Internacionalización ibérica: España y Portugal en el mundo

Ambos gobiernos deben potenciar sus relaciones bilaterales con el fin de eliminar cuanto antes las restricciones a la integración económica

España y Portugal han apostado decididamente por su internacionalización, sobre todo desde su entrada en la Unión Europea (UE). Ambos países exhiben cuotas en la exportación y en la inversión exterior directa mundial que son superiores a su importancia relativa en el PIB o en la población, y sus empresas se han convertido en multinacionales a un ritmo muy rápido, sobre todo en las dos últimas décadas.

Este proceso de internacionalización, unido a la proximidad geográfica y cultural y a la complementariedad de sus economías, ha facilitado e impulsado una creciente integración del mercado ibérico, fortaleciendo la competitividad internacional de sus empresas. Así, España y Portugal disponen hoy de un sector exterior que ha sido capaz de superar situaciones tan adversas como la crisis financiera internacional de principios del siglo actual o la pandemia del Covid-19.

Uno de sus rasgos más destacados de este exitoso proceso es el notable avance de las exportaciones ibéricas durante la última década, que hasta el pasado año ha permitido a ambos países registrar y sostener un equilibrio en sus cuentas exteriores, algo que no ocurría desde la incorporación a la UE. También el atractivo que siguen mostrando para la inversión directa de empresas de otros países, en especial en actividades de servicios, como las telecomunicaciones, comercio, servicios financieros y servicios profesionales, y de la industria, como alimentos, bebidas y tabaco y automoción, en el caso de España.

La elevada competitividad de las empresas manufactureras ibéricas se pone de manifiesto en el sostenimiento de su cuota en las exportaciones mundiales, que se apoya principalmente en cuatro sectores claves: vehículos de motor; alimentos, bebidas y tabaco; productos químicos; y maquinaria mecánica. En el ámbito de las exportaciones de servicios España y Portugal mantienen elevadas participaciones en el total mundial, con el turismo desempeñando un crucial papel, creciente en el caso de Portugal y decreciente en el de España, donde alternativamente han avanzado con inusitada fuerza los servicios no turísticos.

De hecho, los efectos adversos de la pandemia del coronavirus en el comercio de bienes de España y Portugal fueron rápidamente superados. Sus exportaciones e importaciones de mercancías recuperaron pronto los niveles previos, mostrando la resiliencia de las redes comerciales en las que descansa la internacionalización ibérica. Pero eso no impidió que la pandemia afectara al comercio de ambos países de forma más intensa que al conjunto de la UE, dado el importante peso del turismo. Por su parte, en la inversión extranjera directa los efectos de la crisis sanitaria han sido menores en la península ibérica que a escala europea.

En estos resultados ha desempeñado un papel esencial la inserción de las empresas ibéricas en cadenas globales de valor, fundamentalmente en las europeas, sobre todo en aquellas frecuentadas por empresas alemanas, francesas e italianas. A este respecto, merece resaltarse el entramado productivo articulado en torno a los sectores de automoción, alimentos, bebidas y tabaco, metálicas básicas y química, donde cooperan activamente las empresas francesas, españolas y portuguesas, y que se está extendiendo hacia el norte de África. Se trata de un interesante y novedoso desarrollo que hay que seguir y facilitar.

La integración productiva y la internacionalización ibérica poseen aún un alto potencial de desarrollo, lo que debe estimular los planes de cooperación entre ambos países tanto en el terreno productivo y de la innovación como en el de la promoción exterior. En el primero, marca el camino a seguir la iniciativa Constelación Atlántica, desarrollada dentro del Perte Aeroespacial aprobado por el gobierno español, así como la colaboración prevista en el centro de almacenamiento energético que se ubicará en Cáceres. En el segundo, se abre un espacio para una mayor cooperación entre ambos países en su acceso complementario a los mercados de África y América Latina, dado que cada uno de ellos se encuentra implantado en zonas donde el otro apenas ha penetrado. Por esta razón, la iniciativa española Horizonte África debería buscar el apoyo portugués.

España y Portugal son dos países pequeños en el espectro global, pero que cuentan con sociedades vibrantes, empresas dinámicas y una clara vocación internacional. Disponen de idiomas universales, hablados en numerosos países de diferentes continentes, con los que desde hace siglos hay estrechos vínculos económicos y culturales, aspectos de gran trascendencia para la internacionalización de las empresas, en particular para aquellas de menor dimensión.

Dada la importancia que para las economías ibéricas tiene la internacionalización, es preciso hacer un seguimiento continuado y riguroso de los cambios que se están produciendo en el entorno internacional. El auge del proteccionismo y de los conflictos geopolíticos, junto con el deterioro del orden multilateral prevaleciente hasta hace muy pocos años, propician una transformación cargada de muchas incógnitas. Pero también se abren nuevas posibilidades y oportunidades, asociadas a cambios tecnológicos y organizacionales de las empresas.

Ante este marco, los gobiernos de España y Portugal deben favorecer sus relaciones bilaterales, eliminando cuanto antes restricciones a la integración económica y a la internacionalización, como son, entre otras, las insuficientes infraestructuras terrestres existentes o las duplicidades derivadas de una frontera política ya superada por las relaciones económicas y sociales en el ámbito de la Unión Europea.

Rafael Myro/Gonzalo Solana son Catedrático emérito de la Universidad Complutense/ Director de cátedra Nebrija Santander en internacionalización de empresas