Contra la crisis, más transición energética

Para tener éxito hay que disponer de un marco normativo y estratégico adecuado

Teresa Ribera, vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra rn para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
Teresa Ribera, vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Hay quien se pregunta cómo afecta la crisis energética al futuro de las renovables. Incluso hay quien teme que, ante la incertidumbre del momento actual, pueda darse un paso atrás en el proceso hacia la descarbonización de la economía mundial. Son preguntas legítimas que surgen en torno al impacto de la pandemia y la guerra en Ucrania por el coste de la energía.

A las tensiones en la cadena global de suministros se añade la volatilidad del precio del gas, la reducción en las exportaciones rusas durante 2021, el efecto de las sanciones internacionales, los cortes en los suministros de gas y el freno de las importaciones energéticas del país, que están afectando a nuestras economías.

Los países más amenazados por los cortes de suministro de gas están recuperando el carbón de manera coyuntural. Tienen pocas alternativas en el corto plazo que requieren más flexibilidad y medidas transitorias que les permitan salvar este momento.

Y, sin embargo, todos ellos han dejado claro, de forma individual y colectiva, como en el caso de los Estados miembros de la UE, que hay un compromiso común y que sus objetivos de descarbonización y transformación del sistema energético se mantienen, al igual que sus pilares básicos: invertir en más eficiencia, electrificación y renovables, con mayor interconexión y redes inteligentes capaces de maximizar el uso de las infraestructuras.

Estamos bien posicionados, con excelentes recursos en solar y eólico y un potente tejido industrial

Afortunadamente, España cuenta con proveedores diversificados, infraestructuras adecuadas y una industria orientada ya al cambio de modelo energético. La salida más segura para combatir la volatilidad y la dependencia, la más barata y eficiente, y la que más innovación y empleo genera, tiene entre sus prioridades el acelerar el despliegue renovable. Es también la apuesta europea que orienta sus prioridades en la misma dirección.

Debemos multiplicar esfuerzos en eficiencia, generar y consolidar cadenas de valor industrial e inversiones, facilitando el despliegue de soluciones existentes y el desarrollo anticipado de las que empiezan a despuntar. Estamos bien posicionados. Disponemos de excelentes recursos en solar y eólico. Y tenemos un potente tejido industrial alrededor de la energía limpia que ha alcanzado talla internacional.

Para tener éxito hay que disponer de un marco normativo y estratégico adecuado. Nosotros contamos con ambiciosos objetivos a 2030, que incluyen cubrir un 74% de la demanda eléctrica con renovables. Precisamente ahora estamos introduciendo medidas para incrementar esa ambición y acelerar su concreción, ante la urgencia de reducir la dependencia europea de los suministros rusos.

Mención aparte merecen los gases de origen renovable, como el biogás, el biometano o el hidrógeno verde, que están llamados a desempeñar también un papel importante. España tiene el objetivo de alcanzar el 10% de toda la capacidad de producción de hidrógeno prevista por la UE en 2030 y los análisis indican que nos convertiremos en exportadores; la UE ya plantea un Corredor Ibérico del Hidrógeno como pieza relevante en el abastecimiento europeo.

Por otro lado, para acompañar a la iniciativa privada en la canalización masiva de recursos hacia las renovables, el ahorro y la eficiencia, la movilidad sostenible y el resto de las áreas que estamos transformando, contamos con los importantes fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, cuyo principal destino, casi el 40%, es la transición ecológica y energética. No es casualidad que sus principales líneas de financiación se destinen precisamente a esos ámbitos.

España se sitúa en las primeras posiciones de países con más atractivo para invertir en renovables. Quedan desafíos, como las redes inteligentes y el almacenamiento, las cualificaciones profesionales, la innovación para mejora de rendimientos y nuevos materiales, y la correcta integración en los entornos locales y en el territorio. El plan de recuperación y otras actuaciones políticas pretenden responder a estos retos, que no son sencillos.

Hay que ser flexibles, buscar soluciones y las mejores alternativas para acompañar a las personas; ayudar con planteamientos sociales y redistributivos. Estamos atravesando una coyuntura compleja y debemos dotarnos de mecanismos que permitan superar los problemas. Y, ante la incertidumbre, garantizar que todos los ciudadanos se beneficien cuanto antes de la transformación.

Teresa Ribera es vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

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