Asegurando el futuro de Europa

Es absolutamente necesario permitir a las empresas y organizaciones de alto crecimiento perar sin problemas, a escala continental

Es innegable afirmar que vivimos tiempos convulsos. La inestabilidad social, económica y política es una constante habitual en todas las partes del mundo. Instituciones, empresas y, en definitiva, el conjunto de la sociedad, se enfrentan cada día a multitud de retos complejos que en muchos casos nunca antes habíamos vivido. Y, como no podía ser de otra manera, Europa no es ajena a todo ello.

En este contexto de incertidumbre habitual que llevamos tiempo viviendo, el viejo continente se encuentra en un momento de gran vulnerabilidad competitiva, de crecimiento futuro, así como de autonomía estratégica. Esto es debido, principalmente, a carencias empresariales y tecnológicas que evidencia Europa frente a otras regiones del mundo. Tan es así que, actualmente, está en juego un valor añadido empresarial de entre 2 y 4 billones de euros al año para 2040, lo que equivaldría a entre el 30% y el 70% del crecimiento del PIB previsto en Europa entre 2019 y 2040. Esta es una de las principales conclusiones extraídas del más reciente estudio que hemos hecho sobre el futuro de Europa.

A medida que la tecnología se difunde por todos los sectores, determinando cada vez más la dinámica competitiva, los actores europeos parecen cada vez más vulnerables en casi todos los sectores, incluyendo en sus actuales bastiones, como la automoción y los bienes de lujo. Esto se ve directamente reflejado en que Europa solo lidera dos de las diez tecnologías transversales identificadas como las que marcarán la futura ola de innovación tecnológica en el mundo.

Sin duda alguna, estamos en un momento en el que, si las empresas europeas quieren jugar a la escala y velocidad necesarias para competir en un mundo en el que la disrupción tecnológica está impregnando todos los sectores a través de tecnologías transversales como la inteligencia artificial, la revolución biológica y la nube, los responsables de la toma de decisiones tendrán que reevaluar el statu quo y hacer nuevas concesiones que les permitan llevarlo a cabo. Esto se podría conseguir con un conjunto de iniciativas de los responsables públicos y privados que enfaticen una toma de decisiones de repercusión a escala europea y en unas normas más favorables a la innovación.

Para ello, resulta absolutamente necesario desarrollar un reglamento corporativo común europeo o crear una nueva entidad reguladora que permita a las empresas y organizaciones de alto crecimiento operar sin problemas, a escala continental. Ligado a ello es fundamental facilitar, fomentar e incentivar la consolidación transfronteriza, lo que incluye completar el mercado único, revisar las normas antimonopolio y eliminar los obstáculos políticos, considerando, entre otros, la posibilidad de desarrollar procesos acelerados de aprobación regulatoria y de toma de decisiones, como ocurrió en el caso de la aprobación de las vacunas para el Covid-19.

Otra de las iniciativas que podrían llevar a cabo los responsables públicos sería pasar a la contratación conjunta en ámbitos relacionados con la innovación, desde la defensa hasta la sanidad; por ejemplo, hoy en día Europa solo agrupa el 0,2% de su contratación pública total a nivel europeo, frente al 45% a nivel federal de Estados Unidos.

Por otro lado, necesitamos una Europa cada vez más justa y solidaria. Urge aumentar el apoyo al desarrollo de las regiones europeas más necesitadas, garantizar la igualdad de condiciones para las empresas más pequeñas en torno a los monopolios digitales, así como iniciar un debate sobre cómo proteger a las nuevas empresas tecnológicas, antes de que se enfrenten a toda la competencia a escala mundial.

Otra de las claves, y que no debemos dejar a un lado, será la apuesta por el talento como principal factor de éxito en los mercados futuros. Los responsables europeos tienen que apostar por una una mayor coordinación, un aumento de los presupuestos y una mayor visibilidad para atraer, desarrollar y retener el talento STEM (en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y empresarial. En última instancia, es necesario adoptar una reasignación de la mano de obra y una recualificación más rápida.

Para llevar a cabo el desarrollo e implementación de estas medidas, tanto instituciones como empresas tienen que dar un paso adelante. Y, sin duda alguna, la colaboración público-privada y, en concreto, los líderes empresariales, desempeñarán un papel fundamental en todo este proceso. Estos últimos deberán involucrarse de forma más activa, independientemente de que el panorama competitivo mejore o no. Es así que las organizaciones y, en definitiva, los grandes líderes empresariales, tienen que asumir más riesgos y aumentar la competitividad, por ejemplo, estableciendo objetivos ambiciosos a largo plazo, ajustando los incentivos y aprovechando las fusiones y adquisiciones programadas y las alianzas para crear escala y generar capacidades.

Es justo reconocer que cuando Europa funciona, funciona bien; cuenta con menos emisiones de carbono per cápita que Estados Unidos y China, y sus emisiones están disminuyendo entre un 30% y un 50% más rápido que las de dichas economías; la desigualdad de ingresos, medida por el índice Gini, es solo de 30, frente a los 41 de Estados Unidos; y también vale la pena destacar que los diez primeros países que encabezan el Índice de Movilidad Social publicado por el Foro Económico Mundial son europeos.

Son esos los datos que nos deben hacer mirar al futuro con optimismo y mayor determinación. Mejorar la competitividad económica, el crecimiento y la autonomía estratégica de Europa es un trabajo de todos y cada uno de los actores implicados. Tenemos una gran oportunidad en frente de nosotros, y resulta de una necesidad imperiosa que se aborde cuanto antes, si no queremos quedarnos atrás; Europa tiene que actuar rápido para generar escala y velocidad, y así nivelar su campo de juego frente a las otras regiones.

Alejandro Beltrán es socio director de McKinsey en España y Portugal