Las remesas como motor económico y social

Organismos públicos, bancos y plataformas deben trabajar conjuntamente para intentar abaratar los costes de los envíos con tecnología e innovación

Pagar un café con tarjeta o ver en tu cuenta bancaria el sueldo de cada mes forma parte de nuestro día a día en España. Sin embargo, en muchos rincones del planeta, los ciudadanos no tienen cuenta bancaria y su relación con el dinero es exclusivamente con billetes y monedas.

En estos países, el envío de dinero de familiares es vital para el desarrollo y prosperidad de las familias. Un dato que refleja la magnitud de este fenómeno es que más de 280 millones de migrantes en países desarrollados envían parte del salario a sus seres queridos cada año. Estos envíos, conocidos como remesas, supusieron para los países en desarrollo más de 600.000 millones de dólares en ingresos el pasado 2021, un 75% del total. Una cifra que supera con creces a la de las ayudas otorgadas por organismos internacionales y gobiernos. Además, los fuertes vínculos con los países de Latinoamérica, así como nuestra posición geográfica de proximidad con el norte de África, convierten a España en el país con la mayor tasa de inmigración de Europa con un 12,9% de población extranjera.

En 2020, España había enviado más de 8.360 millones de euros en remesas a distintos países en vías de desarrollo, con especial peso en Latinoamérica (continente receptor de hasta el 44% de las remesas enviadas desde España), donde nuestro país es el emisor de hasta el 13% de las remesas totales recibidas en Ecuador; el 9,4% de las percibidas por Colombia; o el 6.5% del total enviado a República Dominicana, según datos del Banco de España. Del mismo modo, países como Marruecos o Pakistán han experimentado repuntes de recepción de dinero desde España, con un crecimiento del 33% y el 18% respectivamente en 2020.

Por otro lado, España suele ser uno de los principales países emisores de remesas a zonas en las que se está desarrollando algún conflicto bélico. En 2015 la cantidad que llegó a Ucrania procedente de sus nacionales instalados en España fue de 54 millones de euros. Dicha cantidad fue superada casi de forma ininterrumpida durante los años siguientes: 58 millones en 2016, 67 millones en 2017, 77 millones en 2018, 76 millones en 2019 y 85 millones en 2020. Estas cifras suponen un aumento del 57% en tan solo cinco años.

Tal es la relevancia de las remesas en estos países, que incluso llegan a representar, de media, el 10% de su PIB. Ese peso tan significativo en la economía de distintos países y familias fue la razón que motivó que, durante la pandemia, los servicios de remesa fueron declarados un servicio esencial.

A pesar de los pronósticos de los analistas, las remesas aumentaron casi un 1% en 2020, y repuntaron más de un 8% en países de bajos y medianos ingresos en 2021. Es fundamental entender que los migrantes que envían este dinero, trabajan arduamente no solo para satisfacer sus necesidades, sino también para seguir contribuyendo con las necesidades básicas de sus seres queridos en su país de origen, como lo son la educación, y la atención médica.

Pero no solo la pandemia ha hecho que aumente el envío de remesas. Los dos últimos años han traído consigo importantes crisis migratorias que incluyen el desplazamiento de millones de personas debido a distintos conflictos armados como por ejemplo el de Rusia y Ucrania, situación que ha obligado a más de seis millones de ucranianos a migrar de su país.

Aún no tenemos datos de este año, pero solo en 2021, según el Banco Nacional de Ucrania, los flujos de remesas a Ucrania ascendieron a más de 19.000 millones de dólares, lo que supone un aumento del 28% con respecto al ejercicio anterior. Esta cifra representa alrededor del 12% del PIB del país y es casi tres veces superior a la inversión extranjera directa.

Siendo un servicio tan importante para los países en desarrollo o conflicto, debemos tener en cuenta un factor clave en torno a ellas: el coste de envío. A nivel global, la emisión de remesas supone un gasto de más del 6% de la cantidad total enviada; y el Banco Mundial estima que reducir el precio del envío de remesas en al menos 5 puntos porcentuales podría ahorrar hasta 16.000 millones de dólares al año.

Es indispensable que, desde los organismos públicos, las entidades bancarias y las plataformas que ofrecemos estos servicios trabajemos conjuntamente para abaratar esos costes y la mejor manera de hacerlo es con tecnología e innovación.

Una de las vías para reducir costes son las soluciones móviles que permiten enviar dinero hasta a los rincones más remotos del planeta. Gracias a estos avances, las personas pueden acceder a herramientas y servicios que les permiten desarrollarse; protegerse de las crisis económicas; y salir, poco a poco, de la pobreza. De igual forma, la tecnología permite que todas estas operaciones, tanto físicas, hibridas como 100% móviles sean mucho más seguras y el número de fraudes disminuya.

La innovación es de por sí un factor clave en el desarrollo de nuestra sociedad, pero con algunos casos, como el de las remesas, cobra más sentido que nunca. Tanto las plataformas que facilitamos las transferencias de dinero, como las instituciones tenemos que trabajar de la mano para conseguir que esos envíos sean lo más seguros, accesibles y rápidos posible. Al fin y al cabo, el envío de dinero no tiene otro objetivo que el de ayudar a seres queridos que se encuentran a miles de kilómetros a progresar y tener un mejor futuro.

José Cabral es Managing Director para Europa de Ria