La ‘Trusseconomía’ puede asustar a los mercados

Puede iniciar una pelea con el Banco de Inglaterra y una guerra comercial con la UE, que afectarían a la libra

Liz Truss.
Liz Truss. reuters

La nueva primera ministra británica afronta un test de los mercados. Si Liz Truss solo planeara grandes subvenciones a la energía, los inversores no se preocuparían demasiado. Pero también planea recortes fiscales, y puede iniciar una pelea con el Banco de Inglaterra y desencadenar una guerra comercial con la UE. De ser así, la libra podría verse afectada.

En muchos aspectos, Reino Unido tiene retos similares a los de otros países europeos: alta inflación, subida de los tipos, aumento de los precios de la energía y una inminente recesión. En la medida en que se mantenga en el pelotón, los mercados no le prestarán especial atención.

Pero Gran Bretaña también afronta riesgos adicionales. La inflación es especialmente alta, el Brexit ha dañado la economía y el país tiene un déficit por cuenta corriente crónico, lo que significa que depende de los inversores extranjeros para pagar sus facturas. Además, Truss no quiere formar parte de ningún paquete. Cree que unas reformas audaces del lado de la oferta lanzarán al país a una nueva trayectoria de mayor crecimiento.

Aunque no es una mala ambición, no ha presentado una estrategia convincente. Más bien parece una primera ministra populista que disfruta con la confrontación. Según los medios, está dispuesta a declarar que China es una “amenaza” y ha cuestionado la “relación especial” de Gran Bretaña con EE UU. También está adoptando una línea dura con la UE. Mientras, ha dicho que quiere cambiar el mandato del Banco de Inglaterra, que consiste en dar estabilidad de precios.

Hasta ahora, Reino Unido ha estado en medio del rebaño europeo en materia fiscal. La deuda pública era del 100% del PIB a finales del primer trimestre, no muy por encima del 88% de la UE. Desde septiembre, Gran Bretaña ha destinado el 1,6% del PIB anual a amortiguar la crisis energética de consumidores y empresas, más o menos lo mismo que Alemania y Francia, según el think tank Bruegel, con sede en Bruselas.

No está claro qué ayuda adicional dará Truss para apoyar a la gente con las facturas de energía este invierno. Pero será caro. El apoyo a los hogares por sí solo podría superar los 60.000 millones de euros a lo largo de 2023, es decir, el 2% del PIB. Ayudar a las empresas requeriría otro megaproyecto. Si los precios del gas se mantienen altos, el Gobierno podría tener que hacer frente a costes similares el siguiente invierno y los siguientes.

Este rescate puede acabar estando más o menos en línea con el resto de Europa. Alemania anunció el fin de semana un paquete energético de 65.000 millones. La diferencia es que Truss recortará al mismo tiempo los impuestos sobre el empleo y revertirá una subida prevista del impuesto de sociedades, que costará al menos 35.000 millones al año. Y no parece querer recortar el gasto para compensar.

También se opone rotundamente a financiar su paquete de ayudas mediante impuestos extraordinarios a las energéticas. Es una oportunidad perdida, ya que el sector tendrá un exceso de beneficios de 200.000 millones en los próximos dos años, según un cálculo del Ministerio de Finanzas británico recogido por Bloomberg.

Una inflación alta podría ayudar al Gobierno al reducir la ratio deuda/PIB. Pero no es una tarjeta de salida de la cárcel como lo es para otros países, porque un cuarto de la deuda pública británica está vinculada a la inflación, y algo más de un tercio ha sido comprado por el Banco de Inglaterra.

Uno de los aspectos en los que Gran Bretaña ya es un caso atípico es que los precios están subiendo más rápido que en otros países del G7. La inflación se disparó hasta el 10,1% en julio, y los analistas de Citigroup acaban de predecir que podría alcanzar el 18,6% a principios de 2023.

Por ello, el Banco de Inglaterra tendrá que subir mucho los tipos para restablecer la estabilidad de los precios. También está dispuesto a empezar a vender bonos del Estado a finales de mes. Es poco probable que estas medidas satisfagan a Truss. No solo profundizarán la recesión y afectarán a sus principales votantes, sino que dificultarán la financiación de una bonanza fiscal.

Ello podría llevar a un mayor enfrentamiento entre Truss y el Banco de Inglaterra. Aunque muchos inversores coinciden en que el banco central ha tardado en cortar la inflación de raíz, la prioridad ahora es controlar los precios. A los mercados no les gustará nada que parezca una manipulación de la independencia del Banco.

Truss también puede provocar una guerra comercial con la UE a causa de Irlanda del Norte. El acuerdo de 2019 permite el control de las mercancías que cruzan de la isla de Gran Bretaña a Irlanda del Norte. Desde entonces, Londres ha tratado de cambiar el protocolo, pero la UE ha insistido en que es una parte básica del acuerdo del Brexit.

Mientras que Boris Johnson solía dar una patada hacia adelante a la cuestión, Truss parece querer llevarla a un punto crítico. Aunque se opuso al Brexit en el referéndum, tiene ahora el entusiasmo del converso. Para llegar a premier, también ha tenido que cortejar a sus colegas de partido defensores de la línea dura del Brexit.

Sería sensato que ambas partes negociaran un acuerdo. Pero están tan atrincherados ideológicamente que será difícil. No habrá mucha buena voluntad, después de que Truss dijera recientemente que estaba indecisa sobre si Emmanuel Macron, que es la voz más poderosa de la UE, era amigo o enemigo.

La saga tardará probablemente meses en desarrollarse, y es posible que Truss rebaje su retórica ahora que está en el poder. Pero si ella suspende partes del protocolo, la UE probablemente hará lo mismo con el acuerdo comercial, perjudicando aún más las exportaciones e impulsando la inflación.

Hasta hace poco, los inversores consideraban Reino Unido como parte del paquete europeo. Tanto la libra como el euro han caído fuertemente frente al dólar este año, y los retornos de la deuda pública han subido en todo el mundo. Pero ahora hay los primeros signos de nerviosismo centrados específicamente en Gran Bretaña. El diferencial entre la deuda británica y la alemana a 10 años se ha ampliado en 0,3 puntos porcentuales en el último mes. En los últimos 10 días, la libra ha caído cerca de un 2% frente al euro.

Un cóctel de política fiscal especialmente relajada, ataques al banco central y conflictos con la UE podría hacer que Reino Unido pareciera un caso atípico. Los inversores podrían entonces golpear con fuerza tanto a la libra como a los gilts.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías