Tutellus, contenidos educativos que se premian con tokens

La empresa, que comenzó como plataforma de videoformación, tiene dos millones de estudiantes

En 2017 incorporaron los cursos online en activos digitales, con desarrollo de proyectos y financiación

Uno de los alumnos de Tutellus. La compañía pasó de 500.000 estudiantes en 2015 a dos millones en 2022.
Uno de los alumnos de Tutellus. La compañía pasó de 500.000 estudiantes en 2015 a dos millones en 2022.

Si una cualidad define a Miguel Caballero y Javier Ortiz es la antelación. Cuando en 2013 lanzaron desde Madrid su plataforma de videoformación online Tutellus, fueron de los primeros en entender dos fenómenos: que la educación podía adoptar el concepto de economía colaborativa y que una startup podía crecer globalmente sin salirse del español.

“Pensando en Uber y en Airbnb, nos dimos cuenta de que había mucha creación y consumo de contenidos educativos en internet, solo que no se hacía en una plataforma diseñada para eso, y pensamos que había espacio para ponerle otra capa al clásico vídeo de YouTube, dándole más posibilidades de interacción y seguimiento, para que aprender fuera algo más sencillo, social y divertido”, recuerda Caballero.

En el mundo startupero se dice que si algo no funciona tienes que cambiar y pasar rápido a otra cosa, pero nosotros valoramos la resiliencia

Miguel Caballero, socio fundador de Tutellus

Igual que los propietarios de Airbnb son responsables del alojamiento, los profesores asociados con Tutellus se encargan de desarrollar los contenidos, subcontratando en la plataforma la difusión, el pago y las herramientas de interacción con los estudiantes a cambio de una comisión que varía entre el 15% y el 30% del precio del curso. Lo del español, dice, fue “resistir la tentación de muchas startups de irse al inglés” para poder crear una comunidad. “Somos más de 500 millones de personas en el mundo hispano”, dice.

Hoy la marca Tutellus está presente en 140 países, “porque hispanoparlantes hay por todo el mundo”, con un negocio que cerró 2021 “en 1,6 millones de euros de facturación y un ebitda de más de un millón”. El pronóstico para 2022, dice Caballero, es llegar a los tres millones de ventas y a un ebitda en torno a los dos millones.

Parte del equipo de Tutellus, que tras la pandemia no ha vuelto a trabajar en sus oficinas de Madrid.
Parte del equipo de Tutellus, que tras la pandemia no ha vuelto a trabajar en sus oficinas de Madrid.

Además de pasar de 500.000 estudiantes en 2015 a 2 millones en 2022, en los años que llevan en el mercado se han diversificado hacia negocios centrados en el mundo de las criptomonedas y el blockchain, donde además de formación (en total, el 50% de sus ingresos), desarrollan proyectos cripto (30%) y financian a los más prometedores (20%).

La diversificación comenzó en 2016, cuando Caballero empezó a pensar en una manera de cambiar las reglas del juego de su negocio usando la tokenización, una tecnología basada en el blockchain que permite, entre otras cosas, adquirir participaciones en un proyecto empresarial, en una casa o en casi cualquier activo imaginable. Esas participaciones, llamadas tokens, pueden a su vez venderse en internet a cambio de euros y dólares, entre otras monedas, o usarse directamente como medio de pago en las comunidades que las aceptan.

Acceder al talento

De izquierda a derecha, los fundadores de Nash21, Jesús Pérez, Miguel Caballero, Javier Ortiz, y Nicolás Barilari. En el centro, Gabriela Roberto, chief business officer.
De izquierda a derecha, los fundadores de Nash21, Jesús Pérez, Miguel Caballero, Javier Ortiz, y Nicolás Barilari. En el centro, Gabriela Roberto, chief business officer.

Capital para arrancar. Javier Ortiz, ingeniero informático, y Miguel Caballero, ingeniero industrial, comenzaron en 2013 con 100.000 euros propios y ampliaron capital en 2014 en una ronda que incorporó otros 900.000 dólares, con ellos manteniendo la mayoría del capital. “No hemos metido mucho más dinero porque hemos sido financieramente sostenibles desde hace tiempo”.

