España, ante una oportunidad única en materia energética

De 2030 a 2035 la economía española afronta el reto de convertirse en el gran generador de renovables para Europa

En los años previos a este 2022, la evolución y el protagonismo que se le exigía a las energías renovables era moderado, cauto y con vistas al largo plazo. Sin embargo, tras la situación geopolítica que ha generado la invasión de Rusia sobre Ucrania y la crisis energética que ello ha provocado en Europa, sumada la creciente preocupación por el cambio climático, ha hecho que la paciencia que se tenía con las renovables se haya desvanecido en gran medida. Actualmente, se necesita acelerar considerablemente el desarrollo de las energías renovables para poder romper con la dependencia energética de Rusia y también para poder revertir las catastróficas consecuencias del calentamiento global.

Para alcanzar estos objetivos en un menor periodo de tiempo, cada país debe fomentar desde su lugar de actuación que sus instituciones públicas colaboren estrechamente con el sector privado para que juntos se pueda acelerar el desarrollo y la instalación de sistemas como la energía solar fotovoltaica o el hidrógeno verde, uno de los vectores energéticos más novedosos de los últimos años que, en muy poco tiempo, se ha abierto un hueco muy protagonista en la conversación alrededor de la transición energética gracias a sus innegables aplicaciones y beneficios medioambientales.

Con ambos tipos de energía renovable, España tiene una posición privilegiada que le sitúa ante una oportunidad única en su historia como país líder en un sector clave de la economía mundial. Dicha oportunidad, que no se atisbaba hasta dentro de varias décadas, se pone frente a nosotros para la próxima década, entre los años 2030 y 2035: España puede convertirse en el gran generador de energía renovable de toda Europa, lo que tendría unas implicaciones macroeconómicas increíblemente positivas.

Por lo tanto, España debe estar a la altura del reto y las expectativas de las circunstancias, porque una buena ejecución puede suponer un refuerzo económico sin precedentes en la historia del país. Para ello, la apuesta por la energía fotovoltaica debe ser todavía mayor, tratándose de la energía más barata de producir por nuestras condiciones climatológicas. Dicha apuesta se vería reflejada en una agilización sustancial de los trámites burocráticos y administrativos que hoy día se requieren para la instalación de una planta fotovoltaica, con plazos demasiado prolongados en el tiempo, que generan incertidumbre y desincentivan enormemente la inversión privada en el sector. Existen incluso situaciones en las que proyectos viables no han salido adelante porque hay un plazo límite para tenerlos tramitados, y si se excede ese plazo, se caduca el permiso de acceso sin que el promotor del proyecto haya cometido ningún error en el proceso. La realidad es que un parque fotovoltaico de 200 MW se puede construir en seis meses, por lo que no tiene sentido que se tarde dos años en tramitarlo.

Por esta razón, se hace necesario que las administraciones nacionales y autonómicas trabajen en los tiempos y en los cuellos de botella que puedan impedir que los proyectos de energías renovables tomen más del tiempo necesario. También hay que incentivar y darles visibilidad a los proyectos de hidrógeno verde. Se trata de un vector energético que, hasta hace poco tiempo, no ocupaba espacios en los debates de conversación en torno a la transición energética, pero su irrupción está siendo meteórica y cada vez son más las voces expertas que lo sitúan como un actor principal de las energías renovables. Está destinado a jugar un papel fundamental para sustituir el uso de los combustibles fósiles, lo que puede tener grandes beneficios en el sector industrial, siendo el próximo combustible sin emisiones para vehículos industriales, maquinaria de trabajo, transporte de mercancías e incluso turismos. También serviría para calentar hogares, apoyar la industria pesada y la movilidad de la aviación. Así, la consultora BloombergNEF predice que el hidrógeno podría satisfacer hasta el 24% de las necesidades energéticas del mundo para 2050.

Al igual que con la energía fotovoltaica, se necesita que las administraciones públicas sean capaces de detectar este potencial en el hidrógeno verde y que colaboren con las entidades privadas para favorecer su desarrollo. Se perciben gestos que arrojan esperanza de que el compromiso sea real y tangible. En los objetivos del Ejecutivo Nacional, que reciben el nombre de Hoja de Ruta del Hidrógeno: Una apuesta por el hidrógeno renovable, se ha fijado como meta a alcanzar, en línea con las directrices del Pacto Verde Europeo, los cuatro gigavatios de potencia instalada para el 2030, con una inversión que roza los 9.000 millones de euros, siendo cifras aceptables, aunque pudiendo ser más ambiciosas.

Otro gesto de esperanza lo protagonizó el nuevo presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, en su discurso de investidura, comprometiéndose a impulsar el hidrógeno verde en la comunidad autónoma, precisamente mediante la simplificación administrativa.

Todos los indicadores apuntan a un escenario en el que, ante una situación de gran incertidumbre energética, se atisba esta oportunidad histórica y España tiene una posición privilegiada para entrar de lleno en el tablero geopolítico de la energía. Se debe apostar sin miramientos hacia la energía solar fotovoltaica y el hidrógeno verde, y lo que es más importante, en una colaboración público-privada más efectiva que nunca.

Tobías Greiling es CEO de Ansasol y especialista en el desarrollo de proyectos fotovoltaicos e hidrógeno verde