Farma, cuando las debilidades se convierten en fortalezas

Las exigencias burocráticas parecen un freno para el negocio, pero también son una barrera de entrada para nuevos competidores

La invasión de Ucrania, el contexto de elevada inflación y el endurecimiento de las políticas monetarias han sido el caldo de cultivo perfecto para recortar el apetito inversor y paralizar las salidas a Bolsa en el parqué español en los primeros meses del año. La inestabilidad macroeconómica y geopolítica ha extrapolado esta tendencia a toda Europa, donde los debuts bursátiles se han reducido en el primer semestre un 89% respecto al mismo periodo de 2021, según el informe European Equity Capital Markets, de Deloitte. Si bien ha sido una tendencia más o menos generalizada, la CNMV ha insistido en varias ocasiones en la importancia que tienen para la economía española los estrenos en los mercados.

Según los expertos, los inversores se muestran mucho más cautelosos y no están dispuestos a asumir demasiados riesgos en sus carteras. La incertidumbre frena, por tanto, las salidas a Bolsa. Sin embargo, aun así vemos como todavía hay empresas que se animan a dar el paso. En concreto, toda la actividad de salidas a Bolsa en el primer semestre en nuestro país se centró en el mercado BME Growth. El mercado para las empresas en crecimiento asistió en ese periodo a seis toques de campana, aunque lejos todavía de las 16 de empresas que se estrenaron en este índice el año pasado.

En tiempos convulsos para los mercados de capitales como estos, el foco de los inversores se pone sobre sectores disruptivos y estratégicos que sirven de defensa ante esta situación. Así pasó, por ejemplo, durante la pandemia, donde la atención pública y también la de los inversores se desvió hacia el sector farmacéutico como ese halo de luz capaz de devolvernos la tan codiciada normalidad a nuestras vidas y también a nuestras economías.

Además, los inversores estrechan su foco sobre la actividad de las farmacéuticas en momentos coyunturales o ante aprobaciones trascendentales para la industria, como la que dictó en junio la Comisión de Sanidad y Consumo del Congreso, mediante la que propone regular en un plazo de seis meses el cannabis terapéutico para paliar el dolor y los efectos de los tratamientos de algunas patologías. No obstante, los inversores pronto se percatan de ciertas particularidades que a menudo pueden resultar un freno para aquellos que desconocen su idiosincrasia, y también una oportunidad para los que saben aprovecharlas.

Un sector defensivo

Entre las peculiaridades de la industria farmacéutica, por ejemplo, destaca el hecho de que es un sector defensivo que suele mostrar un buen comportamiento en momentos de desaceleración económica como el actual. Así, al no verse excesivamente afectado por la normalización de la política monetaria que nos espera en los próximos meses, permite actuar como un potencial activo refugio ante las subidas de tipos de interés y la elevada inflación.

Otra de sus singularidades es que cuenta con una alta regularización y unos plazos extensos y muy estrictos, que ralentizan los movimientos de las compañías (tanto a nivel comercial como corporativo). Por eso, el sector farmacéutico a menudo pierde interés para inversores que buscan una alta rentabilidad en el corto plazo. Pero es cuando se conoce el funcionamiento y el mecanismo bajo el que opera esta industria cuando lo que a priori parecen grandes debilidades o frenos se convierten en sus mayores fortalezas.

Tiempos y protocolos

Porque el farmacéutico es un mercado con fuertes barreras de entrada, pero también uno de los sectores que más invierte en investigación, desarrollo e innovación (I+d+i). Y, a pesar de que esta partida constituye una de sus principales y más importantes inversiones, a su vez, otorga a los laboratorios un periodo en el que pueden explotar la exclusividad y los márgenes de sus productos y mercados.

Así, el proceso de desarrollo de cualquier nuevo medicamento dentro del portfolio de una compañía supone un proceso largo, cargado de protocolos y procedimientos hasta la obtención de su denominado registro. Pero este proceso no termina aquí. Una vez obtenido, es necesario registrarlo país a país y mercado a mercado, para poder distribuirlo; un procedimiento que puede dilatarse entre dos y cinco años, lo que da idea de la dificultad que supone lanzar un producto innovador al mercado, junto con sus altos costes de investigación y desarrollo.

Este es un freno temporal y burocrático, a simple vista. Pero, si se sabe manejar adecuadamente, vuelve a convertirse en el mejor aliado, sobre todo para compañías con trayectoria y experiencia que ya cuentan con un know-how específico, pues se trata de una barrera natural que controla a la competencia y le dota de una ventaja comercial y estratégica. De esta manera, las fortalezas de cualquier compañía de este sector residen en otros aspectos menos considerados por los Inversores, como son el número de productos y respectivos registros, capacidades productivas (con diferentes tipos de presentaciones orales, inyectables, grageas…, etc.), permisos especiales de fabricación, como por ejemplo psicotrópicos y hormonales, diversificación de negocio etc.

Por tanto, a pesar del contexto de volatilidad de los mercados, en un contexto de población creciente y tendente al envejecimiento, ante la cada vez mayor preocupación por los hábitos de vida saludables y la atención médica de las economías en desarrollo y también ante una mayor demanda mundial de proteína animal, tanto la salud humana como la salud de los animales son objetivos clave y, por tanto, una oportunidad de inversión a largo plazo.

Manuel Ramos es CEO de Labiana