Negocios salvados gracias a la solidaridad de sus clientes

La librería Caótica, en Sevilla, logra hacer frente al desahucio tras una campaña de recaudación de fondos

El videoclub madrileño Ficciones de Cine obtuvo 4.900 euros

Espacio de la librería Caótica en el centro de Sevilla.
Espacio de la librería Caótica en el centro de Sevilla.

Bajar la persiana el último día de agosto para no volver a subirla. Es lo que llegaron a valorar los socios de la librería Caótica, en Sevilla, cuyos clientes han salido a su rescate, como ya ocurrió con otros negocios en España en los últimos años. En el caso de Caótica, tenía que hacer frente a una demanda de desahucio por tres meses de alquiler pendientes de pagar. Gracias a la ayuda tanto de sus lectores como de otros ciudadanos, que han participado en una campaña para recaudar fondos, el establecimiento puede abonar la deuda. La decisión de poner en marcha esta iniciativa no fue nada fácil, como reconoce Maite Aragón, una de las socias fundadoras: “No estábamos convencidos de sacar la plataforma de crowdfunding. Nos daba muchísimo pudor hacerlo porque nos parecía un poco injusto, incluso, recurrir al apoyo de la comunidad cuando teníamos subvenciones del ayuntamiento pendientes de pago por un valor mucho mayor del importe que debíamos al propietario del inmueble. Estábamos muy debilitados de motivación. La gente cercana nos sugirió que no podíamos cerrar. Que no podíamos condenar el proyecto cuando había mucha comunidad de lectores alrededor de Caótica, y debíamos darle una oportunidad”.

Decidieron redactar una carta a los lectores que publicaron en Eldiario.es y que tuvo una gran difusión en pocos días, “incluso a nivel internacional”, señala Aragón, antes de añadir que en varias jornadas han conseguido, gracias a donaciones de más de 500 personas, reunir los fondos para depositar en el juzgado el dinero que adeudaban. Una cantidad que prefiere no revelar. “Los abogados nos han pedido que fuéramos prudentes y discretos porque se trataba de un proceso judicial. Y también hay una segunda razón. En el momento que demos esa cifra, se podía calcular nuestro precio del alquiler, y estamos escarmentados, porque ya en un proyecto anterior habíamos recibido muchísima presión inmobiliaria hasta que consiguieron arrebatarnos el local. Saber lo que pagamos por el alquiler nos hace más vulnerables”, explica esta socia fundadora que durante estos días está ejerciendo de portavoz.

Una vez solventado este escollo, ahora llega el momento de reformular Caótica para hacerla más sostenible económicamente. Les tocará en las próximas semanas reducir gastos, compartir el espacio con una cafetería y el edificio con una agencia de comunicación. Unos planes en los que ya venían trabajando hace unos meses y que ahora afrontan con la inyección de moral que ha supuesto para los socios estos últimos días, en los que han vivido “un tsunami de cariño”. Pero también con mayor responsabilidad, si cabe, porque son conscientes de que deben ofrecer un proyecto cultural “a la altura del gesto que la ciudad y la comunidad” han tenido con ellos, una labor que afrontan con mucho orgullo, según afirma Aragón.

Pedir ayuda económica a través de una plataforma de crowdfunding fue lo que hizo en primavera Marcia Seburo, propietaria del videoclub Ficciones de Cines en Madrid. Tras un primer intento en Facebook, en el que apenas consiguió unos 200 o 300 euros, Seburo abrió una campaña en Gofoundme, que ha finalizado hace poco, por la que recaudó los 4.900 euros que necesitaba. En la misma participaron 121 personas, una de las cuales llegó a aportar 1.000 euros divididos en varias aportaciones, aunque la empresaria asegura no saber quién es. La propietaria recurrió a esta forma de financiación para hacer frente a varias deudas de suministros y embargos de la Seguridad Social y Hacienda por haber dejado de pagar durante la pandemia.

Algo diferente es el caso de la librería Proteo, en el centro de Málaga, que sufrió un devastador incendio en mayo de 2021 y que ha reabierto en febrero. Ellos no recurrieron a plataformas para conseguir dinero, pero, a las pocas horas de apagarse las llamas, los clientes se volcaron haciendo compras online para ayudarles, así, a superar el duro momento. “Nos prestaron un almacén y ordenadores y así nos pusimos a vender. Las librerías de otras provincias pidieron que, durante un día, todos los pedidos se nos hicieran a nosotros. El aluvión fue brutal, tanto que no podíamos dar abasto”, recuerda Jonatan Santos, uno de los libreros de Proteo, al que se le nota en la voz la emoción al recordar esos días. Algunos de sus lectores, incluso, organizaron iniciativas para recaudar fondos, como un concierto benéfico.

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