El mercado empieza a remunerar el ahorro, pero sigue lejos del óptimo

Los ahorradores tendrán que seguir intentando fórmulas de inversión con algún tipo de riesgo

El consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) ha decidido esta semana poner fin a los tipos de interés en el cero por ciento, a la gratuidad del dinero, y ha subido las tasas directoras para la zona euro al 0,5% en la que es la primera subida de los últimos 11 años. Las dos consecuencias lógicas más directas de esta subida, que tendrá continuidad en alzas adicionales de los tipos en los próximos meses a juzgar por los comentarios difundidos por los gestores de la política monetaria, son el encarecimiento del crédito y la remuneración del ahorro, tras media docena larga de años en los que la banca no pagaba por los depósitos de los particulares, o incluso cobraba si los saldos eran muy elevados, y en el que era más recomendable invertir que ahorrar. Con este movimiento del BCE los ahorradores más tradicionales, con más aversión al riesgo, encuentran nuevos motivos para obtener algún tipo de retorno a los 950.000 millones de euros que tienen en la banca. Pero tal retorno caminará con la misma lentitud que el alza de los tipos directores, y siempre con mucha menos velocidad. Y quien determinará si es una remuneración suficiente seguirá siendo una variable macroeconómica como es la inflación, cuya evolución es impredecible ya desde unas tasas muy elevadas, con un resultado de muy evidente pérdida de valor de los ahorros.

Las opciones para los particulares vuelven a ser los depósitos a plazo, las cuentas corrientes o la inversión en renta fija, preferentemente de emisores públicos. Pero en ninguno de los casos se abona una rentabilidad suficiente como para superar el recorte de valor que genera la inflación, al menos en las condiciones actuales. La mejor opción de la oferta sigue siendo la compra de bonos públicos, que ya en la zona euro pueden reportar retornos de más del 3%, como es el caso de las emisiones del Tesoro italiano, y cercana al 3% en el caso español. Pero acercarse a la neutralidad para evitar la pérdida de valor supone mantener los títulos hasta el vencimiento y cobrar cada año el cupón, que en algún momento puede llegar a acumular más valor que el contrarrestado por los precios. En todo caso, para explorar tal vía y mantener los bonos durante todo el periodo de vida, es conveniente esperar a emisiones en meses venideros, en los que los tipos serán más elevados, pues se moverán en paralelo a las subidas del BCE.

El resto de los productos solo disponen de ofertas agresivas iniciales que dejan de ser atractivas en unos meses, sin proporcionar en ningún caso rentabilidad real. Por ello, los ahorradores tendrán que seguir intentando fórmulas de inversión con algún tipo de riesgo si no quieren que la inflación, que puede haber entrado en un ciclo dilatado, se lleve por delante una buena parte del esfuerzo de ahorro de años.