La Fed, en una cruzada contra la inflación que acabará en recesión

Se entiende que Powell no admita el frenazo, pero podría haber rebajado más las previsiones de crecimiento y no parecería que nos toman el pelo

La comparecencia de la semana pasada de Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, trajo muchas sorpresas. Si en la reunión de marzo de este año contaban con tener que subir los tipos de interés hasta el 1,9%, ahora hablan ya de un 3,4%. El cambio es significativo: un punto y medio porcentual más en tan solo tres meses. Sin embargo, a diferencia de otras veces, Powell fue transparente a la hora de explicar la agresividad de la Fed, la impotencia a la hora de influir en los problemas estructurales de la oferta de bienes y servicios, y la incertidumbre respecto al futuro en el corto plazo. Habló de que siguen esperando que la inflación remita en la segunda parte de este año, y de forma rápida, pero reconoció que también esperaban eso mismo a principios de año y que la guerra en Ucrania y el Covid en China habían desbaratado sus pronósticos.

Su comparecencia se puede resumir fácilmente: los tipos de interés este año acabarán entre el 3% y el 4%, con una mayoría de los consejeros apostando por el 3,4%. En 2023 seguirán subiendo los tipos hasta alcanzar el 3,8%. A partir de ahí ven bajadas en el coste del dinero hasta volver al punto de equilibrio de largo plazo en el entorno del 2-2,5%. Respecto a la inflación, subieron sus expectativas desde el 4,3% de su anterior reunión, al 5,2% para este año. Y no esperan que la inflación general vuelva a caer por debajo del 2% antes de 2025.

En mi opinión, el punto más criticable de su exposición fue la previsión de crecimiento de la economía estadounidense. Rebajó su pronóstico desde el 2,8% hasta el 1,7% para este año. Sin embargo, mantuvo el mismo crecimiento, 1,7%, para 2023, y recuperaciones al 1,9% para 2024. Resulta sorprendente que nos intenten convencer de que subir hasta el 3,4% los tipos en tan solo un año, la subida más fuerte de las últimas décadas, no vaya a hacer mella en el crecimiento del año próximo, máxime cuando en 2023 pretende seguir subiendo las tasas todavía un poco más.

Añadáse a eso la retirada de balance de bonos a un ritmo de 95.000 millones de dólares al mes a partir de septiembre de este año, y el coctel es explosivo. Basta con mirar lo que pronostica el modelo estadístico de la propia Reserva Federal de Atlanta para el segundo trimestre de este año, un crecimiento del 0%, y recordar que en el primer trimestre el dato fue -1,4%, para que resulte obvio que algo no encaja.

Por si fuera poco, la curva de tipos desde el tres años al diez años ya se ha invertido, algo que suele pronosticar con bastante fiabilidad una recesión a la vista. El consumidor estadounidense ha gastado todo su ahorro, históricamente alto tras los programas de estímulo fiscal sin precedentes de 2020 y 2021, y ahora, para mantener su pauta de consumo, está tirando de crédito en las tarjetas, que ya han alcanzado niveles récord de la última década.

Con el coste de financiación subiendo al ritmo que lo hace, es cuestión de tiempo que el consumidor claudique y sobrevenga una desaceleración económica severa. Entiendo que un banco central no quiera decir que hay una alta probabilidad de recesión económica, porque casi el mero hecho de reconocerlo conlleva que se produzca, pero podrían haber bajado al menos sus pronósticos sobre el PIB para 2023 y no hubiese parecido que nos tomaban el pelo.

Al menos pudimos escuchar una explicación razonable al porqué de la decisión de subir un 0,75% los tipos de interés, algo que no habíamos vuelto a ver desde el año 1994. Powell dijo que lo que había llevado a la Fed a ser tan agresiva, y sorprender al mercado, fue que las expectativas de inflación a largo plazo habían subido del 3% al 3,3%. Remarcó que la Fed estaba muy pendiente de esas expectativas, porque si se anclaban en el largo plazo, el proceso inflacionista se enquistaría, provocando fuertes presiones salariales, y en ese caso sería mucho más difícil revertir la inflación al 2%. En la rueda de prensa, los periodistas insistieron en conocer qué iba a pasar en la próxima reunión de julio, y, de nuevo, Powell fue transparente: si los datos de inflación continuaban empeorando, volverían a subir 0,75 puntos, y si los datos mejoraban, solo subirían un 0,50%.

La primera reacción en los mercados no fue mala, aunque no podemos olvidar que venían de caer casi un 9% en los cuatro días previos. Sin embargo, todavía faltaba por ver otra caída de un 4% adicional durante las siguientes 72 horas antes de estabilizarse en un suelo que todavía hoy aguanta.

Al margen de los rebotes, que seguro que los habrá, e incluso pueden ser significativos, no nos debemos engañar, porque el mensaje de Powell fue muy duro, deja poca esperanza para los próximos meses, y los mercados tendrán que asimilar que no hay ninguna red de seguridad por parte de la Fed tal y como ha ocurrido desde el año 2009.

En mi opinión, esta travesía por el desierto solo acaba de empezar, y vamos a tener que aprender a lidiar con el cambio de dirección de una economía acostumbrada a grandes excesos monetarios y fiscales, y a unos mercados donde la complacencia y la ausencia de percepción de riesgo eran los pilares en los que se sustentaban revalorizaciones difícilmente justificables.

Pablo Gil es estratega de Mercados de XTB