Inestabilidad

La Bolsa y el bono italiano se sobreponen al caos político y la salida de Draghi

El rendimiento del bono a 10 años cae del 3% por primera vez desde mayo

El índice FtseMib rebota el 10% desde el mínimo de julio

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La llegada al poder de Mario Draghi como primer ministro italiano en febrero de 2021 fue recibida con alivio por los inversores. El caos no ha llegado sin embargo a los activos financieros italianos tras su traumática salida del Gobierno y la convocatoria de elecciones anticipadas en septiembre, en un nuevo episodio para la tumultuosa historia política del país.

El rendimiento del bono italiano a una década descendió hoy por debajo del 3% por primera vez desde mayo, al 2,89%. Y el índice FtseMib se ha recuperado a niveles de principios de junio y rebota el 10% desde los mínimos marcados en julio. El dinero no ha huido en desbandada del mercado de capitales italiano, aunque la nueva etapa de inestabilidad política que inicia Italia promete ser un foco de volatilidad. Por el momento, la tensión se ha relajado en la deuda soberana, después de que el rendimiento del bono a 10 años llegara a superar el 3,5% el 21 de julio, el día en que se hizo irrevocable la dimisión de Draghi.

Ese mismo día el Consejo de Gobierno del BCE subió los tipos medio punto y presentó el instrumento con el que contener las subidas descontroladas de las primas de riesgo. Su creación ha contribuido a la caída de rentabilidades del conjunto de los bonos, al poner sobre la mesa una herramienta por cuantía ilimitada y para cuya activación no se especifican requisitos ni muy concretos ni muy severos. Los justos con los que dar confianza con el compromiso de la sostenibilidad de la deuda y con los que cumplir con las condiciones que ya exige Bruselas para el desembolso de los fondos Next Generation.

Draghi había impulsado las reformas con las que Italia podrá recibir el pago de casi 200.000 millones de euros en fondos europeos, claves para que la economía italiana del país se reactive –más aún en el incierto contexto actual de crisis energética y dependencia del gas ruso– y afronte su elevada deuda, de alrededor del 150% del PIB.

El descenso en la rentabilidad del bono soberano es reflejo de que “los inversores confían en que la campaña electoral y el nuevo gobierno no modificarán lo logrado por Draghi”, según señala Antoine Bouvet, estratega senior de ING, en declaraciones a Blooomberg. A esta confianza inicial ha contribuido especialmente la noticia de que la líder ultraderechista y principal favorita para los comicios de septiembre , Giorgia Meloni, seguirá las directrices presupuestarias de Bruselas si llega al poder, según fuentes oficiales próximas a la política citadas por Bloomberg.

El nuevo Instrumento para la Protección de la Transmisión (TPI) del BCE frente a las primas de riesgo ha aliviado temporalmente la presión sobre los bonos italianos. Sin embargo, según apuntan desde Amundi, “es difícil imaginar que el BCE utilice su nueva herramienta para hacer frente a los riesgos específicos de cada país derivados de la agitación política”. Amundi también advierte que, con elecciones en septiembre, es previsible que el presupuesto de 2022 de Italia se prorrogue a 2023, lo que sería “claramente negativo para el crecimiento”. En Nomura sostienen que si una coalición de derechas gana las elecciones generales de septiembre y abandona las reformas económicas, podría poner en peligro no sólo el acceso de Italia a las ayudas fiscales de la UE y a la nueva herramienta del BCE sino la futura integración de la UE y la emisión conjunta de deuda.

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