El Guggenheim revoluciona Bilbao

Cumple 25 años y ha sido dinamizador económico de la ciudad, con una aportación al PIB vasco de 172,2 millones de euros

Desde su apertura ha recibido a 23,7 millones de visitantes y contribuye al mantenimiento de 3.671 empleos

Vista del Museo Guggenheim, obra de Frank Gehry.
Vista del Museo Guggenheim, obra de Frank Gehry.

Cuando Frank Gehry (Toronto, 1929) llegó a Bilbao en 1992 a presentar la maqueta del proyecto, con lápiz con cámara incluida, del Museo Guggenheim a las autoridades vascas, en la puerta del edificio de la Bolsa esperaba un grupo de manifestantes con pancartas de queja: “Menos cultura y más empleo”. Lo recuerda Roberto San Salvador, catedrático en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas y director de la cátedra Cities Lab de la Universidad de Deusto: “Fueron momentos complicados porque no se entendía que la industria creativa fuera a generar el empleo de un sector que se agotaba, como era el industrial”.

Recuerda una ciudad de grises, que en pocos años se inundó del brillo plateado del titanio y de color –el característico añil de las oficinas del museo–. Pero el Guggenheim, advierte, no se entiende como un proyecto aislado, sino dentro de un contexto y de un plan de ciudad. “Lo que ha logrado es extraordinario, ya que un museo de arte contemporáneo es capaz de abrir un diálogo con la ciudad, además de una dimensión económica fascinante, ya que crea empleo directo y ayuda a expandir otro sector, como es el turismo, que iba tocado por el terrorismo”. El edificio de Gehry, empeñado en que no estuviera en la Alhóndiga, sino a pie de la ría, ha convertido a Abandoibarra, considerado periferia entonces, en el centro neurálgico de la ciudad. “Y lo volverá a hacer cuando se prolongue y desarrolle sus nuevos proyectos”.

Para analizar el llamado efecto Guggenheim, el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, recuerda la tasa de desempleo del 27% que sufría la ciudad a principios de los años noventa, y alaba la visión del entonces lehendakari José Antonio Ardanza, “que, en contra de todo el mundo, quiso hacer el gran cambio de la ciudad con un proyecto disruptivo”. Y asegura que pocas veces 130 millones de euros, financiados por las arcas públicas vascas, fueron tan bien invertidos. “Porque se han convertido en 500 millones de euros de aportación anual al PIB de la ciudad, además de la creación de 6.000 empleos, y de haber sido el gran impulsor de la transformación urbana, de desarrollo económico y cultural de la ciudad”.

Orgulloso de los logros conseguidos en este cuarto de siglo se pronuncia Juan Ignacio Vidarte, director general del Museo Guggenheim, involucrado desde hace 31 años en esta obra, ya que formó parte del consorcio inicial del proyecto. “Ha sido un elemento catalizador en un momento de transición de la ciudad, además de aportar una propuesta cultural internacional, había en marcha un desarrollo urbanístico de desarrollo de Bilbao”.

A pesar del escepticismo generado inicialmente, “debido a que fue una idea disruptiva”, cree que los objetivos marcados inicialmente se han cumplido ampliamente, debido, entre otras razones, a que el Guggenheim es mucho más que un icono arquitectónico. “En términos cuantitativos han sido superiores y el impacto económico ha sido importante, ya que, además de los 500 millones de euros que aporta al PIB, recibe un millón de visitas de media al año, de las cuales dos tercios proceden de fuera del País Vasco”, añade Vidarte, que el próximo mes de octubre celebrará el primer cuarto de siglo, con el lema El arte inspira futuro, de un museo cuyo caso se estudia en universidades como Harvard o Bocconi.

El futuro pasa por seguir reinventándose, “manteniendo los parámetros de funcionamiento que hasta ahora ha tenido, ya que el 70% de los recursos los genera el propio museo, su orientación internacional, además del funcionamiento en red con otros museos, como el Guggenheim de Nueva York, y de seguir desarrollando una programación atractiva”. La previsión económica para este año se acerca a los 28 millones de euros, de los cuales el 75% procede de las entradas y de la gestión del museo, el resto lo aporta el Gobierno vasco.

Cerca del Guggenheim, a 400 metros, se encuentra el Museo de Bellas Artes de Bilbao, en proceso de acometer una importante ampliación firmada por los arquitectos Norman Foster y Luis María Uriarte, y que finalizará en el verano de 2024. Lo dirige Miguel Zugaza, quien afirma que la apuesta de Bilbao en los años noventa por el arte y la cultura como elementos tractores fue realmente innovadora. “Ninguna ciudad de la dimensión y pasado industrial como los de Bilbao lo había intentado. De este modo, fue la primera gran alternativa al museo tradicional en la era de la globalización”.

