La auditoría no puede seguir siendo una profesión de paso

Cada vez se dedican mayores esfuerzos a la mejora tecnológica de las firmas, pero muy pocos a una necesaria transformación cultural

Frente al entorno laboral convulso que sufre la profesión de auditoría, por la elevada rotación de personal con experiencia y el deterioro de la imagen ofrecida, veo más importante que nunca poner en valor unos pensamientos que llevo tiempo compartiendo con mis compañeros y que en la actualidad merecen especial atención.

La auditoría de cuentas, como cualquier otro servicio profesional, tiene como principal factor productivo a las personas. Últimamente, en los foros y conferencias oigo hablar mucho de transformación digital en el mundo de la auditoría y cada vez más observo cómo se dedican los mayores esfuerzos a la mejora tecnológica de las firmas y pequeños despachos; sin embargo, poco escucho hablar de transformación cultural. Silencio acerca de una realidad que desde siempre ha sido un tema tabú. Arrastramos una cultura de trabajo intensivo en horas, con altos niveles de exigencia en periodos concretos de tiempo, donde se sugiere que todo vale para cumplir con los objetivos establecidos, sin haberse parado nadie a pensar qué impacto a medio/largo plazo podía tener esta cultura sobre nuestra principal herramienta de trabajo, que, como he dicho antes, somos las personas.

Antes de empezar mi andadura en auditoría, hace ya 11 años, hablando con compañeros que estaban en la profesión, me advertían del sacrificio que me iba a suponer el mundo de la auditoría y me ponían en antecedentes de lo que supuestamente me podía encontrar. Esta situación de partida, que la gran mayoría hemos vivido, ya evidenciaba que algo no se estaba haciendo bien y el tiempo, aunque cierto es que hemos avanzado bastante sobre todo en los últimos años, no ha hecho más que poner de manifiesto las lagunas de un sector que no está respondiendo rápidamente a los cambios que exige un mercado profesional con tanto talento. Cambios que la pandemia ha acelerado.

Asimismo, estamos viendo que la escala de valores de las nuevas generaciones que se sumergen en el mundo laboral ha cambiado y están dando mayor relevancia y prioridad a ciertas condiciones laborales muy distintas a las que existían con anterioridad. Creo que son pocos los intentos que ahora se realizan desde corporaciones, entidades educativas y resto de agentes del sector, para acabar con los más que conocidos mitos de la auditoría.

Yo siempre he creído relevante y he puesto por delante determinados valores que, desde mi punto de vista, son clave para el óptimo funcionamiento de un equipo humano: fomento de un buen ambiente de trabajo, cooperación, respeto. Desde mis inicios, considerando mis posibilidades, he tratado de encaminar mis acciones a la trasmisión e implantación de dichos valores. Siempre he estado convencido de que un ambiente acogedor, que tiene en cuenta las inquietudes de los profesionales, es una máxima de gestión imprescindible y por lo tanto es lo que venimos aplicando desde hace años. Aunque no siempre lo he conseguido.

Los profesionales somos el principal activo de una firma de servicios profesionales compuesta por talento puro y duro por lo que continuamente perseguimos potenciarlos para resolver los problemas de nuestros clientes y los suyos propios. En este sentido, he tenido la oportunidad y libertad para desarrollar cuantas acciones fueran necesarias para mejorar y transformar mi entorno profesional con el objetivo de hacerlo un lugar trabajo atractivo, competitivo y de futuro. Y todo ello lo realizamos con esfuerzo y constancia, actitudes que deben primar, por supuesto, pero dentro de unos límites razonables que favorezcan la conciliación entre trabajo y vida personal. Codiciado objetivo que también copa los debates actuales y que en una profesión como la nuestra requiere de medidas firmes para poderlo cumplir. Porque trabajar duro no significa hacer un número mayor de horas, sino aprovechar mejor el tiempo dedicado con el fin de ser más eficientes y, son factores determinantes para mejorar la productividad, entre otros, los valores que anteriormente he enumerado.

La preocupación, por los mensajes que recibo, las informaciones que leo y las situaciones que veo, me han incentivado a hacer esta reflexión en voz alta y reafirmarme en mis creencias e insistir en que el crecimiento y avance del sector de la auditoría pasa primero por reforzar los cimientos culturales que lo sostienen. La auditoría no puede seguir siendo una profesión de paso.

Oscar Castelló Poy es Gerente de Grant Thornton