión, tanto en acciones como en bonos. El análisis y el asesoramiento serán en este difícil entorno aún más necesarios.

 

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