Carteras de inversión para aguantar el invierno recesivo

Las Bolsas de todo el mundo llevan un primer semestre de 2022 bajista, porque todos los ele,entos que puede aportar una tormenta perfecta han aparecido en estos meses, con el efecto multiplicador de una guerra que no deja de alargarse y que cambia el escenario geopolítico de tal forma que condiciona el comportamiento de la economía para los próximos años. Habrá irremediablemente una quiebra de la globalización, una merma de los intercambios comerciales, una subida inevitable de las tasas de inflación y una elevación de los costes de financiación para las empresas y para las familias. En definitiva, una revisión importante de los paradigmas de la economía asentados en los últimos lustros, que necesariamente afectarán a la inversión.

Con este escenario, la mención a una inminente recesión en las grandes economías es cada vez más intensa por el impacto que las tasas desorbitadas de inflación tienen en la demanda y el que tendrá el endurecimiento de las condiciones monetarias. Si hace unos meses se consideraba la posibilidad de una estanflación (estancamiento de las economías con elevadas inflaciones), ahora se baraja sin rubor la posibilidad de una recesión que podría incluso empezar este mismo año y prolongarse en el inicio de 2023. La duda solo alcanza a determinar dónde comenzará antes y cuál será su duración, y para tales circunstancias han empezado a prepararse los operadores de los mercados financieros. Si las criptodivisas han encajado ya un severo batacazo, los mercados de deuda han reaccionado ya en las mesas del secundario, y las acciones han empezado a corregir sus precios, especialmente en los valores más sensibles a los ciclos de actividad.

Las preguntas más comunes de los inversores en estos casos es saber cuál es el punto de giro de los índices que ya están en clara tendencia bajista, qué valores retener para aguantar el chaparrón de la crisis, y cuáles elegir para aprovechar las ganancias cuando se supere la recesión. Como lo primero es antes, las recomendaciones ahora se concentran en defender el valor patrimonial de las carteras rotando hacia los valores más defensivos, de grandes empresas líderes en sus sectores y con reconocibles dividendos. Aparecen así en los porfolios de los grandes fondos los valores cíclicos, la tecnología, las compañías energéticas, las dedicadas a la industria de la defensa, y aquellas que por la naturaleza de su negocio son de demanda creciente, como las alimentarias o las farmacéuticas. En todo caso, los inversores deben conocer que los niveles de riesgo son ahora superiores a lo normal, y que incluso posiciones de liquidez pueden ser convenientes, aunque erosione la inflación su poder de compra.