Poner el foco en el dato para la digitalización ética y definitiva

El tratamiento eficiente de la información acelerará el progreso, siempre que no se conculquen los derechos individuales

La generación de datos, así como la recolección y el interés por los mismos, crece de manera exponencial en un entorno socioeconómico hiperconectado e hipercontrolado. Empresas, Gobiernos y organizaciones diversas se encargan de recopilar, almacenar y analizar estos datos con el fin de monetizar, controlar y predecir comportamientos, mientras los ciudadanos toman conciencia del valor de la información que genera el rastro digital de sus actividades cotidianas.

En escasas dos décadas, el dato se ha convertido en el petróleo del siglo XXI, dando lugar a lo que numerosos expertos definen como la nueva revolución industrial, aunque tal optimismo puede afectar negativamente a la privacidad si no se respetan ciertos principios. De ahí que la regulación europea en materia de protección de datos establezca “la lealtad con el interesado, la transparencia, la licitud o legitimidad del tratamiento, la limitación de la finalidad, la minimización, la exactitud, la limitación del plazo de conservación y la integridad y confidencialidad”, como principios garantes de la privacidad en su tratamiento.

Sin embargo, mientras que la Unión Europea se ha posicionado como garante de los derechos individuales de los individuos generadores de los datos, en Estados Unidos se da mayor importancia a la calidad del dato como producto comercializable, en detrimento de la privacidad de los individuos. La rectitud europea en el tratamiento de datos permea en muchas áreas de los negocios, y obliga a incurrir en costes que otras latitudes no tienen.

En el mundo del transporte, de personas y de mercancías, por ejemplo, existen los datos de los operadores, los datos de los pasajeros y los datos del sector de la logística o el transporte de mercancías. Entre todos arrojan un gran cómputo de datos que suelen meterse en un mismo saco de manera equivocada, lo cual limita la toma de decisiones a la hora de establecer nuevos modos y servicios.

Respecto a los operadores, existe un movimiento que defiende los datos en abierto (open data, en inglés) con una información accesible de forma gratuita, no discriminatoria, actualizada, interoperable y estandarizada, con el objetivo de aumentar la transparencia del sector. Aducen que se dará una colaboración público-privada más fluida y que esto beneficiará a la sociedad. Pero es necesario ir un paso atrás y ver que la información accesible, saneada y transparente es imprescindible de cara a una fiscalización de los servicios prestados por los operadores.

En muchas ciudades a día de hoy supone un arduo trabajo el poder saber cómo moverse de un punto a otro por falta de información en tiempo real. De esta necesidad surgieron los Puntos de Acceso Nacional (PAN), como una exigencia de la Comisión Europea para una mejor información pública en materia de transporte. Cuando lleguemos a este punto en la mayoría de nuestras ciudades, seremos capaces de promover esas relaciones con el sector privado para crear nuevas plataformas y soluciones que den servicio al ciudadano.

Otro actor fundamental en el ecosistema de los datos es el pasajero o ciudadano que se mueve por la ciudad. Además de mostrar nuestra residencia y nuestro lugar de trabajo, esos datos de movimientos pueden inferir si hemos acudido a una clínica para practicar un aborto o si frecuentamos ciertos lugares de culto. Por ello, ser dueños de los datos que proporcionamos y conocer qué uso van a hacer de ellos las plataformas que los gestionan es clave para conseguir defender nuestra privacidad y protegernos de posibles ataques contra nuestros derechos.

En cuanto al mundo de la logística de mercancías, el dato representa una pieza fundamental en el engranaje del sistema, y un uso correcto del dato puede suponer grandes reducciones en la descarbonización del sector y en la mejora de la cadena de suministro. De acuerdo con el estudio de la organización Coalition for Reimaging Mobility (ReMo), se podrá reducir hasta un 22% de las emisiones de la cadena de suministro en 2050, o lo que es lo mismo, 2.500 millones de barriles de crudo, con la adopción de un sistema de intercambio de datos en abierto estandarizados. Esto obligaría a los distintos actores de la industria a intercambiar datos fiables en tiempo real para que puedan operar, y serán las autoridades portuarias las encargadas de controlar y supervisar el flujo de información.

El papel de los datos resulta esencial para la digitalización, ya que sin un buen dato no podemos exigir grandes cambios o mejoras sustanciales en los procesos. Además, en el sector de la movilidad, los datos suponen el primer paso hacia una realidad de vehículos conectados y autónomos, infraestructuras conectadas, uso de drones para el reparto de paquetes, y plataformas digitales como servicio.

No se debe olvidar, sin embargo, que el tratamiento de los datos de manera eficiente acelerará el progreso, siempre y cuando no se conculquen los mecanismos de protección de los derechos individuales, de la privacidad y la presunción de inocencia. La transición a un mundo más conectado y eficiente tiene que ser digitalmente ética.

Guillermo Campoamor es CEO de Meep