La determinación de la Reserva Federal para secar de raíz la inflación

Tiene que medir cada vez más sus decisiones para evitar convertir su política agresiva y restrictiva en la causa directa de una recesión

La reunión del mercado abierto de la Reserva Federal de EE UU (Fed) cumplió el miércoles los pronósticos de los analistas y operadores del mercado y subió los tipos de interés del dólar en un 0,75%, hasta el 2,5%, en una confirmación explícita de que ha decidido secar el brote inflacionista en una economía recalentada. Con una tasa de inflación en máximos de cuatro décadas, tiene que atajar la posibilidad de un recrudecimiento por las tensiones en el mercado de trabajo, que han llegado a un desequilibrio entre oferta y demanda desconocido, con dos ofertas de empleo por cada demanda y la tasa de desempleo en mínimos, y en la que el riesgo latente de una espiral de precios por la vía de los costes laborales es muy elevado, casi tanto como las tensiones en los mercados energéticos.

Desde que inició el endurecimiento de la política monetaria, la Fed ha dado un salto cuantitativo muy importante al precio del dinero, aunque los efectos sobre el comportamiento de los precios de consumo no se ha manifestado aún con intensidad, y pese a que existe un riesgo reconocido de llevar a la economía estadounidense a una recesión en los próximos trimestres. Pero parece que actúa con más celo contra la inflación, pese a haber cedido algo sobre sus intenciones iniciales, que por el cuidado del crecimiento, un poco a contramano de las prioridades de su mandato. Justo al contrario que el Banco Central Europeo (BCE), que pese a tener como objetivo único el control y la estabilidad de los precios, ha tardado en reaccionar en Europa por temor a quebrar un crecimiento que sigue siendo muy débil.

Subidas tan agresivas como las practicadas por EE UU son una garantía de que la inflación cederá más pronto que tarde, y que además ayudará también a moderar los precios en el resto del mundo. Pero tasas de interés tan elevadas en términos comparados con las europeas, fortalecerán más todavía al dólar y deteriorarán la relación real de intercambio comercial de la zona euro, además de estimular la importación de inflación por el mero hecho de que las materias primas energéticas se comercializan casi exclusivamente en billetes verdes.

La clave está en qué itinerario seguirá la Reserva Federal en los próximos trimestres, aunque ayer dejó una vez más claro que no cederá en la batalla contra la inflación. Pero tiene que medir cada vez más sus decisiones, que se ajustarán a la disposición de los nuevos datos sobre la actividad, para evitar convertir su política agresiva y restrictiva en la causa directa de una recesión. El mercado, temeroso precisamente de esa posibilidad, calcula que bajará el ritmo en las siguientes reuniones, salvo que causas exógenas, como la guerra en Europa, mantengan viva la inflación.