El Banco Popular de China es víctima de su propio éxito

Su política ha permitido crecer de forma exponencial al mercado inmobiliario y ahora los fundamentos se tambalean

El Banco Popular de China es víctima de su propio éxito

El Banco Popular de China (PBOC por sus siglas en inglés) es víctima de su propio éxito. El banco central ha sostenido el crecimiento sin una flexibilización agresiva, manteniendo la inflación bajo control. Sin embargo, su ataque al riesgo financiero ha cambiado drásticamente el mercado inmobiliario –52 billones de dólares en residencias en 2019, según Goldman Sachs– y los fundamentos se tambalean.

Durante la crisis financiera mundial de 2008, el PBOC recortó los tipos de interés, generando una demanda interna que compensó el desplome de las exportaciones. En 2015, volvió a hacerlo después de que un intento de frenar la especulación inmobiliaria provocara la caída en picado de la economía en su conjunto. Uno de los efectos secundarios fue duplicar la deuda acumulada de la economía, que pasó del 140% del producto interior bruto en 2008 al 270% el año pasado. Todavía más dinero se vertió en el sector inmobiliario.

Como consecuencia de ello, el PBOC fue extraordinariamente conservador en su reacción al Covid-19, ciñéndose principalmente a liberar el dinero que los bancos tenían en reserva, por lo que los tipos de interés ponderados de los préstamos a las empresas cayeron menos de un punto porcentual desde los niveles anteriores a la pandemia. El crecimiento se reactivó en 2021 sin que se produjeran fuertes recortes de los tipos, lo que permitió al PBOC mantener la presión sobre la deuda incobrable. Actualmente, mientras los precios al consumo, entre ellos los de los alimentos y la energía, se disparan por encima del 9% en Estados Unidos, China registraba un benigno 2,5% el mes pasado. Eso, sumado a un fuerte superávit comercial, ha apuntalado el yuan mientras otras monedas de mercados emergentes se hundían.

Es posible que el éxito haya generado un exceso de confianza. El jefe del Partido Comunista de China del PBOC, Guo Shuqing, defendió una política de “tres líneas rojas” en 2020 para frenar los préstamos a los promotores inmobiliarios endeudados, como complemento a una iniciativa más amplia para reducir el peso del sector inmobiliario en la economía china. Se produjo una ola de impagos, primero de bonos, luego de proveedores y finalmente de compradores de viviendas. Todo esto ocurre mientras otros sectores, como el minorista y el de la fabricación, flojean.

El PBOC tiene margen para recortar el tipo de interés preferencial de los préstamos a cinco años, actualmente en el 4,45%, pero eso no servirá de mucho si los compradores se mantienen alejados. Guo podría suspender la aplicación de las “tres líneas rojas” para aliviar a los promotores inmobiliarios, pero eso resultaría embarazoso y podría llegar demasiado tarde. Los esfuerzos oficiales para ayudar a terminar los proyectos de vivienda estancados por valor de 740.000 millones de dólares, según cálculos de GF Securities, se enfrentan a la falta de financiación y a la resistencia de las empresas estatales. Dado que los gobiernos locales dependen en gran medida de la venta de terrenos para obtener ingresos, el declive del sector inmobiliario también limita los remedios fiscales. La victoria del PBOC podría acabar en un aterrizaje forzoso.