Invierno cripto. La actual crisis de la criptomonedas, con bitcóin perdiendo el 70% de su valor desde su máximo de 69.000 dólares en noviembre de 2021, no asusta a Caballero. “Está viniendo muy bien para poner en valor los tokens como el nuestro, con anclaje en la economía real”, dice. Dentro de diez años todo el mundo va a necesitar moverse en el entorno cripto y nosotros queremos ser la puerta de entrada.

Del año 2017 viene su segunda gran innovación: tokens de Tutellus (llamados TUT) con los que premiar a los alumnos que más participan aportando contenido a la plataforma mientras estudian en ella. “Yo te pago mientras aprendes. Sí, pero, a cambio, va a haber mucha más gente activa y contenta”, explica Caballero.

El mundo cripto no siempre fue un camino de rosas. “El bitcóin había empezado a 20.000 dólares el año que lanzamos el TUT, y terminó a poco más de 2.000. Mucha gente se reía, pero seguimos convencidos de que la tokenización era una disrupción que había llegado para quedarse, por lo que tras ese primer derrumbe de las criptomonedas hoy seguimos siendo un referente”, recuerda.

Esa experiencia dio a Caballero otra lección aparentemente contraria al mantra de Silicon Valley para las empresas startup: “En el mundo startupero se dice que si algo no funciona tienes que cambiar y pasar rápido a otra cosa, pero nosotros valoramos la resiliencia; fuimos precoces en adaptar la economía colaborativa a la educación y con la tokenización llegamos demasiado pronto, pero lo que hemos visto es que es como en el surf: si aguantas lo suficiente, es la manera de asegurarte la ola buena de la serie”.

Una tecnología que vuelve líquidos los contratos de alquiler

Miguel Caballero, CEO y fundador de Tutellus.
Miguel Caballero, CEO y fundador de Tutellus.

De los dos millones de usuarios que tiene la plataforma de formación Tutellus, 100.000 se han preparado en temas de criptomonedas y tokenización y 1.000 ya son parte de lo que, su CEO Miguel Caballero, llama en broma “la secta de los tutelianos” porque “han hecho bootcamps, máster y otros programas”, en los que reciben mucha formación en poco tiempo para convertirse en expertos. “Entre todas las empresas cripto que se han creado alrededor de Tutellus hemos generado unos 150 empleos, gente que en su mayoría había sido tuteliana primero”, dice.

Una de esas empresas es Nash21, especializada en tokenizar el dinero del alquiler de viviendas para dar más liquidez a los propietarios (arrendadores), entre otros servicios. En este caso, tokenizar es introducir un contrato de ejecución automática que envía el dinero percibido por el arrendamiento mensual al poseedor de los tokens.

El dueño inicial de esos tokens es, por supuesto, el arrendador. La ventaja que obtiene el propietario de la vivienda con la tokenización es que si necesita el dinero antes, puede vender todos o algunos de sus tokens a cualquiera interesado en adelantarle las cuotas futuras de alquiler (con un descuento por el adelanto) y que percibirá, a cambio, el ingreso periódico que corresponda a la proporción de tokens adquiridos.

La clave es la llamada “ejecución automática” del acuerdo, algo que la tecnología blockchain hace posible al impedir (de una manera descentralizada y barata) que ninguna de las partes modifique por su cuenta el contrato.

Otro de los proyectos es Reental, que tokeniza inmuebles como una forma de democratizar el acceso a la inversión en propiedades sin necesidad de comprar una casa entera. Tal vez el símil más sencillo sea el de la empresa que sale a Bolsa en busca de accionistas para sus acciones.

En Reental, no es una empresa sino una vivienda la que busca inversores, que en vez de acciones adquieren tokens. Según Caballero, los 25 empleados de Reental ya han tokenizado viviendas por un valor equivalente a seis millones de euros.

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