Y añade Zugaza, a la vez que reconoce la labor de Vidarte al frente de la institución, reconocida como uno de los referentes del arte contemporáneo mundial, que ahora, y gracias al reconocido éxito internacional de la operación, ha servido de ejemplo para otras apuestas, como la del Museo del Louvre, que ha abierto una sede en los Emiratos”. En su opinión, la clave estuvo en la valentía de los políticos, “que creyeron en un visionario como Thomas Krens [exdirector y asesor principal de asuntos internacionales de la Fundación Solomon R. Guggenheim], y acertaron de pleno en la elección del lugar y el arquitecto, y con la eficacia de los vascos, se hizo en plazo y en presupuesto”.


Arquitectura vanguardista

Testigo del cambio vivido en la urbe es Iñaki Etxeguren, que año y medio antes de la apertura del Guggenheim entró a trabajar en el Hotel Ercilla, uno de los emblemas hoteleros de la ciudad, con medio siglo de vida: “Nos ha colocado en el mapa internacional, y eso se nota en la calidad y en los proyectos que se han desarrollado posteriormente”. Y cita el ejemplo al Palacio de Euskalduna, al aeropuerto de Bilbao, que sirve de conexión con todo el País Vasco, o la firma de arquitectos internacionales en algunas obras de vanguardia, como Cesar Pelli, autor de la torre de Iberdrola, las torres del japonés Arata Isozaki, las entradas del metro de la ciudad, obra de Norman Foster, la biblioteca de la Universidad de Deusto, de Rafael Moneo, o el puente Zubizuri, de Santiago Calatrava. “Ahora hay que seguir trabajando para los próximos 25 años, para tener un turismo de calidad, que eso no significa tener más camas, sino ofrecer servicios, cultura, gastronomía y un estilo de vida del norte”, señala el director del Ercilla. Con sus datos refleja el cambio: ha dejado de ser un hotel independiente para pasar a formar parte desde 2019 de la cadena Autograph Collection Marriott. “Antes, el 80% de nuestras reservas eran de viajes corporativos, y ahora el 30% son de empresas y el 70% de clientes internacionales. Hemos sido testigos del cambio de la ciudad”.

A la Gran Vía acaba de llegar el grupo hotelero Radisson. “En nuestro plan estratégico de crecimiento identificamos Bilbao como una ciudad europea con gran potencial al no disponer de una tipología de hotel similar a los que nosotros creamos con Radisson Collection. Es una ciudad a la vanguardia mundial en diseño, arquitectura, gastronomía y sostenibilidad preservando la cultura local”, explica Chema Basterrechea, presidente para EMEA de Radisson Hotel Group, que valora la gran aportación del museo en estos 25 años, “un hito que conmemora lo que, absolutamente, supuso un antes y un después para esta ciudad”.

La cadena hotelera cuenta para su proyecto gastronómico con el chef Eneko Atxa, que ha abierto el restaurante NKO, que se suma al triestrellado Azurmendi, en Larrabetzu, a las afueras de Bilbao. “Tengo en la memoria, cuando era un chaval y mi madre me llevaba al médico a la ciudad, que todo era gris, era cómo si viviéramos en un día nublado siempre, y recuerdo cuando empezaron las obras de lo que es ahora un lugar de ensueño”, explica Atxa, que cree que el Guggenheim es motivo de orgullo para el bilbaíno, “y la primera piedra de una gran obra, de una gran ciudad, que ha apostado por la cultura”.

Porque lo que pretende Bilbao es ser la capital cultural del eje atlántico. “La cultura es transformadora, te hace más libre, y es motor económico”, recuerda Aburto, que lanza a los cuatro vientos que “Bilbao es pequeña, tiene 42 kilómetros cuadrados, pero es grande en ambiciones”. Con tres iconos: el Guggenheim, el Athletic y la ría.

El museo, en cifras

El Museo Guggenheim, según un informe elaborado por la propia pinacoteca, en función a los resultados de 2021, el impacto económico que su funcionamiento genera en el entorno son los siguientes: el total de la demanda generada por su actividad en Euskadi ha sido de 195,9 millones de euros. Su aportación al PIB ha sido de 172,3 millones de euros. Estas cifras, según la citada fuente, han generado unos ingresos adicionales para la Hacienda vasca de 26,6 millones de euros. Y la actividad del museo ha contribuido al mantenimiento de 3.671 empleos.

Por el museo, desde su apertura el 19 de octubre de 1997, han pasado más de 23,7 millones de visitantes, de los cuales el 14,24% eran procedentes del País Vasco, el 24, de otras comunidades autónomas, y el 62,36%, extranjeros.
De estos, el 17,27% eran franceses, el 7%, británicos, el 6,11%, alemanes, y el 5,85%, norteamericanos.

A lo largo de su historia, el museo ha organizado 131 exposiciones temporales –entre ellas, y hasta el 19 de septiembre, tiene en cartel la muestra de Norman Foster Motion Autos Art Architecture–, 71 presentaciones de la colección permanente. La colección propia la componen 143 obras de 79 artistas, siendo el Puppy, el famoso perro florido, de Jeff Koons, que recibe a los visitantes en la puerta, todo un icono de la ciudad.

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